El relevamiento de variables macroeconómicas realizado por las consultoras y bancos para el BCRA
Expectativas irracionales
Consultoras del establishment, en línea con los intereses del Gobierno, subestiman la evolución de la inflación para condicionar las negociaciones paritarias a la baja.
Federico Sturzenegger, ex presidente del Banco Central.Federico Sturzenegger, ex presidente del Banco Central.Federico Sturzenegger, ex presidente del Banco Central.Federico Sturzenegger, ex presidente del Banco Central.Federico Sturzenegger, ex presidente del Banco Central.
Federico Sturzenegger, ex presidente del Banco Central. 
Imagen: NA

Las expectativas inverosímiles de inflación, que provienen de la enorme mayoría de las consultoras económicas y bancos de inversión, fueron funcionales al Gobierno en su objetivo de consolidar un proceso de ajuste en los salario. Las paritarias con tope se convalidaron en un contexto que dista totalmente al actual. En ese entonces, los consultores subestimaron los aumentos; condición necesaria para que el Ejecutivo negocie paritarias “tope”, prontamente superadas por el alza acumulada de los precios. En este marco, resulta relevante analizar los yerros de las principales consultoras económicas para poder enfocar, a la luz de los hechos, el tamaño de las divergencias y su impacto en materia de negociación salarial.

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza el BCRA es fiel reflejo de los errores en las proyecciones oficiales y privadas. Cabe mencionar, que cuando se habla del REM, se hace referencia a pronósticos sobre variables que el BCRA se encarga de recopilar a partir de las proyecciones que esbozan las consultoras del establishment. El informe, que se difunde mensualmente, debería captar, de manera neutral, las expectativas más posibles sobre la evolución de la inflación, tasa de interés, tipo de cambio nominal y actividad económica, entre otras. 

La muestra del REM dista de representar las expectativas de todo el espectro ideológico de analistas económicos. Más bien, lo que parece verificarse es un sesgo sistemático en una dirección exageradamente optimista, lo cual retroalimenta las decisiones erróneas por parte de los funcionarios, que conducen la política pública a partir de este reporte.

El derrotero errático de este relevamiento se puede comenzar a inferir indagando en su evolución. A principios de 2017, el REM proyectaba una inflación consolidada anual de 19,5 por ciento. A medida que los meses transcurrían, los incrementos de precios no daban tregua, y los pronósticos debieron ajustarse continuamente para converger “por abajo” al dato efectivo de inflación anual (24,8 por ciento). En abril, las “expectativas del mercado” para los doce meses subsiguientes marcaban una inflación de 17,9 por ciento. Hoy se sabe que la inflación anual entre abril de 2017 y 2018 fue 25,5 por ciento. El sesgo de las estimaciones fue de casi ocho puntos porcentuales. 

Para instituciones con “probada experiencia en el análisis de la coyuntura local”, como son presentadas las consultas en las consideraciones del REM, semejante brecha debe ser analizada desde una óptica que exceda lo estrictamente técnico-metodológico. Estos números fueron parte de la estrategia para imponer el techo de 15 por ciento a las paritarias.

Una primera hipótesis sobre este “error de expectativas” podría ser que las predicciones auspiciosas están basadas en un mero voto de confianza al equipo económico o tengan el objetivo de posicionar a la institución en un lugar de privilegio entre los analistas del establishment allegados al Gobierno. Otra posibilidad es que las predicciones tengan un riguroso basamento en la realidad económica. Analistas ortodoxos, confiados en la efectividad del Gobierno en controlar las subas de precios con solo el hecho de aspirar dinero en circulación. Así es que se produce un alejamiento entre la inflación efectiva y lo que se esperaría de acuerdo a los postulados –erróneos- de teorías inaplicables para economías con nuestra matriz productiva. 

Como no se puede tapar el sol con las manos, conforme avanza el año, el REM termina convergiendo a los verdaderos valores inflacionarios. En el último reporte de mayo, ya se proyectaba una inflación de 27,1 por ciento para el consolidado de 2018. Esta expectativa, es 5,1 puntos porcentuales más alta que la del mes anterior (22,0 por ciento). Los mismos voceros del establishment económico, que suelen subestimar la inflación, ya no pueden sostener un escenario de menor inflación que el año pasado. De hecho, de mantener el REM el mismo sesgo promedio de 2017, el año cerraría en una inflación de 31,4 por ciento, cifra que después de los detalles del acuerdo con el FMI ya no parece improbable. Por lo pronto, y habiéndose acumulado 12 por ciento de inflación en los primeros cinco meses del año, y restando aún el traslado a precios de la devaluación, el reciente incremento de las naftas y el aumento del transporte, el REM le pone un piso a lo que será la inflación de este año.

Pero el sesgo sobre la hipótesis inflacionaria no es el único: los errores que presentan las proyecciones de las demás variables relevadas no se quedan atrás. Por caso, el pronóstico sobre la tasa de interés de política monetaria ha presentado la misma subestimación sistemática. De esta manera, a inicios de 2017 se esperaba que el año finalice con una tasa nominal anual del 20 por ciento, cuando el dato efectivo fue 28,75 por ciento. El panorama no se muestra más auspicioso que el actual. Con un programa económico que no logró resultado alguno en materia inflacionaria, excesivo optimismo retórico en el Gobierno y sus analistas afines, y sin cambios en los factores estructurales del programa económico, es probable que el escenario se repita en 2018. 

La dinámica errática se observa también en el relevamiento de la tasa de política monetaria. Se va ajustando paulatinamente al alza, conforme se retroalimenta el proceso inflacionario. Así mientras que a inicios de año del REM se postulaba una tasa esperada de política monetaria del 21,8 por ciento, hoy está en el 40..

Los efectos negativos de la adopción religiosa de esas “expectativas irracionales” no debe ser subestimada. La aceptación irreflexiva de las sugerencias de analistas encumbrados suele retroalimentar los errores. El origen del actual proceso inflacionario no tiene que ver con un desvío inocente ni con la impericia; es un resultado buscado para redistribuir ingresos. En este escenario, se pone en valor el grado de fortaleza que puedan consolidar los principales agrupamientos sindicales para articular herramientas que permitan morigerar los efectos corrosivos de las subas de precios sobre los ingresos 

* Director de la Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de Avellaneda e integrante del Colectivo Economía Política para la Argentina (EPPA).

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