La preocupación por los objetivos que la evolución tecnológica se impone, el complejo lugar del hombre en la evolución natural (pico de su avance, pero también parte ínfima del Cosmos) y los avances que todavía pueden ser aprendidos de la naturaleza son preocupaciones que vuelven una y otra vez en las especulaciones de Lem. Casi parece querer medir el ingenio humano contra el caos probabilístico de la naturaleza –sí, con mayúscula–: una contienda que –lo deja entrever en algunas partes– no está del todo decidida a favor de un bando ni del otro.