Militarización y desabastecimiento en al menos 27 estados brasileños
El paro de camioneros que devino crisis política
Imagen: Nelson Almeida / AFP

PáginaI12 En Brasil

Desde Brasilia

Luego de que Michel Temer convocó a las fuerzas armadas para terminar con la protesta de los camioneros este domingo continuaron los bloqueos en al menos 24 de los 27 estados brasileños. Al cumplirse el séptimo día de la medida de fuerza de empresas de transporte y camioneros autónomos se profundiza una crisis que puso al borde del colapso a un país-continente de 8,5 millones kilómetros cuadrados donde el grueso de las cargas se envían por carretera. 

Brasil amaneció con más de 500 bloqueos a pesar de que las fuerzas federales intervinieron en algunos estados donde escoltaron camiones tanque para reabastecer vehículos policiales, ambulancias, ómnibus y aeropuertos.

Por lo pronto la participación militar y policial no alteró el cuadro de situación. La ciudad de San Pablo, con casi 11 millones de habitantes continúa en estado de "emergencia", sitiada por los piquetes en las rutas federales y provinciales de su entorno. Prácticamente no quedan estaciones de servicio abiertas, se suspendió la recolección de residuos, los patrulleros de la policía circulan menos y fueron cancelados viajes interurbanos en la estación de colectivos Tieté. 

Marcio Franca, el gobernador de ese estado de 45 millones de habitantes, recibió el sábado al enviado de Temer, ministro Carlos Marun, para buscar una salida al atolladero. Se barajó la posibilidad de congelar el precio del gasoil por 60 días, una medida que significaría atropellar la política del todo poderoso titular de Petrobras, Pedro Parente.

El origen de la protesta es el incremento de más del 50 por ciento del valor del diésel entre julio y mayo, período en el cual la inflación subió el 3 por ciento, los salarios menos que eso.

Parente ya había conducido Petrobras durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, durante los años dorados del modelo neoliberal restaurado por Temer.

En Río de Janeiro hoy circuló el 13 por ciento de la flota de colectivos pese a que los militares escoltaron algunos camiones tanque. Las ferias cariocas al aire libre tenían pocas frutas y verduras. Y las que había estaban caras: la docena de bananas se vendía a 15 reales (4,1 dólares) el 150 por cieno más cara que la semana pasada. En algunas playas se acabó el agua de coco. El Aeropuerto Internacional de Brasilia se quedó sin combustible al igual que otras diez aerostaciones en el resto del país.

Productores avícolas del estado de Espíritu Santo, limítrofe con Río, entregaron gallinas y huevos frente a la Asamblea Legislativa en lugar de sacrificarlos o para evitar que gallinas y pollos se devoren unos a otros, como ocurrió en algunas granjas.

Con el correr de los días se hicieron cada vez más frecuentes las escenas de canibalismo político entre los miembros de la alianza conservadora que tomó por asalto el Palacio del Planalto en 2016, cuando cayó la ex presidenta Dilma Rousseff.

Hay una pelea dentro del oficialista Movimiento Democrático Brasileño (MDB), donde senadores se rebelaron contra Temer. Otra disputa enfrenta al MDB con sus aliados del Partido de la Socialdemocracia (PSDB), del expresidente Cardoso. Y un tercer plano de tensión coloca a algunos integrantes del gobierno contra el más que liberal jefe de Petrobras, Pedro Parente, que se conduce como un gerente de los accionistas privados de la petrolera al insistir en el incremento del gasoil y la nafta, hecho que motivó el enojo de los automovilistas particulares, que en algunos casos expresaron su simpatía con los camioneros. De momento Parente tiene más poder que Temer. Pero ni Parente está garantizado en su cargo.

Con el correr de los días el reclamo, que surgió como un lockout de empresas de transporte, escaló a una crisis económica que más tarde se hizo política.

La presidencia de la República está vacante: Temer continúa en el cargo cumpliendo una función tan decorativa como los cuadros modernistas de Di Cavalcanti que adornan el Palacio del Planalto.

Ese hueco de poder alimenta especulaciones de todo tipo. Incluso las que avizoran la suspensión de las elecciones del 7 de octubre. De ser así la primera víctima tiene nombre: Luiz Inácio Lula da Silva, el precandidato favorito con el 31 por ciento de las intenciones de votos.

Michel Temer le habla al viento: sus órdenes son seguidas por nadie. El jueves por la noche firmó una "tregua" para que se despejen las rutas que el viernes tenían más puntos intransitables.

Lo repudian las fuerzas democráticas y progresistas víctimas del golpe y la ultraderecha enquistada entre los promotores de los bloqueos.

El déficit de legitimidad de Temer no es menor que el de su gabinete dominado por ministros denunciados, y con pruebas, de corrupción. 

El repliegue del presidente la ingobernabilidad galopante, se enmiendan con la militarización del régimen. Desde el viernes pasado las manifestaciones de los uniformados están a la orden del día.

Hubo declaraciones de los generales Sergio Etchegoyen, ministro de Seguridad Institucional, y Joaquim Silva e Luna, titular de Defensa. El jefe del Ejército, Eduardo Villas Boas dijo que su fuerza participará en la liberación de los caminos y aseguró que se respetará la Constitución.

El capitán retirado del ejército Jair Bolsonaro, fue el primer pre-candidato presidencial que respaldó a los transportistas. En declaraciones publicadas hoy por site Poder 360, prometió que si es electo uno de cada tres ministros, será miembro de las fuerzas armadas, incluso el responsable del área de Transporte.

 

 

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