Hace poco más de un mes, el ministro de Finanzas, Luis Caputo, afirmó que “no volverá a emitir deuda en los mercados internacionales en lo que resta del año”. De acuerdo al ex JP Morgan y Deutsche Bank, con los 9000 millones de dólares de deuda emitida el 4 de enero pasado y las colocaciones en pesos y dólares en el mercado local, restaría obtener el equivalente a 10.000 millones de dólares para cubrir las necesidad financieras del gobierno. Dada la suba del riesgo país, ese financiamiento faltante sería obtenido mediante colocaciones de títulos en el mercado interno. Pero la promesa de Caputo se pinchó como un globo y el presidente Mauricio Macri anunció la búsqueda de un voluminoso crédito con el FMI.

Fue un error de diagnóstico de Caputo y economistas “amigos” del gobierno sobre la situación de la economía. Todos ellos coinciden que el problema principal es el déficit fiscal. La diferencias se producen a la hora de analizar como enfrentarlo, recomendando algunos el camino gradualista mientras que otros se inclinan por un brusco ajuste. Sin embargo, la reciente corrida cambiaria muestra que el problema de la economía no es sólo fiscal, sino centralmente externo. 

Así, aunque el financiamiento del déficit público de 2018 podía resolverse con colocaciones en el mercado interno, esa alternativa privaba a la economía de la principal fuente de divisas desde la asunción de Mauricio Macri: el endeudamiento externo. Es decir, las colocaciones internas permiten cubrir el exceso de gasto en pesos sobre lo recaudado, pero no aportan las divisas que se requieren para financiar el déficit comercial, de turismo y de pagos de intereses y utilidades. Mucho menos cuando los capitales especulativos dejaron de ingresar atraídos por la bicicleta financiera montada con las Lebac y la desregulación cambiaria, para pasar a “volar hacia la calidad”. 

Una leve suba de las tasas internacionales y el mínimo impuesto a la renta financiera (que implicaba perder sólo 1,35 punto porcentual de los más de 26 que pagaban las Lebac) fueron la señal para “salir corriendo”, según la expresión de un columnista de la revista Forbes. La torpeza del titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, en el manejo temporal de la política de tasas, venta de reservas y devaluación, agravó la corrida hasta llegar al desesperado pedido de auxilio al FMI.  

El crédito condicionado del Fondo será probablemente acompañado de una exigencia para pasar del gradualismo al shock en materia fiscal. Una política que no soluciona el problema externo de la economía y que sólo puede contribuir a disminuir la tasa a la que crecen la masa de Lebac (que es donde se termina acumulando parte de la inyección de liquidez que financia el déficit público). Pero el déficit de Cuenta Corriente (cercano al 5 por ciento del PIB) y la fuga de capitales continuarán demandando divisas, por lo que la deuda tomada con el FMI sólo servirá para financiar la huida del país de los grandes grupos locales e internacionales.

@AndresAsiain