SOCIEDAD

La sorpresa de la calle

¿Quiénes aprecian más a las estatuas? ¿Sobreviven gracias a los porteños o a los turistas? “Depende”, dicen todos. Depende de muchas cosas: del lugar, del mes, del clima y hasta de los fenómenos sociales.
Lewin, quien está siempre en el centro, cuenta que “la calle es una caja de sorpresas: es muy difícil saber lo que uno va ganar a fin de mes. Los miércoles, si están los piqueteros, no hay gente: a los turistas les dicen que va a haber lío y no se mueven”.
También registra cambios según las corrientes turísticas: “En noviembre empieza la temporada de los cruceros y tal vez vienen más europeos y norteamericanos. Los turistas de países limítrofes en general no son muy dadivosos. Y muchas veces ponen fracción de reales, de moneda uruguaya o paraguaya, que no te sirve para nada. Pero la gente de acá también colabora con frecuencia, algunos son habitués de la zona, me conocen y hasta me saludan”.
Para Paola, la muñeca, los chicos son el fuerte: “Ellos les piden la moneda a sus padres”. Pero también las señoras mayores “que cuando me ven se acuerdan de las muñecas antiguas con las que jugaban”.
La Bella Bruja dice que da dinero quien está paseando y tiene tiempo, pero no el que trabaja. “La gente que está trabajando no tiene tiempo de mirarte, está corriendo, alienada, apurada por llegar al banco. Para ellos sos un poste.”
Cuenta sorprendida que muchas veces son los chicos de la calle los que dejan caer monedas en su alcancía, las mismas monedas que algún transeúnte les dio a ellos. “Me ponen la moneda para que los salude. Creo que tiene que ver con la atención que uno les dedica en ese minuto. Es un minuto de conexión, un momento exclusivo, personalizado. Ellos buscan esa conexión.”

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