El desafío de la primera generación de universitarios
Querer es poder
La creación de nuevas universidades multiplicó las oportunidades para estudiar generando mayores condiciones de igualdad en el acceso al nivel superior. los estudiantes que son primera generación de universitarios enfrentan el desafío de comenzar y terminar la carrera.
Imagen: Colación de grado UNTREF

Según el Censo de Estudiantes 2011 realizado por la Universidad de Buenos Aires (UBA), solo el 26,3% de los estudiantes universitarios de grado en la Universidad tiene padre con estudios universitarios completos. Dicha cifra desciende a 23% en el caso de madre con estudios universitarios completos. En otras palabras, el 73,7% de los estudiantes son primera generación de universitarios en su familia.

La política de “universalizar” la educación superior ha tenido su correlato, en los últimos años, en la creación de las nuevas universidades nacionales. Entre ellas, y por la cercanía con grandes centros urbanos, se destacan las universidades del conurbano. En las mismas se puede observar que los porcentajes de estudiantes “primera generación de universitarios” supera los valores promedios según datos de las propias casas de estudios. En instituciones como la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), el 94,2% de los estudiantes tiene padres sin estudios universitarios finalizados. 

En Moreno (UNM), en 2016, un 91% de los estudiantes tiene padres sin estudios universitarios completos, mientras que en la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), el 74% de los alumnos es considerado primera generación universitaria.

En Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), creada en 1993, el  86% tenía, en 2013, un padre y 92% una madre sin el nivel universitario completo. Por su parte, en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), creada en 2009, el 83% de los estudiantes son primera generación. 

De esta manera, el sistema universitario se extiende y llega a miles de jóvenes que en otros momentos de la historia argentina hubiera sido impensado incluir y, si bien las posibilidades de acceso al nivel superior vienen aumentando, los desafíos se complejizan cuando a la variable del ingreso se le suma la del egreso. En paralelo a los avances en relación a la mayor cercanía entre la universidad y la comunidad en la que se inserta, las casas de estudio afrontan también la tarea de mejorar los índices de graduaciones.

El desafío del egreso

En relación a la culminación de los estudios universitarios, si bien el aspecto socioeconómico de los hogares es un factor determinante para que los estudiantes universitarios accedan y afronten sus estudios de grado, los especialistas también añaden otros factores culturales, como la tradición universitaria familiar, para analizar las trayectorias educativas de los jóvenes. 

Al respecto, Ana García Fanelli, investigadora en CONICET, señala que “los estudiantes que son “primera generación de universitarios”, es decir con padres sin educación superior, tienen mayor probabilidad de abandonar su carrera, que los estudiantes con padres universitarios.” 

El desafío cultural de acceder y concluir los estudios de grado no comienza en la universidad, sino en la educación media. La solidez en la formación secundaria con la cual los estudiantes afronten los primeros años de la carrera de grado, se presenta como otra variable a tener en cuenta y es clave para la continuidad de sus estudios.

En este sentido, garantizar el acceso al nivel superior es tan prioritario como promover la mejora en la formación del nivel medio con el objetivo de lograr que cada día más jóvenes puedan transitar fructíferamente sus trayectorias educativas. 

Como señala García Fanelli, otro de los desafíos de la educación superior consiste en “mejorar la finalización de la educación media y mejorar la calidad de la formación”.  

No es casual que el acceso, el vínculo con la escuela media y la mejora de la calidad educativa sean tres de los objetivos fundamentales expresados por las autoridades universitarias cuando piensan el sistema educativo y universitario para los próximos años. Más ingresos y más graduados es la misión fundamental que tiene la universidad pública por delante en el siglo XXI. 

Los datos analizados muestran que se ha recorrido un camino que necesita ser sostenido en el tiempo, con responsabilidad y creatividad, y dando respuestas a las demandas que la época impone.

 

El 94,2% de los estudiantes de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) tiene padres sin estudios universitarios finalizados. 
El 91% de los estudiantes de la Universidad Nacional de Moreno (UNM) tiene padres sin estudios universitarios completo.
El 83% de los estudiantes de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ) son primera generación.
El 74% de los alumnos de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), es considerado primera generación universitaria.
Fuente: chequeado.com y Prensa UNAJ

 

Belén Tamara Diez 21 años 

Universidad Nacional de Lomas de Zamora

“Vivo y me crié en el partido de Lomas de Zamora. Actualmente me encuentro estudiando la Licenciatura en Psicopedagogía, atravesando mi tercer año de carrera.

Vivo con mi madre y una de mis cuatro hermanos, Luciana. Puedo decir que soy la “privilegiada” por ser la primera generación de mi familia que está transitando una carrera universitaria. Por cuestiones contextuales y de tiempos, mis hermanos no siguieron ninguna carrera.

En mi caso estoy desempleada. Tuve un trabajo de dos años en el que fui trabajadora “informal”, que me impedía seguir con las materias y obligándome a que baje mi rendimiento. Por suerte, hoy puedo elegir sobre lo que me gusta hacer. Las personas que conocí en la Universidad me ayudaron a ver que hay y que existe otro lado de la historia. Cambié la forma de ver las cosas teniendo en cuenta todas las contradicciones que esto trae. Me atrevo a nombrarme como una estudiante y militante por el cambio social y la idea es poder transmitir esto a mis compañeros de cursada y todo aquel que se sienta interpelado, sabiendo desde mi persona que es un camino de ida y una vez que abrís los ojos, no los cerrás nunca más.”

 


 

Nahuel Dragún 27 años 

Universidad Nacional de General Sarmiento

“Soy el primer miembro de mi familia que finaliza sus estudios universitarios. Mi viejo es electricista y mi vieja, ama de casa. Ella terminó el secundario un año después de que lo terminara yo. Nací y me crié en el oeste del Conurbano bonaerense.

En un principio me propuse estudiar sociología. Apenas salí del secundario me inscribí en el CBC. Las dos horas y media de viaje, sumadas al “choque cultural” que sentí al entrar a la Facultad de Ciencias Sociales, me hicieron replantear la elección. Nunca logré sentirme cómodo, sentía que el barro de mis zapatillas, la remera de La Renga y el slang Conurbano no encajaban en el ambiente. La UNGS apareció entonces como una opción viable. A solo una hora de viaje desde mi casa, contaba con la carrera que deseaba estudiar, ciencia política (que acá se llama Estudios Políticos). 

La universidad pública fue uno de los principales factores de ascenso social en la Argentina. Las “universidades del conurbano” constituyen hoy uno de los espacios donde se juega ese horizonte aspiracional y las tramas que se entrecruzan allí develan la complejidad social de esta particular región. Somos una especie nueva. Somos universitarixs conurbanxs.”

 


 

Leandro Valerio 24 años

Universidad Nacional Arturo Jauretche

“Mi mamá y mi papá están muy orgullosos. Soy el primero de la familia que sigue una carrera universitaria y esto es algo medio raro en casa, pero están muy felices.

Todo lo que uno se propone normalmente es difícil pero no es imposible. Con esfuerzo y trabajo todo se puede hacer.”

(Como graduado de la UNAJ, Leandro se incorporó al programa de nuevos profesionales de YPF. Luego de actividades de entrenamiento en Buenos Aires y Neuquén, se desempeñará durante los próximos dos años en el área de Ingeniería de Producción).

 


 

Silvia Maciel 47 años

Universidad Nacional de Hurlingham

“Estoy casada y tengo dos hijos. Curso en la Universidad Nacional de Hurlingham mi segundo año de la carrera de Letras. Provengo de una familia de clase baja y el secundario lo cursé con 18 años en un colegio nocturno de Capital, después del trabajo. Durante cuatro años fui abanderada. Volvía a mi casa pasada la medianoche y me levantaba a las seis y media todos los días. Cierto día del 2016 vi un cartel que anunciaba la inauguración de la Universidad de Hurlingham. Había un profesorado de Letras. Un año tardé en animarme. 

Un problema para mí era la edad: me consideraba vieja. Me preguntaba ¿qué iba a hacer yo ahí entre tantos jóvenes? Un día me decidí. llevé la documentación y me inscribí. Mi familia se enteró después. Tenía que dar este paso sola. Me apoyaron desde el principio y se sintieron orgullosos.

Me resulta difícil expresar con palabras lo que significa la universidad para mí. Me siento orgullosa de esta facultad que recibe con tanto amor a tantos y cumple sus sueños. Volver a estudiar para mí fue bueno, pero pertenecer a esta Universidad es grandioso.”

 

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