Putas y guerrilleras
El cabaret subversivo de Mónica Cabrera, Putas cultas, alienta rebeliones y denuncias a puro glamour confesional.

Las puertas se abren: una marea de humo y luces rojas invaden al público que ingresa bajo la melodía de “Everybody Knows”, uno de los tantos himnos de Leonard Cohen que da inicio a este extraño y extrañado cabaret. “Todo el mundo sabe”, repite sensualmente el poeta canadiense de voz gruesa mientras relata el fin de toda inocencia. En simultáneo, las putas y un tipo trabajan sus coreografías enfundadas en uniformes militares, invitando e incitando al comienzo de un vodevil subversivo, una transfiguración de la vieja Pigalle parisina con sus desmadres pero en pleno barrio de Abasto, sumando algunos aires de la Cabaret de Bob Fosse y la encantadora Minelli, que puertas adentro celebraba sus anestésicos excesos para no espiar lo que afuera se atestiguaba como la mayor violencia que jamás había rodeado las paredes del Kit Kat Club berlinés.

Putas jóvenes, maduras, tortas, putos, rebeldes, sacadas, sin pelos en la lengua y con muchos en todo el resto, enojadas y enérgicas. Putas empoderadas cantan y la cantan toda. Se exponen, ofrecen y demandan a través del discurso, la música, los cuerpos y los uniformes que las envuelven, listándolas a una guerra en permanente batalla: exorcismos de experiencias desagradables, uniones para hacer la fuerza, recuerdos de infancias, urgencias presentes y un destape de lenguas sin medias tintas contra toda cuarta pared y pudor, contra toda convencionalidad pactada de antemano. Entre la risa, la militarización del deseo y su liberación, el capitalismo de la carne y la expulsión de toda restricción, Putas cultas arma un territorio que habita el confesionario y el porno entre el destape y la intimidad, los uniformes del cuerpo y la sensualidad de sus telas, las texturas, las medias de red y las lenguas que las corren y recorren. Con libro y dirección de Mónica Cabrera, los monólogos se suceden entre manotazos, besos y chupones, creando una varieté sin filtros que pone en primer plano las verdades y falsedades que expían las putas cultas, políticas, sinceras, mientras se suceden las más variadas melodías, vestuarios y géneros. Como dice el propio Cohen en la canción que acompaña y corona el cabaret: “Todo el mundo sabe que el capitán mintió”. Pues a la mierda el capitán, ¡las putas al poder! l

Viernes a las 23 en Abasto Social Club, Yatay 666.