Una deuda superior
El debate por el cambio cultural en pos de la paridad de género, extendido recientemente a ámbitos impensados en otros tiempos como la universidad, se presenta en la actualidad como un paso necesario para la consolidación de nuestra democracia.

El concepto mismo de democracia lleva implícito la igualdad de derechos y la igualdad de representación para todos los sectores de la sociedad. La ausencia de mujeres en ámbitos de toma de decisiones implica un déficit incompatible con una verdadera democracia. Una falta que sólo puede ser superada con una presencia más igualitaria de mujeres y varones en los cargos representativos de la sociedad.

En este marco, la ley de cupos ha producido un salto cuantitativo y cualitativo en una de las instituciones centrales de la democracia, el Congreso de la Nación (ampliación del régimen de licencias laborales a los varones, la incorporación al Código Penal del delito de trata, y la prevención y la sanción de la violencia de género, entre tantas otras normas que ya son parte del derecho argentino).

Más importante aún que las reformas legislativas, ha sido la creciente toma de conciencia acerca de la importancia de la igualdad de género, tal como quedó en evidencia en la última marcha del 8M.

A pesar de estos acontecimientos fundamentales a la hora de igualar derechos, queda mucho camino por recorrer. La Universidad aún está muy lejos de los avances conseguidos en los ámbitos de representación política nacional: las rectoras representan solo el 10,52% del total de autoridades en dicho cargo a nivel nacional, considerando las universidades públicas nacionales del país. Asimismo, sólo el 20% de los organismos del Sistema Científico está en manos de mujeres.

La falta de perspectiva de género en la universidad argentina

La universidad argentina, como en tantos otros temas, no ha permanecido ajena a la realidad social y cultural de su tiempo. En este sentido, la situación actual en lo que refiere a la perspectiva de género es el resultado de un proceso histórico signado por la hegemonía masculina y la tradición del patriarcado.

Carolina Mera, primera decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, señala que “las universidades replican en su interior los mecanismos de subestimación hacia las mujeres que atraviesan toda la sociedad. Muchas veces esos espacios se creen a sí mismos distintos pero, en términos de desigualdades de género, no lo son. Existe una cultura institucional y política que es muy machista aún hoy, y descree de las capacidades de las mujeres para ocupar posiciones de poder”. 

Para Gabriela Diker, rectora de la Universidad Nacional de General Sarmiento, “las universidades no escapan a las relaciones de desigualdad de género que se registran en todos los ámbitos de la sociedad”. Sin embargo, considera preocupante “que las instituciones en las que se produce pensamiento crítico sobre esta y toda forma de desigualdad, las instituciones que producimos investigaciones sobre el tema, las instituciones desde las que se producen y estudian las teorías feministas, naturalicemos la desigualdad que se reproduce en su interior”.

Desde las nuevas generaciones aparece una mirada más optimista en relación al futuro, la presidenta del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Ayelén Petracca agrega: "en mi facultad somos hoy 60% de mujeres las que cursamos, hemos logrado importantes avances en los últimos años. En marzo asumió la primera mujer decana de nuestra facultad después de más de 30 años de su creación, también nuestra vicedecana es mujer, hemos avanzado mucho en estos años pero aún la proporción de mujeres en acceso a cargos es inferior”.

¿Qué se necesita para revertir esta situación?

Ana Jaramillo, rectora de la Universidad Nacional de Lanús, y primera mujer en ocupar el máximo cargo institucional en una universidad pública argentina, no duda en afirmar que para empezar es imprescindible “la voluntad de cambiar de acuerdo con los tiempos”. Y señala como principal medida “que las listas de los claustros (graduados, alumnos, docentes, autoridades) y gremios no docentes de las universidades tengan que ser de paridad como correspondería”.

En la misma línea, se manifiesta desde el sector gremial la Secretaria Política y de Interior de APUBA, Gabriela Figueroa: “el 50% o más son estudiantes, no docentes, docentes y graduadas mujeres en la UBA. Es fundamental que haya mujeres representando a este colectivo en todos los estamentos porque sino no se escucharán nuestras voces ni se tendrá en cuenta nuestra mirada para la toma de decisiones”.

Para Daniela Antista, Secretaria General de SIDUNRN de la Universidad de Río Negro, “las modificaciones de estatutos y reglamentos constituyen un importante paso para revertir esta situación. Otra forma podría ser elevar debates y reflexiones a las aulas, transmitir la historia, difundir y hablar en medios de comunicación”. En este sentido, considera que “el rol del lenguaje como medio de transmisión cultural e ideológico es esencial”.

Por su parte, Mera alerta que “la perspectiva de género ocupa un lugar marginal en las currículas, y no por falta de docentes que trabajen la temática e investiguen al respecto (….), sino porque no se les da un lugar central en la formación. Por lo general, lo que viene sucediendo es que en algunas carreras hay alguna materia específica o un curso optativo al final de la formación (….). Pero lo que sucede es que durante mucho tiempo los temas vinculados a los feminismos, los géneros y las sexualidades han sido considerados menores, de "mujeres", o incluso superfluos e innecesarios”.

Delfina Veiravé, rectora de la Universidad Nacional del Nordeste, señala que “la participación igualitaria de las mujeres en los ámbitos académicos y sobre todo en estructuras de gobierno y gestión de las universidades (…), posibilita construir sociedades más democráticas e igualitarias”. Y resalta el rol clave de las rectoras “a la hora de visibilizar los problemas de desigualdad, discriminación y violencia que afectan principalmente a las mujeres”, y “proyectar políticas de género en la gestión académica, de investigación y de desarrollo de las comunidades donde las Universidades actuamos”.

De la calle al aula

Las entrevistadas coinciden en que en este momento histórico las universidades no pueden permanecer al margen de lo que está sucediendo en las calles, a partir de movilizaciones como #NiUnaMenos.

Veiravé considera que “es un movimiento que fortalece la participación política de las mujeres, donde la demanda privada se convierte en demanda pública y colectiva”. A su vez, destaca la “capacidad de unir a una diversidad social, económica, cultural e ideológica de mujeres, en torno a la lucha contra la desigualdad, la no violencia, el autoritarismo y la injusticia”.

Para Mera, la movilización “permitió que las demandas del feminismo llegaran a nuevos lugares y a otros actores de la vida social. Hoy hay discusiones sobre feminismo en múltiples lugares (….) son muchas las jóvenes que se acercan al feminismo de la mano del #NiUnaMenos y lo transforman con nuevas preguntas, demandas y formas de intervención”.

Así las cosas, la cuestión de la desigualdad de género en el sistema universitario comenzó a visibilizarse. Ahora es tiempo de que avancemos en la igualdad real y las transformaciones profundas en todas las relaciones de poder. En definitiva, trabajar cotidianamente con el objetivo fundamental de consolidar un sistema democrático más justo e igualitario.

DESTACADOS:

 “Las universidades replican en su interior los mecanismos de subestimación hacia las mujeres que atraviesan toda la sociedad”.  Carolina Mera, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA)

“Las universidades no escapan a las relaciones de desigualdad de género que se registran en todos los ámbitos de la sociedad”. Gabriela Diker, rectora de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS)

“Las modificaciones de estatutos y reglamentos constituyen un importante paso para revertir esta situación”. Daniela Antista, Secretaria General de SIDUNRN de la Universidad de Río Negro.

“La participación igualitaria de las mujeres en los ámbitos académicos y sobre todo en estructuras de gobierno y gestión de las universidades (…), posibilita construir sociedades más democráticas e igualitarias”. Delfina Veiravé, rectora de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).

“Las listas de los claustros (graduados, alumnos, docentes, autoridades) y gremios no docentes de las universidades tienen que ser de paridad”. Ana Jaramillo, rectora de la Universidad Nacional de Lanús (UNLA).

“Es fundamental que haya mujeres representando a este colectivo en todos los estamentos porque sino no se tendrá en cuenta nuestra mirada para la toma de decisiones”. Gabriela Figueroa, Secretaria Política y de Interior de APUBA.