Desde Brasilia

“En este proceso Lava Jato hay muchos intereses de empresas norteamericanas”. Así resumió Luiz Inácio Lula da Silva a la causa abierta hace exactamente cuatro años por el juez de primera instancia Sergio Moro, recientemente premiado en Nueva York como la personalidad del año por la Cámara de Comercio Brasil-Estados Unidos. En una entrevista de hora y media a TV 247, por Internet, de la que se hicieron poco eco los medios grandes, el líder petista vinculó las marchas y contramarchas de Lava Jato a los juegos de poder de grupos locales y extranjeros que quieren verlo fuera de las elecciones presidenciales del 7 de octubre. Aseguró que no renunciará a su postulación citando encuestas que lo dan como vencedor en segunda vuelta, y algunas hasta en el primer turno. Prometió que un eventual tercer mandato tendrá como banderas una política económica expansiva, de estímulo al consumo y la inversión, junto a una regulación de los medios. Y aseguró que es necesaria la vuelta del PT al gobierno “porque el pueblo brasileño tiene derecho de volver a ser feliz”.

Por lo pronto tendrá que sortear la encerrona judicial que amenaza llevarlo a la cárcel. La penuria de Lula en los tribunales partidizados comenzó a mediados de 2017 cuando Moro lo condenó a nueve años y medio prisión y se prolongó en enero de este año –mes en el que generalmente la Justicia no trabaja– cuando los tres camaristas del Tribunal Regional 4 (TRF4)  aumentaron la pena a doce años y un mes. La premura por condenarlo en la segunda instancia del TRF4 se contrasta con la parsimonia del Supremo Tribunal Federal, cuya titular, Carmen Lucia Antunes, no autoriza que se debata un hábeas corpus interpuesto por el expresidente para impedir una eventual detención en las próximas semanas.

“Soy un hombre que aprendió a respetar a los otros, y reivindico el derecho a ser respetado, no quiero beneficios de la Justicia, sólo quiero que se haga justicia, quiero se conozca mi proceso para que la gente conozca las aberraciones” de las que adolece.

“Estoy tranquilo, con la tranquilidad de los inocentes”, sostuvo con tono firme enfundado en un traje sport crema y una remera negra.

Mientras Lula concedía la entrevista, su abogado, Sepúlveda Pertence, era recibido en Brasilia por la máxima autoridad judicial, Carmen Lucia Antunes, quien al parecer se mantuvo en su posición de obstruir el debate sobre el hábeas corpus en el plenario del Supremo Tribunal Federal.

“Yo quiero el derecho de ser juzgado, no quiero ser víctima de preconceptos, Carmen Lucia, o cualquier otro ministro (del Supremo) puede colocar el tema del hábeas corpus en el Plenario, el hecho de que sea Lula el procesado no puede ser motivo para una persecución”.

El jefe petista no se enfrascó en el análisis estrictamente jurídico y prefirió situarse en un marco político más amplio.

“Creo que lo que está siendo condenado es mi gobierno y el gobierno de Dilma, Lava Jato sólo es un telón de fondo contra las políticas sociales, de apoyo a la industria nacional, de inversiones que nos permitieron descubrir las reservas de petróleo en la zona de pre-sal”, subrayó y enseguida planteó una seguidilla de preguntas.

“¿A quién le interesa destruir la industria de la construcción civil brasileña, a Bolivia, a Uruguay? No, les interesa a las grandes empresas multinacionales que quieren entrar en el mercado brasileño. ¿A quién le interesa (que Petrobras) deje de comprar navíos construídos en astilleros brasileños para comprarlos en Singapur o China?”.

“Brasil es el único país donde se dice que el capital no tiene patria, en todo el mundo el capital tiene patria: Estados Unidos tiene empresas fuertes, Alemania tiene empresas fuertes, Japón tiene empresas fuertes”.

“Cualquier nación del mundo que quiera ser respetada necesita una industria fuerte, yo defiendo una nueva política industrial a partir de un nicho de empresas fuertes”.

“Voy a volver”

Lula es categórico al afirmar que nada lo hará desistir de su candidatura, y anuncia que retomará las caravanas por el país con recorridas por la Amazonia, la región centro-oeste y el sur, donde se encontrará con su amigo José “Pepe” Mujica.

El encuentro será en la frontera, los dos sentados en un banco: Lula del lado brasileño y Mujica del uruguayo. Esto para que la prensa no diga que “voy a exiliarme” en Uruguay, bromea.

Recuerda que ya venció varias batallas, la de la pobreza, las tres derrotas presidenciales consecutivas en 1989, 1994 y 1998 y un cáncer en la laringe detectado en 2011.

“Estoy preparándome, tengo 72 años, energía de 30, yo creí que el cáncer me iba a callar porque era en las cuerdas vocales pero Dios quiso que mi voz vuelva aunque un poco más roca, no van a callarme, eso solo lo puede hacer Dios o el pueblo (..) voy a volver”.

“¿Por qué quiero ser candidato?, porque creo que en este momento histórico soy el más capaz para resolver los problemas de este país, se necesita una persona que tenga credibilidad en la sociedad”, plantea y luego resume lo que será su plataforma para un tercer mandato.

“Esa credibilidad se va a pasar a los empresarios para que empiecen a invertir, el gobierno tiene que dar créditos porque el gobierno tiene que ser el inductor de la economía, hay que tener credibilidad ante los inversores externos. Con eso el Producto Bruto vuelve a crecer, todo vuelve a la normalidad y el FMI tendrá que dejar de darnos consejos”.

Lula ve con preocupación “el surgimiento en Brasil de un neofascismo de unos jóvenes analfabetos políticos, hablando sandeces”.

Apuesta a mejorar el debate político y garanizar la pluralidad con una ley de medios de comunicación que ponga límites al “poder de Globo”.

Y promete que si retorna al Palacio del Planalto “vamos a tener que crear las condiciones para una regulación de los medios, yo no quiero medios censurados, quiero que se abra el acceso de más gente, que los discursos lleguen de forma más democrática”.