SOCIEDAD › QUINCE MESES DESPUéS DEL ASESINATO DE ROSSANA GALLIANO FUERON DETENIDOS POR EL CRIMEN EL EX MARIDO Y SU MADRE

La violencia de género que ahora tiene responsables

El caso ocurrió el 16 de enero de 2008 en Exaltación de la Cruz. José Arce estaba sospechado desde el principio. Está acusado de contratar un sicario pagado por su madre.

 Por Raúl Kollmann

Un testigo clave aportó la evidencia decisiva para que la Justicia detuviera a José Arce por el asesinato de su ex esposa Rossana Galliano. El testigo les entregó a los investigadores policiales una vaina y una ojiva de un proyectil de los varios usados por los hermanos Leguizamón en una especie de práctica de tiro que hicieron cerca de su domicilio. La marca ya fue un primer impacto: Speed Bullet, justito la del proyectil que se usó en el homicidio. Las pruebas balísticas demostraron después que, por las estrías y demás elementos, el proyectil y la vaina salieron de la misma pistola calibre 45 con la que mataron a Rossana. Eso ya vinculó a los hermanos Leguizamón con el crimen. Pero después apareció un segundo testimonio decisivo, de la pareja de uno de los Leguizamón: admitió que la madre de Arce, Elsa Aguilar, le pagó por matar a Rossana. Algunas fuentes señalaron a Página/12 que alcanzó los 20.000 dólares; otras, que el pago fue de 10.000. En todo caso no fue una cifra chica, porque otra de las pruebas de la causa es la compra de electrodomésticos por parte de los Leguizamón enseguida después del homicidio. Todos los elementos convencieron finalmente al fiscal Marcelo Pernisi y luego a la jueza de Garantías de Zárate-Campana, Graciela Cione, de que Arce debía ser imputado y detenido. El caso es un símbolo de la violencia de género: las advertencias previas a la muerte de la mujer no fueron escuchadas por el Estado, después del homicidio el hombre denigró ante los medios a su ex esposa y mostró hasta con morbosidad su desprecio por ella, acusándola de su propia muerte.

A fines de diciembre y principios de enero de este año, el testigo clave le aportó los elementos vitales a la pesquisa que encabezó el comisionado Rubén Lobos, de Investigaciones de la Bonaerense, quien fue enhebrando las piezas para concluir en la detención. Todos creen que el testigo de identidad reservada presenció el hecho, pero nunca se animó a declarar por temor a una represalia de Arce o de los hermanos Leguizamón.

De todas maneras, al final entregó las dos pruebas objetivas de mayor importancia, el proyectil y la vaina. Ambos elementos provenían de una especie de práctica de tiro que hicieron los hermanos Leguizamón, según parece para probar el arma que después usarían en el crimen.

El proyectil y la vaina se compararon con los proyectiles que se extrajeron en la autopsia de Ro-ssana y las vainas que se encontraron en El Remanso, la quinta en la que vivía la mujer con sus dos hijos y en la que fue asesinada. Hubo coincidencias plenas en la prueba balística:

- En primer lugar en la marca, Speed Bullet. Y no es un dato menor, porque son proyectiles norteamericanos, muy inhabituales en la Argentina y caros.

- En la vaina, la pericia indicó identidad en el golpe del percutor, en los rastros dejados por el resorte que lanza la vaina hacia fuera, en la marca de la uña extractora y en el espaldón.

- En el proyectil, las estrías que se marcan cuando sale por el caño también resultaron idénticas en el aportado por el testigo y en las extraídas del cuerpo de Rossana.

Esto ya indicaba con claridad que uno de los ejecutores del asesinato fue o Gabriel o Pablo Leguizamón.

En noviembre pasado, en Capilla del Señor, se produjo un asalto en el casco de una estancia. Los delincuentes fueron interceptados por efectivos policiales. En la persecución tiraron sus armas. Resultaron detenidos Gabriel Leguizamón y su pareja. Ambos están presos desde entonces. Los hombres de Investigaciones recorrieron una y otra vez la ruta de escape de Leguizamón para ver si encontraban la pistola y si ésa era la que se usó en el homicidio de Rossana. El arma no se pudo encontrar, aunque también es probable que en el asalto no se hubiera usado la misma pistola del asesinato de El Remanso: un arma con tanto ruido como la del caso Rossana seguramente se tiró a algún río o fue enterrada.

Sin embargo, muy poco tiempo después del asalto a la estancia, apareció en escena el testigo con el proyectil y la vaina. Cuando Investigaciones de la Bonaerense y el fiscal Pernisi recibieron los resultados de la prueba balística, todos los esfuerzos se pusieron en lograr alguna declaración, en especial de la pareja de Gabriel Leguizamón. Según han hecho trascender los investigadores, ésta terminó admitiendo que la madre de Arce les había pagado una suma de dinero por el homicidio. En la causa judicial ya figuraban algunos elementos que demostraban que los Leguizamón habían comprado cosas después del asesinato y se percibió –siempre según los investigadores– una mejora en sus condiciones de vida.

Los abogados de la familia de Rossana Galliano, Roberto Babington y Víctor Stinfale, insistieron con que Arce debía ser imputado por el homicidio, teniendo en cuenta una numerosa cantidad de pruebas que están en el expediente desde los primeros meses. El fiscal Pernisi nunca consideró suficientes las evidencias hasta que el nuevo testigo cambió las cosas.

El móvil del asesinato pareció claro desde un principio. Rossana, de 29 años, rompió su relación con Arce, de 59, y estaba en pleno trámite de divorcio. Además, había empezado a establecer otras relaciones. El ahora viudo empezó una escalada de violencia, sobre la que hay sobradas pruebas en el expediente, al punto que Arce tenía prohibido acercarse a la casa de El Remanso. Con Ro-ssana en vida la perspectiva era la de una división de bienes, algo que implicaba la pérdida de patrimonio por parte de Arce y de su madre, que había comprado parte de las propiedades; la tenencia de los dos hijos iba a corresponder a Rossana y, encima, Arce tenía una especie de fiebre por los celos.

En el medio, se habló también de una historia relacionada con el robo y doblaje de autos. La familia de Rossana sostiene que ésta tenía registradas en su celular las patentes de autos robados que Arce y los hermanos Leguizamón, ambos mecánicos, doblaban después en el campo de Arce, llamado La Dulzura. Lo que se sugiere es que ella amenazaba a su ex marido con denunciarlo si no la dejaba tranquila.

Muchos criminalistas afirman que un método elemental para esbozar el móvil de un delito es determinar a quién beneficia. El resultado de la muerte de Rossana fue el siguiente: Arce se fue a vivir a la casa de El Remanso, el lugar en el que ella vivía y donde la mataron, y, por supuesto, se quedó con los dos hijos.

Es indudable que la defensa de Arce pedirá su excarcelación en forma casi inmediata. Alegarán que el viudo siempre estuvo a derecho y que tiene que ocuparse de sus dos pequeños hijos. Respecto de su madre, mayor de 70, los letrados Ramiro Rúa y Claudia Zakhem, sostendrán que tiene derecho a la prisión domiciliaria y que tampoco amagó nunca con evadir la Justicia. En Zárate-Campana dicen que los pedidos de la defensa tienen chance, tarde o temprano, de prosperar. Más allá de esa mirada a corto plazo, todo indica que en el juicio oral que inevitablemente se realizará, Arce afronta la perspectiva de una condena a reclusión perpetua.

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El acusado José Arce usó las cámaras de televisión hasta último momento antes de la detención para denigrar a su ex mujer.
Imagen: Télam
 
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