TEATRO INCLUSIVO
TODOS PARA UNO
Este fin de semana, además de las versiones regulares del musical Los tres mosqueteros, la productora The Stage Company presenta una función adaptada a niñxs que viven con autismo.

Los cuatro mosqueteros inseparables que sirven al rey Luis XIII, del clásico de Alejandro Dumas, un best seller que no ha dejado de editarse jamás, viven bajo el lema “Todos para uno y uno para todos”. Una consigna que por estos días se resignifica con la función especial de la productora The Stage Company. Sucede que a las versiones musicales y para niños de la obra que narra las aventuras del novato D’Artagnan se agrega una función modificada para que pueda disfrutar de la puesta un público con personas que se encuentran en distintos niveles del espectro autista. “Chicos y chicas que en general no llegan a una función de teatro porque pueden surgir incomodidades propias y por parte de los espectadores que están sentados al lado, porque en algunos casos hacen movimientos constantes, o necesitan pararse cada tanto, o emiten algún sonido o reaccionan en distintas partes de la obra que no son las que en general provocan reacciones en el público (el remate de un chiste, por ejemplo)”, cuenta Carla Calabrese, directora general de The Stage Company y embajadora en estas tierras de las funciones distendidas. 

¿Qué significa que la función sea distendida? La sala está adaptada para que los niños que viven con autismo puedan ver la obra con los apoyos necesarios. Estos son: que no haya apagones y la luz permanezca encendida durante toda la función, que se baje el volumen del sonido, tanto de la música, como de la voz de los actores y los efectos especiales (“estamos acostumbrados a un nivel de sonido muy alto, tanto en las obras de teatro como en el cine. Es una convención. Y si es un musical, más aun. Y para ellos ese sonido es ensordecedor”). También se acota el texto para que no dure más de una hora y cuarto –algo que en el caso de Los tres mosqueteros no fue necesario- y se reducen los movimientos de las luces en el escenario: “quedan fijas, no se usan focos estroboscópicos, algo que también suele afectar la sensibilidad de estos niños”. Además, hay una parte de la sala que se convierte en zona de descanso, para los que necesiten apartarse de la ficción y de los ruidos por un rato: “toda la sala es un espacio en el que pueden emitir sonidos, pararse, bailar y toda la sala está relajada”.

Calabrese conoció este tipo de funciones (“relaxed performances”) en un viaje a Newcatle durante una gira de la compañía en 2015. “A partir de ahí empecé a investigar y tomé consciencia de lo importante que es que quienes trabajamos en el ámbito teatral nos acerquemos a estos otros modos de hacer. No es mucho el tiempo que lleva preparar al elenco y a los técnicos para armar una función como ésta”. Las funciones distendidas se empezaron a popularizar en Inglaterra en 2013 a partir de una puesta pionera basada en el novela juvenil The curious incident of the dog in the night-time, de Marc Haddon, narrada como una suerte de colisión contra el mundo adulto desde el punto de vista de un adolescente, Oliver, genio de las matemáticas, que vive con autismo de alta funcionalidad. Oliver investiga la muerte de un perro y a partir de eso desentraña las intrigas de su familia. Lo hace intercalando cartas, entradas de diario íntimo, dibujos, apuntes y esquemas que el personaje crea y despliega para entender un mundo que lo rodea y que sigue su curso sin demasiadas intensiones de bajar el volumen y ralentizar la marcha para que todos puedan subir.  Hoy en Inglaterra la mayoría de las grandes producciones del West End, incluido el shakespereano Teatro del Globo, ofrecen funciones de este estilo; también son comunes en Finlandia, Suecia y Canadá. Cuenta Carla: “En otros países lo hacen a través de la ONG Mousetrap Theatre Project. Nosotros lo hacemos directamente desde la productora después de asesorarnos con psicopedadogos, todo tipo de profesionales y los chicos interesados en venir”. 

Los actores se preparan para ser interrumpidos por el público frecuentemente y ya saben que tiene que seguir adelante con la letra. También se entrenan para seguir el tiempo sin las marcaciones, que usualmente están dadas por el sonido y las luces. Lo hacen desde 2015 y ya lo probaron con otros dos musicales para niños: Shreck y Marco Polo. En el caso de Los tres mosqueteros, donde la constante son los duelos de espadas, “una de las tareas más difíciles fue adaptarlos para que no sean disruptivos, violentos”. Lo resolvieron ensayando peleas en cámara lenta, “así el público puede seguir la trama sin encontrarse con esos momentos de estridencia. También hay canciones que terminan en agudos muy marcados, cantados por sopranos, así que suavizamos esas notas”. 

Lejos de las imágenes estereotipadas de niños burbuja y rostros detrás de un vidrio empañado, como metáfora poco original del aislamiento, lo que se puede ver en estas funciones es que “los chicos disfrutan un montón del espectáculo con estas adaptaciones. Las familias salen felices de haber podido hacer una salida con todos sus hijos. Se beneficia a muchas más personas de lo que uno creería, todas las veces que lo hicimos el Maipo se llenó. Estaría buenísimo que otras compañías lo adopten. Es más: nos ofrecemos a asesorar a cualquiera que quiera probarlo para que no sea algo que sólo hacemos nosotros”.

Única función: sábado 21 de julio a las 12 en el Teatro Maipo, Esmeralda 443.

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