Lanata, Silvina Bosco y Jazmín de invierno
Naturalizar la crueldad
En la obra que se ve en el Centro Cultural San Martín, la cotidianidad aparentemente amorosa de una familia es la pantalla de una oscura situación de maltrato infantil.
Lanata y Bosco protagonizan la obra de Corina Fiorillo.Lanata y Bosco protagonizan la obra de Corina Fiorillo.Lanata y Bosco protagonizan la obra de Corina Fiorillo.Lanata y Bosco protagonizan la obra de Corina Fiorillo.Lanata y Bosco protagonizan la obra de Corina Fiorillo.
Lanata y Bosco protagonizan la obra de Corina Fiorillo. 
Imagen: Carolina Camps

Que no todo es lo que parece, o que las apariencias engañan, parecen ser las premisas subliminales de la construcción narrativa de Jazmín de invierno, la obra teatral escrita por Carla Moure y dirigida por la prolífica Corina Fiorillo. Una escena familiar introduce al público en la historia. Miguel (Roberto Vallejos) y Julia (Silvina Bosco) preparan un festejo de cumpleaños para su hija Jazmín (Maite Lanata). Pero esa cotidianidad amorosa oculta el vínculo real que mantienen desde que la pareja decidió secuestrar a la joven cuando era una nena. Desde entonces, por miedo o inconsciencia, los tres conviven naturalizando la crueldad hasta que aparece un cuarto personaje (Roco Sáenz) que desestabiliza su rutina. Basada en casos reales, la pieza aborda la problemática global del maltrato infantil, desde un amplio espectro, logrando visibilizar delitos como el abuso, la privación de la libertad y la violencia de género. 

“Esta obra es un thriller social, y cuando leí el material me pareció un desafío interesante la posibilidad de crear en el teatro los climas y el misterio que el género requiere”, cuenta Silvina Bosco, quien se sumó al proyecto convocada por Fiorillo, a quien siempre vuelve a elegir como directora luego de varias puestas compartidas (El avaro, Miembro del jurado, Tres, La sombra de un perfume). 

Maite Lanata, por su parte, pasó a integrar el elenco de la mano de la autora, motivada por la temática social de su personaje y su deseo de tener su primera experiencia teatral. “Tenía ganas de hacer teatro y el papel de Jazmín era lindo de transitar, porque al ser una historia basada en hechos reales pude laburar e investigar mucho”, asegura la actriz. “Lo interesante de la obra es que no se ve sólo la mirada de mi personaje que parece ser la víctima”, agrega. En este punto, Bosco coincide: “En la obra no hay buenos ni malos, sino una mirada humana, porque en ella se ve que los personajes, que tienen psiquis absolutamente trastocadas, tienen sus propias tragedias personales, internas, lo cual explica su forma de accionar”.  

–La obra aborda un caso de maltrato infantil, en el que también se observa violencia de género...

Maite Lanata: –Lo interesante es que no se expone la situación de violencia tan gráficamente, pero sí se da a entender lo que está pasando en esa casa. Jazmín no está en contacto con otras personas, vive con esos roles de padre y madre y no tiene noción de lo que ocurre afuera. No sabe lo que está bien ni lo que está mal. No conoce otra realidad. 

Silvina Bosco: –Esta es una obra necesaria. Este tipo de casos pueden escucharse en los noticieros, pero llegan de otra manera y hacen tomar conciencia y reflexionar si aparecen en una obra junto con una música, un texto y una mirada poética. Es ahí cuando uno siente la función social del arte y descubre por qué lo eligió como lugar en el mundo para hacer algo. 

–Al final de la función, como lo hacen otras actrices, ustedes toman la decisión de hablar de la campaña del aborto legal. ¿Qué mirada tienen respecto de este debate histórico?

S. B.: –Yo no estoy a favor del aborto, sino a favor de la legalización y la despenalización, y por eso me pareció que era interesante expresar esa idea al final de la obra. Coincidimos con la gente que se define “provida”, y usa el pañuelo celeste, en que se necesita educación sexual para decidir y anticonceptivos para no abortar, pero no logramos ponernos de acuerdo en el hecho de que con el aborto legal no va a haber más cantidad de abortos, pero sí van a morir menos mujeres. En esta obra, y en otras, hemos sacado el pañuelo verde y hemos hablado, y hay gente que se para y se va. Es por eso que se nos ha pedido que lo consideremos porque parte del público se siente incómodo y entonces, aunque no estamos obligadas a dejar de hacerlo, decidimos no hacerlo más. Pero la lucha continúa en otros ámbitos. 

M. L.: –El aborto es una problemática social. En algunos casos, la discusión se intenta desviar hacia el lado del origen de la vida, pero ese no es el punto porque no estamos debatiendo eso, sino que estamos hablando de chicas que mueren por abortar en lugares clandestinos, en condiciones deplorables. Creo que son las generaciones adultas las que están más en contra de tratar estos temas, porque siempre cuesta aggiornarse a los nuevos paradigmas.  

* Jazmín de invierno puede verse en el Centro Cultural San Martín (Sarmiento 1551), los sábados a las 20 y los domingos a las 19. Ultima función: domingo 29 de julio.

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