Una vida en poesía

"Hank" Chinaski, alcohólico y perdedor, álter ego de Bukowski, supo pronunciar: "Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado; un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple". Sin dudas la línea rectora de Felipe Aldana, que en derrotero fue titiritero, esperanza americana en la poesía, librero editorialista, performer; aunque nunca logró independizarse de sus padres, siempre aquejado por disminuciones físicas y la depresión.

Nació en Máximo Paz (1922), pero de pequeño vivió en Rosario. Su padre farmacéutico compró un inmueble en la calle Santiago, entre Córdoba y Rioja, distante a quince minutos del comercio de farmacia ubicado en calle Pellegrini esquina Alem. Al poco tiempo, en la escuela primaria al chico le detectan una disminución en la vista, afección corroborada en la consulta médica, queratocono, conminándolo al abandono de los estudios sistemáticos y atizando un estigma, decía: "Soy un lisiado... Es lo mismo que una pistola con balas en la recámara en manos de un niño".

Así y todo, funda con amigos egresados del Normal 3 el primer teatro de títeres de la ciudad con el nombre Retablillo de Don Cristóbal Calabazas, en claras consonancias hacia la "Generación del 27" española y su adalid: Federico García Lorca. Al respecto, señala el profesor Jorge Schiavoni, profuso lector de Aldana, que su obra posee una fuerte influencia de las generaciones literarias españolas de las primeras décadas del siglo XX. Significativo aval resultó para el joven entonces el saludo de León Felipe, que en visita a Rosario y al escuchar su recitado de Versos de juntadores lo llamó a ser "el Poeta de América".

Publica en las revistas rosarinas del cuarenta y el cincuenta, tales como Paraná, Espiga, Confluencia; recopilando los poemas en Un poco de poesía (1949) y en una edición poco después de su muerte denominada Los poemas del gran río (1977). Con una novela, Nadie es responsable, por muchos años inédita, cierto reconocimiento del pequeño campo intelectual rosarino y un sinnúmero de poemas sueltos, Felipe no encontraba independencia económica. Ideó un malogrado negocio de librería y editorial en la ciudad de Santiago del Estero, dilapidando los ahorros familiares. Volvió a Rosario. Entraba en frecuentes oscilaciones de carácter, esto lo preocupaba. No se conocían los alcances de lo que denominamos hoy depresión. Asumió el riesgo de una intervención quirúrgica promovida en esos años por un cirujano eminente: la lobotomía. Luego de tal decisión, el poeta no fue el mismo, el alcohol y la desesperanza tomaron su rumbo.

Autodidacta de una vastísima cultura, pretendió rubricarla con estudios universitarios. Los exámenes en abogacía de la ciudad de Santa Fe se hacían interminables, como también las polémicas promovidas por un hombre cooptado ya por la bebida y el rencor. Son famosas las anécdotas que describen a Aldana impartiendo cátedra bajo un puente a indigentes, mientras su familia lo buscaba desesperadamente por comisarías y hospitales, o matándose a golpes con desconocidos. Y así se apagaron sus días en compañía de hermanos y una querida amiga casada con el vecino de toda la vida, Beatriz Vallejos.

Reconocido es su Poema Materialista, lo interpretó a modo de performance en Amigos del Arte en el año 1948 y publicado post mortem en la revista El lagrimal trifurca, en 1974. Coronado con el silbido de la Séptima Sinfonía de Beethoven declamaba: "Nadie nada no/ no vale nada?/ Pero si está bien.../Yo voy a salir".

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