Histórica jornada sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo
Palabras, performance y activismo por el aborto
Imagen: Dafne Gentinetta

Lo que pasó el martes en el Teatro General San Martín fue histórico. Otro hito más a los que nos viene acostumbrando la marea verde. Durante seis horas, el hall central estuvo lleno de gente siguiendo una Jornada intensiva de reflexiones, conversatorios y miradas artísticas en torno a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Cerró la escritora Claudia Piñeiro, definida como la rock star de esta lucha, con dos ideas: esta ley es una conquista colectiva y es histórica. Y finalizó con un pedido: “Esta ley solamente va a salir si el 8 vamos todos a la calle. Si llevan a sus amigos, a sus hermanos, a su mamá. Esta vez necesitamos estar todos. Démonos las manos para que la ley salga”. Estuvieron además, otras tantas rock stars del feminismo, como Dora Barrancos y Diana Maffía, que sacaron aplausos y risas al público con sus acostumbrados duelos de inteligencias. Luciana Peker hizo lo suyo en la apertura y hubo muchas, muchos, muches más. En el pañuelazo final, sobre las once de la noche, mostró el cansancio y la alegría por todo lo hecho y lo poco que falta.

“Debates urgentes. Miradas en torno a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo” fue el título de la maratón de palabras, performance y activismo que se vivió el martes desde las cinco de la tarde a las once de la noche en el Hall Central Alfredo Alcón del Teatro General San Martín.

La movida fue impulsada por un grupo de compañeras del Teatro, entre ellas Florencia Polimeni, Irupe Tentorio, Verónica Parizzi, Ana María Suppa, Ana Bovino y Melisa Redondo.

Piñeiro, figura clave para darle visibilidad a la militancia por el IVE, llegó sobre el final. “Este evento nos devolvió un poco de buen humor y de energía positiva. Venir acá es una alegría. Dos cosas les quiero decir. O tres”, empezó, mientras el público le anticipaba que tenía todo el tiempo del mundo para escucharla, aunque fueran cerca de las once y estuvieran ahí desde las cinco. “Esto es una conquista colectiva, lo hicimos entre todas. Las escritoras nos copiamos de las actrices, y así nos fuimos copiando”, siguió. Después habló de las mentiras que se han dicho a lo largo de estos meses de pujas políticas en torno a la ley: “Nos dicen que en Salta no quieren la ley, nos dicen que en Jujuy tampoco… Siempre es mentira. Vamos a las provincias y encontramos compañeras decididas a luchar por esta ley”. Definió así el movimiento como colectivo, transversal a todos los partidos políticos y a todas las generaciones.

El segundo punto de su discurso fue dejar sentado el carácter histórico de lo que está sucediendo. “En nuestro país, desde la vuelta a la democracia no hemos luchado con tanta fuerza por conseguir un derecho. Llegamos hasta acá después de luchar mucho, estamos hartos, indignados de las cosas que nos dicen”. Alguien se molestó por tanto masculino genérico en su discurso pero la voz y la presencia de Piñeiro han sido tan importantes en esta lucha que se lo dejó pasar.  “Tienen miedo a nuestra vida sexual. Ese es el problema”, seguía ella. Al final, como había hecho la cantante y compositora Paula Maffía unas horas antes en el mismo escenario, pidió que el 8 “estemos todos”.

La Jornada había empezado varias horas antes, con la presencia de otra rock star del periodismo feminista: Luciana Peker, que acuñó el concepto de “la revolución de las hijas”. “Hay una ruptura de género y generacional con el poder político. Las chicas son las que llevan la batuta: las que levantan la voz, las que mandan, marchan, conducen, cantan y piden por ellas en su singularidad vital y libertaria. Son las pibas de pañuelos y puños en alto”, recordó en ese piso lleno de esas hijas y también de madres y abuelas.

Luego de ella, siguió la primera vigilia artística “Confesionaria - Nosotras Proponemos Literatura”, coordinada por Cecilia Szperling, en la que participaron leyendo textos numerosas mujeres de las letras, entre ellas Marina Yuszczuk, Cecilia Fanti y Tamara Teneumbaum.

El conversatorio “El cuerpo como campo de batalla. Senado y después” fue moderado por la periodista Hinde Pomeraniec y contó con la participación de la socióloga e historiadora Dora Barrancos, la doctora en filosofía Diana Maffia, Muriel Santa Ana del colectivo Actrices Argentinas y Jenny Durán de Campaña Nacional por el derecho al aborto legal.

El intento de incorporar la objeción de conciencia institucional para que pueda ser aprobada la ley de IVE fue uno de los temas centrales de la charla. “El instituto extraordinario de la objeción de conciencia cambió de sujeto portable. En el siglo XIX la hacían los sujetos que se oponían absolutamente a lo que sería la decisión del Estado, tenía que ver con negarse a ir a la guerra por ejemplo. Era para anteoponer una voluntad progresista a una reaccionaria. Lo que tenemos hoy es un cambio completo de quien efectivamente esgrime la objeción de conciencia”, explicó Barrancos.

Luego se preguntó a qué se refiere la objeción de conciencia médica. “¿Es posible pensar que el grupo de médicos es en mayor medida adherente a la religiosidad a las confesionalidades tan exigentes? ¿Es posible identificar en el cuerpo médico una mayor adhesión a la trascendencia? No –respondió-. Es algo patriarcal de la medicina. El médico es el que decide sobre los cuerpos. Esto es doctrinario y es fáctico. Es por ahí que hay que interpretar el problema de la patrimonialidad. La decisión no la pueden tomar ellas, va contra la esencia”.

Después fue más allá y habló de la imposibilidad de que una institución pueda ser objetora de conciencia: “Conciencia tienen los sujetos de carne y hueso, las instituciones pueden tener practicas descalificantes, tradiciones… pero no tienen conciencia. Es un desquicio filosófico. ¿Cómo alguien va a atribuir conciencia a la mesa? Además sería un desquicio desde el punto de vista de la técnica legislativa”. Un poco más allá Maffía hizo un ejercicio de para entender el “sinsentido” del planteo. “Si soy Testigo de Jehová me puedo negar a la transfusión de sangre. ¿Alguien pondría un servicio de hematología en manos de Testigos de Jehová? Es un sinsentido. Esto es lo mismo”.

Profundizando en el absurdo, dijo: “Ahora resulta que las mujeres no tenemos conciencia, pero los zigotos y los hospitales tienen”. Luego se explayó en el tema diciendo que la reserva de conciencia no puede ser obstáculo para otra persona. Siguiendo con su análisis, criticó el paternalismo médico “por el cual quien decide, decide por otro pensando que ese otro no puede decidir. Esta sustitución de alguien que tiene una voluntad adulta, tratándolo como niño, es un sistema paternalista”.

¿Queremos una ley incluso con modificaciones o es mejor esperar?, preguntó Pomenariec.

Diana Maffía dijo varias cosas: “Tenemos una ley con causales que no podemos usar porque usan subterfugios para que no podamos aplicarla. Si la ley no sale, esa ley que ahora está se va a aplicar porque ha ocurrido algo poderoso y muy masivo. Vuelta atrás no hay en este avance de derechos… No sé si negociar es lo mejor. La objeción de conciencia institucional no se negocia.”

Hubo tiempo y espacio durante la tarde también para expresiones de varones trans. El filósofo y activista Blas Radio habló de los falsos dilemas en los debates sobre el aborto. Luego el artista trans performático Rodrigo Arena, contó su testimonio trans masculino, bailó y cantó un rap.

“Nosotras Proponemos”, asamblea permanente de trabajadoras del arte, invitó a intervenir los afiches verdes que colgaron toda la jornada de un panel al costado del hall. También hubo remeras y pañuelos verdes para llevarse.

La editora de Soy, Liliana Viola, evocó novelas exitosísimas de los 70s y 80s como Rolando Rivas taxista y El hombre que amo, para recordar que ya en esa época y a las cuatro o cinco de la tarde el aborto era un tema presente.

Mientras todo esto pasaba, las artistas Maruja Bustamante, Giuliana Kierz, Laura Santos, hicieron una bitácora de la jornada que invitaron a visitar en internet.

En su momento Pomeraniec les había pedido a sus panelistas que definieran en una palabra cómo esperan el 8 de agosto. Por supuesto, las cuatro rebasaron el límite impuesto. Las respuestas fueron: Vigilia optimista. Pesimismo de la razón y optimismo de la voluntad. Resistencia optimista. Ansiedad positiva.

Así se vive de este lado, por estos días.

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