Buenos Aires Roots, hoy en el predio abierto del Malvinas Argentinas
“El reggae es familiero y no discrimina”
Pablito Molina, de Lumumba, Néstor Ramljak, de Nonpalidece, y José Gahona, de Zona Ganjah, analizan el sentido de este encuentro. “El objetivo de este festival es reagruparnos, darle fuerza a la escena”, coinciden.
Pablito Molina, Néstor Ramljak y José Gahona, referentes de la escena actual del género.Pablito Molina, Néstor Ramljak y José Gahona, referentes de la escena actual del género.Pablito Molina, Néstor Ramljak y José Gahona, referentes de la escena actual del género.Pablito Molina, Néstor Ramljak y José Gahona, referentes de la escena actual del género.Pablito Molina, Néstor Ramljak y José Gahona, referentes de la escena actual del género.
Pablito Molina, Néstor Ramljak y José Gahona, referentes de la escena actual del género. 
Imagen: Leandro Teysseire

Néstor Ramljak, Pablito Molina y José Gahona se sientan alrededor de la mesa en un bar de Palermo para conversar con PáginaI12 en una circunstancia no muy diferente a la que originó el festival que estos tres referentes del reggae criollo protagonizarán hoy en el predio abierto del Malvinas Argentinas: el Buenos Aires Roots no surgió por la propuesta de una empresa privada o de una marca que necesita colocar sus productos en el mercado a través de la música, sino por el impulso del cantante de Nonpalidece, quien luego lo charló con sus colegas de Lumumba y Zona Ganjah.

“Lo comenté con los chicos, ya que además trabajamos con la misma productora, y nos pareció genial”, apunta Ramljak. “La idea era hacer un festival copado, al aire libre y para toda la familia. Por eso los menores de diez años no pagan. ¡Y los que pagan ven a varias bandas al precio de una!”. Molina, que tocará junto a los hermanos Nadal en los reencontrados Lumumba, recuerda la época en la que “el reggae era tan popular que en los festivales de rock se le dedicaba un día específico”. Buenos Aires Roots desea recuperar esa impronta y, al mismo tiempo, catalizar en Argentina algo que es usual en otros países del continente. “En Jamaica, por ejemplo, estilan cantar todos juntos y de día. ¡Y el festival Jamming, de Colombia, arranca a las 7 de la mañana y con gente esperando en la puerta para entrar!”, apunta Gahona, líder de Zona Ganjah.

– ¿Disfrutan de tocar en festivales donde inevitablemente cada artista debe ceder un poco de comodidad y confort personal?

José Gahona: –Depende con qué artistas te toque encontrarte. Algunos tienen una energía muy copada y vale la pena compartir momentos, como ocurrirá en este caso, donde la previa se disfruta un montón. Otros, en cambio, son más cerrados a interactuar y, de hecho, yo he pasado alguna vez por ese momento, pero depende de las circunstanciastambién…

Néstor Ramljak: –Yo amo tocar, es lo que hago y eso lleva de la mano otra serie de cosas como ir antes a probar sonido, tener que compartir lugares, tiempos de espera e incluso dar entrevistas para promocionar. La gente saca una entrada para verte, se toma un bondi, algunos incluso hacen banderas. Es muy lindo sentirse correspondido y sería de desagradecido renegar de todo lo demás que hay que hacer para que se produzca el mágico momento de cantar. Es cierto que en determinados momentos a lo mejor estás más cansado porque tal vez venís de tocar mucho, pero en esa instancia recurro al pensamiento de saberme un tipo que pudo desarrollar su vocación, la cuál se transformó en una profesión que, a su vez, me permite pagarme las cuentas y la comida. Con la banda somos conscientes de eso: ¿Cómo vamos a renegar de todo lo demás que hay que hacer? Qué le queda a uno que va a laburar a una metalúrgica, ¿no? O a los que arman el escenario y el sonido y tienen que ir temprano, descansar en una hamaca paraguaya…

Pablito Molina: –En los festivales está bueno la interactividad, aunque no siempre podés porque a veces cada artista tiene su espacio y sus momentos. Pero en este, puntualmente, donde todos hacemos reggae, lo veo como algo súper positivo para la escena nacional. Vernos, encontrarnos, curtir, contarnos en qué andamos y compartir opiniones. Está bueno que ocurran este tipo de festivales donde convivimos y además intercambiamos con los públicos de las otras bandas. Porque el reggae es muy familiero, también: le gusta a los chicos, a los grandes, a los viejos. No discrimina. Estas actividades además nutren a la escena, porque el reggae criollo viene de altos y bajos y ahora está pasando por un momento de cierta calma. Ya no es como en 2009 o 2010.

–¿No sienten que en algún momento el reggae había corrido el riesgo de convertirse en una moda?

N. R.: –Lo que creo es que es el reggae argentino empezó a crecer mucho después de Cromañón. Recuerdo que en los meses posteriores, enero, febrero y marzo, cerró todo y no trabajó nadie. Nosotros estábamos con Nonpa en Concepción del Uruguay y la bajada de línea era que cada gobernación provincial decidiera qué hacer. Se maldijo al rock y para organizar un concierto te pedían toda clase de requisitos. La escena fue castigada y, en simultáneo, el reggae empezó a crecer. Pero ahora que el rock vuelve a tomar fuerza con bandas que aparecen, convocan y llenan, el reggae merma. Como género y como movimiento creo que volvimos a cierto lugar inicial. Pero no creo que se haya convertido alguna vez en una moda porque desde hace muchos años se generan bandas, discos, renovaciones, y a nivel nacional ves que hay grupos no sólo en Córdoba, Mendoza o Santa Fé, sino también en Río Negro o Misiones. Por eso mismo el objetivo de este festival es reagruparnos, darle fuerza a la escena y bajar el mensaje de que si nosotros, que hacemos reggae pero con ciertas diferencias estilísticas, podemos convivir, el público también puede hacerlo. Pensar que en otras épocas los espectadores se segregaban y cantaban bardeando a otras bandas. ¿Cómo pudo haber pasado eso?

–¿Se puede hablar de reggae argentino, en el sentido de que se adviertan ciertos rasgos que hacen al género algo identificable con el país?

P. M.: –Si viene un jamaiquino a Argentina y escucha reggae nuestro, creo que claramente reconoce que es algo de este país y no del suyo. Me parece que nosotros cultivamos estilos más cercanos al roots y al dancehall.

J. G.: –Yo lo siento en el sonido, en la manera de producirlo. Y, naturalmente, en la forma de utilizar el lenguaje, en las inflexiones del castellano hablado en Argentina.

N. R.: –¡Hay un reggae argento, de una! Así como también México tiene una identidad muy fuerte que es diferente de la nuestra con su movida, sus bandas y su idiosincrasia, o lo mismo Costa Rica con su escena y condimentos. La diferencia es que a lo mejor Argentina fue más una usina de exportación…

–Sin embargo en Argentina el reggae tardó mucho en incubarse, a pesar de la fuerte bajada que había hecho Sumo en los 80...

N. R: –Lo de Sumo fue genial porque tenían mucha impronta reggae. No sólo por Luca, que había visto a Marley en vivo y te dabas cuenta que manejaba mucha data, sino también por Superman Troglio y sus baterías con el estilo OneDrop. Aunque el reagge se expandió en Argentina mucho después, ellos fueron indudablemente quienes primero transitaron ese camino acá…

P. M.: –Ojo, que el primero que hizo reggae acá no fue Sumo… ¡sino Donald! En 1972 vino Jimmy Cliff a tocar a Argentina, pero ya un año antes Donald había editado una canción llamada “ScabaBadiBidu” sobre una base grabada en Jamaica. Aunque en esa época, claro, nadie había reparado en el detalle. ¡Es que para la gente no era reggae, sino que era Donald!

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