Bala de plata

El acuerdo con los fondos buitre era para no necesitar el financiamiento del FMI. Apenas dos años duró el flujo de fondos del mercado financiero internacional para la economía macrista. Wall Street cerró el grifo de dólares financieros, así la dejó desnuda y los buitres vuelven a revolotear sobre la Argentina. Los movimientos desesperados del gobierno para frenar la sangría no tienen el efecto esperado. El dólar no dejó de subir y los activos bursátiles no dejaron de bajar después del anuncio de un paquete de ajuste con recorte del gasto público de 30 mil millones de pesos en obras públicas y con suba de la tasa de interés arriba del 40 por ciento anual. Ayer, en otro intento de detener la corrida, el Banco Central vendió 200 millones de dólares a futuro (mayo) a 22,85 pesos, el gobierno se abrazó al FMI y, luego de un par de horas de pausa en el escenario de pánico financiero, las cotizaciones del billete verde, de acciones y de bonos retomaron la tendencia negativa. Convocar a la billetera del FMI, prestamista de última instancia de los países con problemas de acceso al crédito internacional, es la bala de plata de la economía macrista.

La última muestra de amor de Wall Street con la Argentina fue de 9000 millones de dólares, el 4 de enero pasado. En marzo, el ministro de la Deuda, Luis Caputo, viajó a Nueva York junto con sus colaboradores más estrechos para reunirse con bancos y administradores de grandes fondos de inversión para seguir pasando la gorra. La respuesta que recibieron fue que no intente emitir más deuda argentina en el exterior. La versión oficial maquilló ese fracaso de seducción a capitales financieros diciendo que el gobierno decidió no colocar nuevos bonos en el exterior para no afectar las cotizaciones de los papeles ya emitidos.

Como indiqué en la edición del domingo pasado, el único pulmotor para mantener con vida la economía macrista, que estructuralmente es insustentable por la fragilidad de su sector externo, es el financiamiento del exterior. Si esa vía de auxilio queda desconectada, como ha sucedido en estos meses, el ahogo es tan inmediato como implacable. El cierre del flujo de fondos desde Wall Street no fue sólo para el gobierno, sino que se extendió a empresas y provincias. La sequía de dólares financieros es generalizada. No sólo no vienen, sino que huyen luego de aprovechar la extraordinaria bicicleta especulativa ofrecida por el Banco Central de Federico Sturzenegger.

El presidente Mauricio Macri tomó nota tarde de ese portazo en sus narices y, ahogado por la velocidad y contundencia de la corrida cambiaria, anunció que Argentina se vuelve a inclinar ante el Fondo Monetario Internacional. La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, es la primera que puede mostrar en los hechos que cumple con la consigna “vamos a volver, a volver…”

El riesgo país, que mide la tasa adicional que Argentina tiene que pagar respecto a la base de un bono a 10 años del Tesoro de Estados Unidos, ya se ubica al nivel más alto desde que asumió Macri. Es el mensaje más claro de que los capitales financieros dudan acerca de la capacidad de repago de la deuda argentina. El gobierno quiere recuperar parte de esa confianza con el pedido de una línea de apoyo al FMI que, en la city, estiman de unos 30 mil millones de dólares. El abogado especializado en finanzas Sebastián Soler ofreció un dato revelador en su cuenta de Twitter: si se confirmara el pedido argentino, ese monto sería superior al total de deuda que mantienen 13 países atados al FMI, que suma 27.500 millones de dólares.

El economista Mariano Kestelboim también ofreció otro dato clave: esos 30 mil millones de dólares son equivalentes a los 680 mil millones de pesos en Lebac, 55 por ciento del stock total de esa deuda de cortísimo plazo del Banco Central, que vencen el martes próximo. El anuncio del comienzo de la negociación para recibir el préstamo del FMI y la muy fuerte suba de la tasa de interés por arriba del 45 por ciento pretende seducir a inversores en Lebac para que no abandonen ese activo para pasarse al dólar. Es lo que ya hicieron el JP Morgan y otros grandes operadores del mercado financiero del exterior cuando aceleraron el desarme de sus posiciones en esos activos en pesos, decisión que se reflejó en la fuerte caída de las reservas internacionales.

Como se sabe, la contrapartida para recibir recursos del FMI es un ajuste mayor y aceleración de reformas estructurales, como la flexibilización laboral y la privatización parcial de las jubilaciones. El FMI presta dólares a cambio de un monitoreo semestral de la marcha de la economía, según las pautas para recibir el préstamo contingente.

No habrá controversias entre el equipo económico y los técnicos del FMI sobre el alcance de los deberes a cumplir por parte del gobierno de Macri.

Esto quedó demostrado en las reformas laboral, tributaria y previsional anunciadas por Macri en el Centro Cultural Kirchner en la semana posterior a las elecciones de medio término, en octubre pasado, que fueron favorables para el oficialismo. Esas iniciativas fueron propuestas por el Fondo un año antes, cuando concluyó la primera auditoría de la economía argentina luego de años en que los gobiernos kirchneristas la habían rechazado.

Existe coincidencia sobre el rumbo, como lo expresó Lagarde, en su visita al país, en marzo pasado. El acuerdo político con la conducción del FMI está cerrado; ahora queda la parte más compleja, que es la negociación con el staff técnico. Las diferencias aparecerán cuando tengan que definir el ritmo para implementar las medidas. Ahora, ese tiempo lo marcará el Fondo. De eso se trata la auditoría fondomonetarista. Entrega en cuotas el monto definido del crédito contingente después de verificar el cumplimiento de las metas comprometidas por el país.

En el último reporte sobre la economía argentina, el Fondo reclamó acelerar las reformas (laboral y previsional), avanzar en una mayor apertura comercial y profundizar la reducción del gasto público. Si a la política económica de shock desplegada hasta ahora, el gobierno, su inmensa red de propaganda pública y privada y economistas del establishment la denominaron “gradualista”, a la nueva etapa económica que promete shock habrá que buscarle un nuevo término.

Otra enseñanza que otorga conocer el destino de los créditos de emergencia que entregó el FMI al país es que esos dólares sirven para financiar la última etapa de la fuga de capitales de los grandes jugadores del mundo financiero. Es una historia conocida.

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