Cuestiones de género en 100 días para enamorarse
Signo de los tiempos en TV
La ficción de Telefe se metió de lleno con cuestiones de género y transexualidad, a través del personaje que encarna Maite Lanata. La escena que compartió con Nancy Duplaá y Sandra Mihanovich fue una demostración de madurez por parte de la ficción argentina.
La charla lució como una sólida guía didáctica para el espectador sobre un tema complejo.La charla lució como una sólida guía didáctica para el espectador sobre un tema complejo.La charla lució como una sólida guía didáctica para el espectador sobre un tema complejo.La charla lució como una sólida guía didáctica para el espectador sobre un tema complejo.La charla lució como una sólida guía didáctica para el espectador sobre un tema complejo.
La charla lució como una sólida guía didáctica para el espectador sobre un tema complejo. 

“Me siento medio de las cavernas”, confiesa Antonia (Nancy Dupláa), visiblemente avergonzada y nerviosa, cuando la psicóloga (Sandra Mihanovich) le explica que sexualidad no es lo mismo que género. “El único miedo que yo tengo es que mi hija sufra, eso me mata”, agrega, ante la posibilidad de que su hija Juani (Maite Lanata) esté padeciendo –interna y externamente– el proceso de búsqueda de identidad por el que está atravesando. “Yo sufro, ma. Yo sufro. Todo el tiempo sufro. Pero quiero que me vean como me siento. Aunque me dé mucho miedo, quiero que me vean así, como me siento. Como soy, como quien soy”, le responde Juani, no sin temor, pero con la seguridad y la necesidad de querer ser como realmente se siente desde que nació, más allá del qué dirán y de lo que su cuerpo expresa. La escena –emotiva, compleja– formó parte del capítulo del lunes de 100 días para enamorarse, la ficción de Telefe (lunes a jueves a las 22.15) que con sensibilidad y seriedad instaló en su trama la problemática de la identidad de género sin temor a espantar, sino más bien con la idea de brindar herramientas para comprender.  

Mientras el debate público y mediático argentino suele estar contaminado de interlocutores que por ignorancia o formación ideológica prefieren señalar a las minorías antes que ayudar a entenderlas, la ficción argentina dio el lunes una señal de maduración desde la trama de 100 días para enamorarse. La producción de Underground volvió a demostrar que la identidad de género no es un elemento más de su trama sino un eje temático dispuesto a abordar y profundizar en el tiempo. La búsqueda de la identidad de género de Juani, lejos de reducirse a la sexualidad, funciona como la excusa que encontraron Ernesto Korovsky, Silvina Fredjkes y Alejandro Quesada para poner en el prime time de la TV argentina la complejidad alrededor de la identidad sexual. El reconocimiento de la propia identidad, la aceptación propia y de los demás de dicho descubrimiento, encontraron en el personaje adolescente de Juani apenas un recurso para abrir conciencias.

El respetuoso y cuidadoso tratamiento con el que 100 días... venía abordando esa temática concentró en la escena del episodio del lunes la atención en Antonia, la mamá de Juani, en su dificultad de comprender pese a su amor por ayudar y contener a su hija. Una mamá que –hasta la charla con la psicóloga especialista en identidad de género– sólo entendía que a su hija “le gustaban las chicas”, por lo que le expresa a la profesional su confusión respecto a lo que le sucedía a Juani. “Yo no me siento cómoda con mi cuerpo. Las cosas femeninas, las cuestiones femeninas me ponen incómoda”, le explica la adolescente a la profesional, cuando le pregunta sobre los motivos de la consulta. En ese momento, la psicóloga explica lo que muchos –padres, televidentes, ciudadanos– desconocen: que sexualidad y género no son lo mismo. “Hay algo que me parece que tiene que quedar claro y es que sexualidad y género no van de la mano, no es lo mismo, son cosas diferentes. Lo que me parece que Juani está queriendo indagar, si no me equivoco, es lo que tiene que ver con su identidad de género”, analiza, en modo introductorio a una escena que tuvo rasgos pedagógicos para los televidentes.

Psicóloga: –En estas épocas, lo que abunda es la sobreinformación. Los chicos están solos, se meten en internet a indagar, investigar, arman sus propias construcciones. Por eso lo importante es dar con profesionales idóneos que conozcan de la temática trans. 

Antonia: –Ella... Juani... sería un chico trans, ¿no?

Psicóloga: –Los términos transgénero y gay a menudo se confunden, pero no es lo mismo. La persona transgénero tiene relación con su identidad de género. Una persona transgénero puede tener la misma orientación sexual que una persona cisgénero, puede ser heterosexual, gay, bisexual, asexual.

Antonia: –¿Cisgénero?

Juani: –Son las personas que su identidad de género coincide con el sexo que le asignaron al nacer. O sea como vos.

Antonia: –¿Yo soy cisgénero? Ah, ok.

Psicóloga: –Por ejemplo, transexual masculino: si te gustan las chicas sos heterosexual, si te gustan los varones sos gay, si te gustan las chicas y los chicos sos bisexual. En fin...  No importa importa con quién le guste salir. En definitiva, es un hombre. 

Antonia: –Perdón, me siento medio de las cavernas. El único miedo que yo tengo es que ella sufra, eso me mata.

Juani: –Yo sufro, ma. Yo sufro. Todo el tiempo sufro. Pero quiero que me vean como me siento. Aunque me dé mucho miedo, quiero que me vean así, como me siento. Como soy, como quien soy. ¿Sí, ma?

Antonia: –Claro, mi amor. 

Psicóloga: –No les voy a mentir. No es un proceso fácil. Es difícil, es largo. No hay una sola manera. Va a ser lo que Juani elija, hasta donde Juani elija. Hay una ley que protege sus derechos de identidad.

“En el capítulo tratamos de ponernos en el lugar del personaje de Nancy, de la madre de una adolescente, preguntándonos qué hace, con quién lo habla, cómo es... Por eso se nos ocurrió incluir a esta psicóloga, esta especialista que hizo Sandra Mihanovich, que le dio forma a esta explicación necesaria. Que es tan simple como eso: hay que preguntar para enterarse”, le explicó a PáginaI12 Ernesto Korovsky, uno de los autores de la ficción. El guionista admite que la complejidad de la temática los llevó no solo a contactarse con chicos trans y con sus padres, sino también desde la gestación de 100 días... con la ONG Familias diversas. “Cualquier duda –remarca– tratamos de vehiculizarla por ahí, para estar seguro de lo que decimos, y no meter la pata”.

El autor de ficciones como Educando a Nina, Viudas e hijos del rock and roll, Los vecinos en guerra y Graduados, entre otras, no tiene dudas de que una de las tareas de cualquier expresión artística es la de aportar a que los cambios sociales sean mejor aceptados. “El teatro –dice– es el mejor espejo de la humanidad, diría Hamlet. En este caso, la televisión, porque lo interesante es que el personaje de Juani es como un extremo... Pero a todos los adolescentes les pasa más o menos lo mismo, se miran en el espejo y se preguntan quiénes son, qué pasa con su sexualidad, con su genitalidad... Les pasa a los que hoy son adolescentes y a los que alguna vez lo fuimos”. 

 

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