SOCIEDAD › ADVERTENCIA POR UNA INICIATIVA EN TORNO DEL CANCER DE CUELLO DE UTERO

Vacuna, campaña y polémica

Lalcec encaró una publicidad gráfica y televisiva para promover la vacuna contra el papiloma humano. Desde el Ministerio de Salud señalan que la prevención debe centrarse en el Papanicolaou y la colposcopía. La campaña está financiada por los laboratorios.

 Por Pedro Lipcovich

Una campaña publicitaria firmada por Lalcec –pero financiada por una empresa farmacéutica–, referida al cáncer de cuello de útero, exhorta a las mujeres a usar una vacuna y no menciona el test de Papanicolaou como recurso preventivo. La vacuna –tres dosis que cuestan más de 900 pesos cada una– es elaborada por la misma empresa que financia la campaña. El Ministerio de Salud de la Nación salió a advertir que la vacuna sólo protege contra menos del 70 por ciento de los virus que pueden provocar esa enfermedad, por lo cual no exime de la aplicación periódica del test de Papanicolaou: este último, sumado a la colposcopía, se acerca al ciento por ciento de seguridad para prevenir esa enfermedad, sin necesidad de vacunarse. Justamente en los próximos días, un equipo de agentes de salud, en camionetas y aun a caballo, se internará en los montes del noroeste argentino para llevar al test de Papanicolaou a las mujeres de esa región, donde la mortalidad por tal causa cuadruplica la de la Capital Federal. Un profesor de la UBA celebró que “por primera vez, el Ministerio de Salud de la Nación se ocupa seriamente del tema”.

En los carteles callejeros, firmados por la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (Lalcec), la modelo Araceli González, junto a su hija Florencia, posa junto a un texto donde la única palabra destacada en color es “Vacunate”, y que además dice: “Seis mujeres mueren por día en Argentina por cáncer de cuello de útero. Consultá a tu médico. Controlate”. El spot televisivo se refiere sólo a la vacuna, sin ninguna alusión al testeo periódico.

“El Ministerio de Salud advierte que la vacuna sola no alcanza”, se titula el comunicado que dio a conocer esa cartera: “La mejor manera de prevenir el cáncer de cuello de útero es el test de Papanicolaou, que detecta alteraciones en las células y permite tratarlas antes de que evolucionen hacia un cáncer”. Silvina Arrosi –coordinadora del Programa Nacional de Prevención del Cáncer Cervicouterino del Ministerio de Salud de la Nación– precisó que “las vacunas existentes sólo protegen contra los tipos 16 y 18 del virus del papiloma humano (HPV), pero no contra otros subtipos que producen entre el 30 y el 40 por ciento de estos tumores”.

Silvio Tatti –profesor de ginecología de la UBA y jefe de patología de tracto genital inferior del Hospital de Clínicas– destacó “que una mujer que se prevenga mediante el test de Papanicolaou y la colposcopía no tendrá nunca cáncer de cuello de útero”. Esa seguridad se obtiene mediante “la aplicación anual de un test de Papanicolaou acompañado de colposcopía; es preferible sumar las dos pruebas, ya que el Papanicolaou tiene cierto margen de error. El testeo debería hacerse a partir del inicio de las relaciones sexuales y durante toda la vida, ya que muchos cánceres cervicales se dan luego de la menopausia”, señaló.

En los próximos días, en Jujuy, se lanzará “una experiencia piloto del Programa de Prevención de Cáncer Cervicouterino: iremos en camioneta, caminando o incluso a caballo, a testear a las mujeres que viven en áreas remotas –anticipó Arrosi–. Muchas mujeres de 40 o 50 años, que ya no se embarazan, tienen poco contacto con los servicios de salud: la clave está en ir a buscarlas, en fortalecer los servicios de laboratorio para que las muestras obtenidas realmente se testeen, y en disponer agentes de salud para contactar a las mujeres que hayan dado positivo. Por no haberlo hecho así, fracasaron intentos anteriores”.

Para Tatti, “la actual gestión del Ministerio de Salud nacional es quizá la primera que encara seriamente un programa nacional de screening del cáncer cervical, y está bien que empiece en las provincias del norte, donde hay más incidencia”.

Las provincias más afectadas son Jujuy, Formosa, Chaco, Misiones y Salta, porque –señaló Arrosi– “la cobertura del Papanicolaou es baja, especialmente en mujeres socialmente vulnerables. En Jujuy, la mortalidad por cáncer de cuello uterino llega a 15 mujeres por cada cien mil: casi cuatro veces más que en la ciudad de Buenos Aires, donde es de cuatro por cien mil. Y las tasas son todavía más altas en las regiones más apartadas de esas provincias”.

En cuanto a las vacunas, hay en el mercado dos marcas: Gardasil, cuadrivalente, de Merck & Co; y Cervarix, bivalente, de Glaxo Smith Kline. “Ambas protegen de los subtipos 16 y 18 del HPV –aclaró Tatti–. La cuadrivalente tiene una eficacia clínica de hasta el 70 por ciento contra el cáncer cervical y, además, protege de verrugas genitales (no cancerosas); la bivalente tiene una eficacia de hasta el 75 por ciento contra cáncer cervical y no protege de verrugas. Según consenso internacional, la edad preferible de vacunación es entre 11 y 14 años; la cuadrivalente está aprobada para mujeres de hasta 25 años, y la bivalente para mujeres de hasta 45.”

El precio al público de la vacuna Gardasil es 926 pesos para cada una de las tres dosis requeridas; Cervarix cuesta 400 pesos cada una de las tres dosis. Como la vacuna se aplica sólo desde 2006, todavía no se sabe cada cuántos años serían necesarias dosis de refuerzo. “En términos de prioridades sanitarias, sería totalmente inoportuno que el Estado incorporara esta vacuna al calendario oficial”, advirtió Tatti.

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Araceli González y su hija posan junto a un texto donde la única palabra destacada es “Vacunate”.
Imagen: Sandra Cartasso
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