Pablo Bernaba y el Quinteto Negro La Boca
Osadía todoterreno
Al frente del Quinteto Negro La Boca, acaba de publicar Cruces urbanos, su cuarto disco –y primero para una multinacional–, en el que concretó duetos con músicos de diferentes géneros.
El grupo grabó con 2 Minutos y Chango Spasiuk.El grupo grabó con 2 Minutos y Chango Spasiuk.El grupo grabó con 2 Minutos y Chango Spasiuk.El grupo grabó con 2 Minutos y Chango Spasiuk.El grupo grabó con 2 Minutos y Chango Spasiuk.
El grupo grabó con 2 Minutos y Chango Spasiuk. 
Imagen: Alejandro Leiva

Es hincha de Boca, su grupo se llama Quinteto Negro La Boca, vive en la república de la Boca y lucha allí, por la música, el fútbol, la cultura, la política, y lo social en un “terruño” que convive en permanente tensión entre azules y amarillos. “En el barrio se vive una interna a todo nivel: política, cultural, deportiva”, pinta Pablo Bernaba, fundador, bandoneonista y compositor de la agrupación tanguera que, tras diez años de trayecto, acaba de dar un zarpazo existencial: firmar contrato con una multinacional (Sony) para publicar su cuarto disco Cruces Urbanos. Otra tensión, intestina en este caso, que se suma entonces a la que el quinteto y sus aliados barriales viven cada día –del lado de los azules– y atrincherados en una actitud popular y autogestiva. “Aclaro algo, antes de firmar con Sony el disco estaba terminado. La estética, la tapa de Rocambole, los artistas... en fin, todo estaba cocinado”, se ataja el hombre abriendo la puerta de un interesante y singular disco que, en efecto, proviene de un esfuerzo descomunal: grabar duetos con músicos de distintos géneros, masterizar, mezclar y finalizar el trabajo para entregarlo listo al señor negocios. “Lo que sí pasó es que cuando hablamos con la compañía, ya con el disco listo, no hubo ningún condicionamiento... y tampoco lo hubiésemos aceptado. Todo el mundo sabe que somos bastante osados”, refrenda Bernaba. 

Una osadía todoterreno y polifuncional que se traduce directamente en el disco, que apareció la semana pasada. Una osadía portadora de duetos urbanos impensados que va desde una desopilante versión tanguero–punk de “Piñas van, piñas vienen”, de y con 2 Minutos, hasta dos impresionantes alquimias con el Chango Spasiuk (“Tristeza” y “El camino”) pasando por “El Olvidau” de y con el Duende Garnica; “Piso de madera”, con Ricardo Tapia, frontman de la Mississippi, y otros cruces con Nonpalidece y Antonio Ríos, entre otros, adobados por un remate al tono: un dibujo de tapa hecho por Rocambole. “Creo que nunca se ha hecho un disco así, centrado en una amalgama que combina tango con punk, reggae, rock, blues o folklore. Se trata de una apuesta por la posición para nada tradicional que tenemos sobre el género que cultivamos”, se planta el batallador músico xeneize, mientras vuelve a enumerar los encuentros ya enumerados. “Algunos músicos se involucraron más, otros menos, pero el cruce en cada versión excedió la grabación en sí, porque buscamos que sea genuino. El vínculo con cada artista no fue azaroso, además, porque tiene que ver con una relación mayor: con 2 Minutos, tipos de verdad si los hay, hemos organizado el festival de tango–punk, por ejemplo, y también somos muy amigos de Ginoi, guitarrista de Mississippi, o de los Nonpa. Todo esto, sumado al hecho de firmar con Sony, algo que evidentemente nos permite tener mayor visibilidad”. 

–A propósito, ustedes que han trabajado con sellos más chicos, ¿cuáles son las diferencias que encuentran entre una multinacional como Sony y aquellos?

–Trabajamos con Epsa, sí, y es exactamente lo mismo, pero para  peor. Los arreglos comerciales eran iguales pero no nos daban ningún    rédito. Lo que hace Sony es poner la moneda para que salga el disco, algo que no nos había pasado nunca en la vida. Sé que los sellos más chicos como Aqcua, por ejemplo, no lo hacen. Lo que hacen ellos es lo que hacía la Unión de Músicos Independientes: juntan discos y te venden unas réplicas más baratas por cantidad. También te suben el material a las plataformas, pero eso lo puede hacer uno, si se da un poco de maña. En fin, lo que encontramos en Sony fue que se interesó en un proyecto que ya estaba terminado.

–Un toma y daca, básicamente.

–Sí. Ahora, la experiencia final no la puedo decir todavía, porque la cosa recién empieza. Lo único que puedo decir es que no hubo intervención en lo artístico. De hecho, hoy mandamos el video de “Ruido”, donde participa Osvaldo Bayer (eterno aliado de la banda) pinchando un globo amarillo... En el video también aparecen bombas anarquistas. No modificamos nuestra impronta de tangos libertarios. También aparece “Los nadies”, el poema de Galeano que musicalizamos. A veces el prurito se lo pone uno mismo. Tal vez lo único que sí cambió fue que tuvimos que presentar firma de todo. Es un poco más burocrática la cosa, más “por derecha”, digamos, pero solo eso.   

–No fue tan difícil, entonces, conservar un posicionamiento ideológico y estético fuerte como el de ustedes, y convivir con una compañía discográfica grande.

–Un ejemplo: fui a una fiesta de la compañía y estaban desde Lali Espósito hasta los Spinetta, Pimpinela y Miranda. No sé, estaban todos. Es el sello de Víctor Heredia y de León Gieco, también, o de Babasónicos, que sacó ese disco (Impuesto de fe) con un dólar transformado en tubito para tomar merca. En nuestro caso, tenemos más para ganar que para perder. Buena onda... Un factor que ellos cultivan, no sé si por marketing o por algo “duranbarbarizado”, pero es así. Hay una buena onda que tiene mucho que ver con el trato, porque te relacionás con personas. Tienen esas cosas, son muy amplios, y se manejan con esa lógica del capitalismo que consiste en vender de todo.

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ