Temporada de ballenas: excursiones y consejos para conocerlas a fondo
La visita más esperada
Con el comienzo del invierno empiezan a llegar las ballenas francas australes a la Península Valdés, buscando las aguas calmas de los golfos Nuevo y San José. El avistaje es un espectáculo inolvidable.
Una experiencia inolvidable: el avistaje submarino de la ballena franca.Una experiencia inolvidable: el avistaje submarino de la ballena franca.Una experiencia inolvidable: el avistaje submarino de la ballena franca.Una experiencia inolvidable: el avistaje submarino de la ballena franca.Una experiencia inolvidable: el avistaje submarino de la ballena franca.
Una experiencia inolvidable: el avistaje submarino de la ballena franca. 

El avistaje de ballenas hace de la provincia de Chubut un destino imperdible. Desde junio hasta diciembre se produce uno de los sucesos más esperados que convoca a miles de turistas todos los años: la llegada de la ballena franca austral a la Península Valdés. En ésta época del año, las ballenas ingresan a los golfos Nuevo y San José en busca de aguas calmas para cumplir su ciclo reproductivo. Lo hacen de manera esporádica, de a poco, luego de haber pasado una o dos temporadas alimentándose de krill en las aguas frías del hemisferio sur. De cuerpo oscuro, agrisado y negruzco, regordeta y sin aleta dorsal, la ballena franca posee en su gran cabeza ciertas callosidades que permiten diferenciar unas de otras y que a su vez son una especie de ícono distintivo de este tipo de cetáceos. Cada ejemplar, de manera solitaria, se ubica en las zonas más tranquilas para parir y criar a su ballenato, en tanto los machos tratan de mantenerse cerca. 

Con casi 40 años de historia, los avistajes comenzaron en la década del 70, cuando algunos barcos que navegaban por la península notaron que las ballenas se acercaban curiosas y que al percibir la presencia del hombre, no huían, sino que mostraban sus colas, realizaban saltos e incluso nadaban en círculos alrededor de las embarcaciones. Hoy la situación es idéntica, pero el paso del tiempo, el surgimiento y la institucionalización de los avistajes, el aporte científico para leer correctamente los comportamientos y hábitos de la especie y, sobre todo, la presencia constante de los cetáceos, hizo que la ballena franca austral se transformara en una pasión argentina y patagónica.

Ciudades como Puerto Madryn, Puerto Pirámides y Trelew reciben la visita masiva de turistas de todas partes del mundo, deseosos de ver las famosas ballenas, tanto desde la costa como desde las embarcaciones que ofrecen algunas empresas de turismo para hacer los avistajes. Septiembre y octubre son los meses ideales para poder hacer estar excursiones y vivir una experiencia única y deslumbrante. A sólo 15 kilómetros de la ciudad de Puerto Madryn se encuentra el Área Natural Protegida El Doradillo, uno de los mejores sitios para ver de cerca las rutinas de cortejo, nacimientos y la manera en que las ballenas madres enseñan a sus crías a nadar de una punta a la otra de la playa. Este paraíso de estepa, mar y fauna, y de playas muy extensas, permite a los visitantes encontrarse con estos imponentes cetáceos a apenas unos metros de distancia. Por otra parte, la playa Las Canteras, de aguas profundas y calmas, posee las características ideales para que las madres cuiden y amamanten a sus crías recién nacidas, a la vez que descansan de su extenuante migración.

Otros protagonistas del Sur

A partir de septiembre, y hasta marzo, podemos encontrar otro singular personaje en las costas de esta zona: el pingüino de Magallanes. En las cercanías de Puerto Madryn existen 7 colonias que varían en cantidad de ejemplares y especies. También hay otras colonias de reproducción numerosas en la de la Estancia San Lorenzo, y en la Reserva El Pedral, en Punta Ninfas, que forma parte de la reserva de biósfera de la Unesco. Por la Ruta 3 hacia el sur, a 170 kilómetros de Madryn, el Área Natural Protegida Punta Tombo aloja a la colonia continental de pingüinos de Magallanes más grande de América, con casi un millón de ejemplares. Se los puede ver en sus nidos y en su relación con el mar para buscar alimento. Estas propuestas pueden contratarse a través de agencias, e incluyen días de campo con asado de cordero patagónico, alojamiento en hoteles de campo y excursiones para descubrir fósiles en los acantilados y cañadores que desaguan al mar.

Por su parte, los elefantes y lobos marinos se dejan ver en varios puntos de la costa de Chubut, como las reservas de Punta Loma y Punta Pirámides. En las playas de Punta Norte, entre los meses de septiembre y abril, las orcas también se asoman para buscar presas. Esperan a que la marea suba y en cuanto ven la oportunidad se encallan en la playa para poder capturar crías de lobos marinos y alimentarse. 

Las mejores excursiones

El avistaje que se realiza en embarcaciones con capacidad para 20, 30 o 40 personas. Las excursiones parten sólo desde Puerto Pirámides y se contratan en alguna de las agencias de turismo del lugar. Las salidas suelen tener horarios prefijados que depende principalmente de la demanda de turistas y de las condiciones climáticas. Por su parte, el avistaje costero es una experiencia totalmente diferente, complementaria a los avistajes embarcados que se ofrecen en Puerto Pirámides, el único pueblo dentro de la reserva natural Península Valdés. En lanchas, gomones y catamaranes, estas excursiones tienen una duración de una hora y media aproximadamente, y se pueden realizar durante por la mañana o al atardecer. Los visitantes son acompañados por guías con muchísimo conocimiento, expertos en divisar ballenas a lo lejos.

Una de las últimas propuestas turísticas es la llamada “Yellow Submarine”. Se trata de la primera embarcación diseñada especialmente para avistar ballenas, donde los pasajeros pueden circular libremente y observarlas en superficie desde la cubierta superior (como en una salida tradicional), o desde la cabina submarina para verlas como si bucearan con ellas. Bajo el agua, los pasajeros cuentan con 40 ventanas de observación submarina, cada una con su propio asiento. Esta excursión cuenta, además, con hidrófonos para poder escuchar los sonidos que emiten las ballenas. Tiene una duración de casi dos horas con un valor de 2800 pesos los adultos y 1400 pesos los niños de 4 a 12 años. Hay que tener en cuenta que el horario de salida está sujeto a modificaciones en función de las condiciones meteorológicas, que incluso puede provocar la cancelación de las mismas. 

Sin ser una excursión solamente de avistaje, las navegaciones del “Regina Australe” por las costas de Puerto Madryn suelen incluir el avistaje de ballenas entre mayo y diciembre. El Regina es un gran catamarán, que ofrece servicio de comidas a bordo y un deck en la cubierta para disfrutar de las vistas y el aire libre los días de sol. La navegación se extiende tres  horas y cuesta 600 pesos para mayores de edad y 500 pesos para menores de 4 a 12 años. La boletería está abierta los días de excursión, a partir de las 9 de la mañana, en el ingreso al Muelle Luis Piedrabuena. En el camino de ida o vuelta de Península Valdés, se recomienda visitar el Centro de Interpretación Istmo Ameghino, donde hay información didáctica sobre la flora y fauna de la zona, y hasta una réplica a escala de una ballena.

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