Con tristeza y con alegría

Contribuyente: ELIZETE CARDOSO. CUIT 27 98365366 1. Clave fiscal: enero2018. Correo electrónico: [email protected]. Contraseña: Manhã De Carnaval!

Ahí tenés el mundo, sin Kafka sin Gardel y sin Le Pera.

 

Dos copas de vieja cerveza permanecen desde ayer sobre la mesa, intactas, se pronuncia la dejadez en cada bocanada de humo, Kafka se presenta desnudo y después de saludar en el baño de la Afip se masturba. A esta altura me pesan las ropas les cuits y les claves fiscales, les formularios y les mostradores. La ciudad quieta muda respeta y duela y vela y vuela la ciudad inmune a su ausencia como mi canción acaba con ella.

Franz se abrocha el último botón de su bragueta.

Nos tocó el  número el BCG 108, nunca sabés cuánto te espera porque continúan empecinados en llamar al AA 14 al BA 19 y al BB que llora pero del o de la BCG108 ni noticia. Después, esas sillas color naranja, como un todo, son la expresión del encierro, no podés cruzar las piernas, casi como un cordero agachás la cabeza para que te crucifiquen.

Bueno ¿de qué querés que charlemos? Solamente podemos hablar mal de los feos, las parejas de enanos de los pelados con betún de los que no sé qué se creen y de los que portan cara de perdedor de acá hasta que choque China con Africa.

Hermoso lugar de citas elegimos Bea y yo. ¡Si yo tengo un ojo para elegir lugares! Ni me culparé ni me exculparé. En definitiva tuvimos que ir o debimos ir.

No nos citamos ahí para recitar versos ni para hablar de Roberto Arlt ni de John Cheever y ni siquiera de todo lo que no hablamos de literatura con nombre y apellido porque nos gusta la palabra y saboreamos baldosa fresca, todo es novedad para cada cual. Piensen lo que quieran. ¿El relato termina bien? Ni yo lo sé. No se dejen engañar.

Sin embargo, nuestro señor de la AFIP, lógicamente aquel que nos tocará cuando llamen al BCG 108 vaya a saber con qué nos sale, porque en esos lugares las leyes de Murphy habitan las oficinas como las ánimas moran en ciertos castillos de Rumania donde el Conde se nos aparece en la circunstancia menos pensada y mejor que sea el film del 31 protagonizada por Boris Karloff.

Ni siquiera somos hijos del rigor. Pasaron años desde que se conoce el relato El traje nuevo del emperador. Y decime: ¿Qué aprendimos? Aprendimos que a un señor que se le llama vampiro le gusta chupar la sangre de los otros pero nos repulsa la palabra chupasangre. Como si acaso el pan, la carne, las verduras no se transformaran en sangre y vemos que debemos esperar que nos roben la carne las verduras el pan pero ¿chupasangre? Naa, chupasangre no es, es buen tipo y ya no falta nada para contar una anécdota sobre el malhechor de quien vive con síndrome de Estocolmo.

Bueno, finalmente nos distrajimos y la cuestión es que el funcionario atiende en el escritorio Nº 8. Y es el único. Y no sabemos si es Franz pero sí sabemos que lo único que lleva por atuendo es una corbata más bien berretona, ora sobre las sienes ora sobre su cabello ensortijado entre su cuello y su abdomen. Si Abominable, no, no usa anteojos. A decir verdad, continuamos hablando pavadas con Beatriz porque si tomásemos por objeto de estudio al empleado de la AFIP Piaf Edith, nosotros no seríamos ni Roberto ni Cravero ni Don ni Ata ni Yu ni Panky. Divagamos y nos vamos cambiando de manos los DNI y sus copias y repreguntamos si es original y la charla se deriva en los diversos barrios y casas y plantas y sueños ancestrales a punto tal que busco en el celu por la noche cuando nadie me ve a Calderón de la Barca y a Don Miguel de Cervantes Saavedra para decir que la vida es sueño. Nos coge de a ratos una modorra.

Increíblemente, el tablero avanza, llamaron al BCG 107 y tengo el pálpito de que el tipo se cansó y se pegó el piro como Don Curro el Palmo. Le vuelven a dar chance al BCG107. Miramos en derredor, nadie se mueve, momento paralítico. Estamos a punto de dar el gran salto del escritorio número 8 con su corbata como único atuendo.

Doy un respingo porque apareció en pantalla el BCG108, Beatriz no tiene tanta premura o inspiración. Bueno, es como el tren fantasma. Salir salís, ahora, el miedito que te dejaba, procuro olvidarte siguiendo la ruta de un pájaro herido…

Llegamos juntos al escritorio número 8. Observo sobre la izquierda del escritorio lo que se me ocurrió: un pote de alcohol en gel con pico vertedor. Y bueno, al fin y al cabo Franz nos atiende lo mas bien, sería de los últimos formularios que completaría, no nos pregunten si él sabìa o no, tonto no era, la ambulancia estaba parada en la puerta de la Afip Piaf. Se lo llevarían, quizás una jubilación de privilegio, tal vez se cansó de los números, de los formularios, de los papeles amarillentos y decidió descansar de tanto contribuyente de quien opinaba que no debía estar ahí sino del otro lado del mostrador. Sabrían bien que estarían financiando un arsenal para tirar contra su propio pueblo. Nuestro Franz se tiró a muerto. Terminamos el trámite y tomamos una cerveza en el bar de la esquina. Cumplimos nuestro cometido y un halo de humanidad sobrevoló nuestra mesa. Brindamos con tristeza y con alegría.

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