Otra denuncia contra el docente de la UBA acusado de abuso sexual a mujeres
Un grupo para liberar energía “sanadora”
El docente ya había sido denunciado ante la Justicia como reveló PáginaI12. Tras la publicación de la nota, otra mujer declaró haber sido incluida en el grupo, señalado como una secta. El profesor daba el taller en un centro cultural de Ciencias Económicas.
El Agora, donde el docente organizaba los encuentros con las jóvenes.El Agora, donde el docente organizaba los encuentros con las jóvenes.El Agora, donde el docente organizaba los encuentros con las jóvenes.El Agora, donde el docente organizaba los encuentros con las jóvenes.El Agora, donde el docente organizaba los encuentros con las jóvenes.
El Agora, donde el docente organizaba los encuentros con las jóvenes. 

“Había chicas que eran vírgenes en esa época. Estuve en momentos en que Leonardo planteaba que era bueno tener vírgenes en el grupo y que sería ideal que pudieran perder la virginidad en el contexto del Ágora con chicos que hubieran hecho el taller de la diosa donde ellos curaban esta sexualidad enfermiza de los varones atravesada por el patriarcado. El primer o segundo día que nos reunimos, una de las cosas que nos dijo fue ‘todos los hombres son potenciales violadores, absolutamente todos’. Todos los que estaban afuera. No los de adentro porque justamente la propuesta es que los hombres iban al Ágora a sanarse y las mujeres a liberar su energía femenina sanadora. El hombre utilizaba a la mujer como un recurso para curarse a sí mismo. Básicamente esa era la propuesta a nivel sexual.” María, nombre ficticio, participó del espacio llamado Ágora Teatral, liderado por Leonardo Bugliani, el profesor que daba un taller en el Centro Cultural Sabato de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, y que fue denunciado penalmente por abuso sexual por siete ex alumnas. El caso sigue sumando relatos escabrosos. 

Luego de la denuncia hecha pública por este diario, tres mujeres se comunicaron con el Centro de Atención de Niñez, Adolescencia y Género de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad para aportar sus experiencias. Sus relatos refuerzan parte del modo en que Bugliani convocaba a sus “discípulas”, la mayoría mujeres y menores de edad. 

El domingo 24 de diciembre este diario adelantó que Leonardo Bugliani, un profesor que daba un taller en el Centro Cultural Sabato de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, fue denunciado penalmente por presunto abuso sexual a siete ex alumnas. Bugliani, según la acusación, habría captado a las chicas a través de un espacio llamado Ágora Teatral que funcionaba en ese Centro, para luego llevarlas a su casa, donde habría cometido los abusos. Algunas eran menores de edad al momento de comenzar el taller, que se presentaba como espacio de teatro y –según la denuncia– terminaría en orgías y abusos sexuales, producidas después de un largo proceso de manipulación y sometimiento. Ellas tenían 17 años, estaban en quinto año cuando lo conocieron, él 44. Era “violada todas las semanas porque había una cuestión espiritual de por medio”, relató una de ellas, luego de un largo proceso individual y grupal en el que pudo tomar conciencia de lo que les había pasado. “De repente todo era sexo. Llanto. No entender nada. Volver a mi casa y tener un bloqueo mental. No pensar. El cada vez pedía más y yo estaba superdeprimida...”, contó otra.

Al otro día de publicada la nota, una amiga le escribió a María (“Yo les había contado a muchas amistades mías a todos les hacía ruido el Agora”) y le dijo “leí la nota en PáginaI12, me alegra que hayas salido a tiempo de ese lugar”. María, que no la había visto y no había tenido más contacto con las chicas desde hacía dos años, dijo “me quise morir”. “Porque si bien sentí alivio (cuando se fue) a mi responsabilidad, porque yo era más grande. Cuando leí la nota me pegó por ahí, me generó una impotencia porque pensé qué hubiese pasado si yo me hubiese quedado y hubiera estado más lúcida. Me comuniqué en el acto con ellas y les ofrecí lo que necesitaran”, contó. Por eso decidió también contar su historia y ponerse a disposición de la justicia si su relato puede ayudar en algo.

“Siempre vi intención de separarlas de su círculo de contención externo. Eso no es sano. Eso es lo sectario de ese espacio. No puedo decir si hubo abuso sexual porque no lo ví, sí me parece que hubo manipulación psicológica porque fue lo que originó que el abuso fuera posible”, dijo.

Las denuncias están en etapa de investigación, pero el juez a cargo ya libró la orden de impedimento de contacto de Bugliani hacia las chicas y su casa fue allanada.

Consultada por este diario, la Fiscalía Nacional Criminal y Correccional N° 9, a cargo de Martín Niklison, no quiso aportar información sobre el estado de la causa, caratulada “Bugliani sobre abuso sexual”.  Además de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, siguen el caso la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM) y acompaña la Dirección de Orientación, Acompañamiento y Protección a Víctimas (Dovic) de la Procuración General de la Nación.  

María, de 29 años, relató a este diario que participó del Ágora Teatral durante tres o cuatro meses de 2015. En ese momento tenía 26 años. En esos meses, compartió el espacio con algunas de las chicas que denunciaron penalmente a Bugliani. Llegó por un amigo que estudiaba hacía muchos años teatro con él. Le dijo que se estaba armando un grupo selecto de gente que se iba a reunir en la casa de Bugliani, para hacer prácticas que no se podían hacer en el marco institucional del Sábato. 

“Excepto mi amigo y yo la mayoría no había cumplido los 18 años y eran mujeres. Eso me llamó la atención”, contó María. “Una de las condiciones era que no usáramos el teléfono ni relojes. Que fuéramos menores de 27 porque según él después llegabas a un periodo de adultez que estabas tan estructurado que no podías apropiarte de un discurso más libre, prácticamente era como que estabas frito y no tenías rescate alguno”, explicó.

María notó que en el grupo había muchos problemas de las adolescentes con su familia y que “Leonardo era muy tajante en cuanto a que los chicos se tenían que disociar de los padres y de las imágenes de autoridad. Y si tenían que pelearse y tomar una actitud irreconciliable que lo hicieran. Como yo estaba en otra etapa, trataba de fomentar que pudieran tener un diálogo con los padres. Pero ahí el discurso era otro”.

Todo fue paulatino. Una de las cosas que le empezó a hacer ruido del espacio eran los horarios: “Eran peculiares. Como no había relojes de pronto podíamos estar desde las 6 de la tarde a la 6 de la mañana en la casa del tipo”. También que  “tomábamos mucho vino, había libaciones, brindis evocando la energía de algún dios; me llamaba la atención demasiado alcohol para chicos tan chicos”, dijo.

Otras de las costumbres de Bugliani, relató, era que “cuando alguna estaba de novia, cuando se iba, había conversaciones de que no le hacía bien la pareja y que teníamos que buscar la manera de que se separe”; “o tal chica está experimentando sus primeras relaciones sexuales, nos tenemos que asegurar de que las tenga así o asá”.

Según María, Bugliani les decía que no le cuenten nada de lo que sucedía en el espacio a nadie, especialmente a sus padres. Tampoco quería que se relacionaran entre ellas si no era a través de él. Podía lanzar cuatro grupos de facebook en un mes, donde armaba y desarmaba grupos, de manera de mantenerlas siempre separadas.

En un momento, dijo María, empezó a notar extrañas a algunas de las chicas, deprimidas o apagadas, y había cosas que ya no se compartían. Había algo que las estaba afectando internamente y había cosas que ya no expresaban. Sabía que había reuniones entre Leonardo y las chicas por separado pero no sabía que pasaba ahí.

En un momento, Bugliani les habría dicho que iban a empezar a participar de rituales, que para eso harían sus propias togas y estarían desnudas debajo, para tener el cuerpo “accesible”. María recuerda que en ese momento pensó que no quería que su cuerpo estuviera accesible para nadie.

–¿Cómo te vas del grupo?

–La decisión fue de Leonardo. Una semana antes había conversado con él y le dije que me gustaría poder juntarme y hablar con las chicas con respecto a las relaciones sexuales de una de ellas porque su primer novio me contó que realizaba ciertas prácticas que no me parece que sean el inicio de una sexualidad sana. Era medio sadomasoquista. Le dije que quería hablar porque me parecía que no tenía que naturalizar que la vida sexual era eso; que podamos hablar de los límites, de qué es sano y qué no, cuándo es consentido y cuando no.

Una semana después las chicas se empezaron a distanciar de María. 

–Él me dijo “los movimientos de los grupos son así, creo que vos en estos momentos no estás para acompañar cómo se van a desarrollar las siguientes dinámicas”. Yo me quedé en el molde porque había cositas que no me estaban gustando. Que se estaba yendo a la mierda. Que eran adolescentes desbocados de pronto por las ideas instaladas de este hombre. Yo ya había recibido un llamado de la madre de una de ellas una noche que nos fuimos a las 5 de la mañana y ella se había quedado dormida. A las 6 de la mañana me llama la madre y cuando le dije que la dejamos en la casa de Leonardo casi se muere. Entonces, hasta fue un alivio cuando me dijeron que no iba a estar más en el Ágora.

–¿Era un secta?

–Arrancó como una propuesta naif, no sonaba. Aunque si me decís que seleccionás determinados perfiles para realizar dinámicas a nivel íntimo y privado, podés tener un indicio de secta. Se empezó a convertir en una especie de doctrina con el paso del tiempo. Hoy, mirándolo desde afuera, el adoctrinamiento, el nivel de complejidad de manipulación psíquica que hubo de las chicas, sí puedo decir que era una secta.

–¿Qué otra cosa te llamó la atención?

–Había chicas que eran vírgenes en esa época. Estuve en momentos en que Leonardo planteaba que era bueno tener vírgenes en el grupo y que sería ideal que pudieran perder la virginidad en el contexto del Ágora con chicos que hubieran hecho el taller de la diosa donde ellos curaban esta sexualidad enfermiza de los varones atravesada por el patriarcado. El primer o segundo día que nos reunimos, una de las cosas que nos dijo fue que ‘todos los hombres son potenciales violadores, absolutamente todos’. Todos los que estaban afuera. No los de adentro, porque justamente la propuesta es que los hombres iban al Ágora a sanarse y las mujeres a liberar su energía femenina sanadora. El hombre utilizaba a la mujer como un recurso para curarse a sí mismo. Básicamente esa era la propuesta a nivel sexual. Era llamativo pensar en la sexualidad de las chicas como un recurso del Ágora para sanar a los muchachitos. En su momento lo había naturalizado, pero la verdad es que repasándolo hoy pude darme cuenta que era darle un valor de uso a algo que es absolutamente privado y que depende de la decisión de cada una. Además, esta alarma de que solo podíamos tener sexo con los varones dentro del Ágora.

–Que eran dos varones más jóvenes y él.

–Sí.

–¿Y uno de ellos era el que había tenido prácticas sadomasoquistas con una de las chicas?

–Sí.

–¿Fuiste después a otros espacios de teatro?

–No.

–¿Por qué?

–No me preguntes por qué. No volví a interesarme por estos espacios. Me alejé.