“…Una mirada no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo como la lluvia sobre tu cara o el viejo mapa de algún tesoro…”

La letra de la canción “Una palabra”, del músico y cantautor cubano Carlos Varela, sirve como botón de muestra para la historia que hace poco más de seis años empezaron a escribir Verónica Wittke y Juan Manzano. Pareja y atletas de trail running a tiempo completo, si la admiración fuera un elemento corpóreo y palpable, en este caso, podría contarse a raudales. Se miran como si hiciera apenas un puñado de días que están enamorados. O como si fueran dos adolescentes. Pero no, su historia, dicen, es más bien profunda, intensa y lo suficientemente reservada que sólo ellos saben qué quieren hacer con sus destinos. Lo que sí confirman es que sus días seguirán junto a los cerros de San Juan. “Ahí somos felices. Correr en la montaña es el momento para lavarme un poco la cabeza de todo lo que pasa y eso lo comparo con una sensación de libertad, de disfrute por estar en contacto con las piedras”, define Juan. “Es mí momento del día, donde por fin puedo pensar y resolver un montón de cosas. Ocupo ese tiempo para eso, para ordenarme. Cuando estoy en una cumbre miro para abajo y veo la ciudad y doy gracias de no estar en ese momento en la ciudad y de poder estar ahí”, cuenta Verónica.

Descalzos, de pantalón corto y remera se sientan en dos cómodos sillones al aire libre, mientras el mate dosifica la charla con Enganche. Boxeadora frustrada, Wittke encontró en las carreras de montaña una nueva oportunidad porque no conseguía peleas o las tenía a cuenta gotas y ella, hipercompetitiva como se define, precisaba estar arriba del ring la mayor cantidad de veces posible. “Si con el boxeo no me animé a ir por más, no quiero que con el trail me suceda lo mismo. El boxeo es un deporte de mucha exposición y me quedó un sueño frustrado que no quiero repetir con este deporte. Por eso quiero correr siempre y cuantos más kilómetros mejor”, afirma Verónica, que trabaja en dos gimnasios como instructora mientras cuenta las horas y los minutos para escaparse a correr. “No se trata de que no lo disfrute. Mi trabajo –continúa– trato de hacerlo con la mejor predisposición posible. Pasa que en la montaña soy yo misma, con mis miedos, con mi perseverancia y mis errores”.

Integrantes del último seleccionado nacional de ultradistancia en el Mundial de Penyagolosa (sobre 85 kilómetros y 8.590 metros de desnivel acumulado), en Castellón, España, vestir la camiseta argentina fue como tocar el cielo con las manos. “Para los dos fue un debut soñado. Se trató de lo más lindo que me podía pasar dentro del trail. Y correr con Verónica lo hizo doblemente lindo. Después del primer ultra que hicimos nos propusimos correr en la selección y tres años después lo logramos. Para cualquier deportista ponerse la camiseta de su país es algo increíble. De chico soñaba con ponerme la camiseta de la selección de fútbol. Sé que no es lo mismo, pero de grande algo parecido pude lograr”, detalla Juan. Para Verónica, “correr el mundial fue el premio mayor a la constancia y eso te cambia; es un antes y un después en la vida de cualquier deportista”.

 

Chino Avalos para Running Trip

 

-Estar por primera vez en un Mundial les sirvió para vivir desde adentro el estado de un deporte que en el exterior cuenta con muchos atletas profesionales, mientras que acá, en cambio, se trata de todos laburantes que corren…

-VW: No estaba muy al tanto hasta que fui al Mundial. Muchas cosas que salieron a la luz, que las ignorábamos, las pudimos ver porque más que una organización creo que se trata de una desorganización, una lucha por el poder. Debería haber gente que quiera y sienta lo que es el trail, que sea del palo porque comprendería lo que es estar tantas horas en competencia, que sufra los kilómetros, que sepa lo que cuesta cruzar el arco. Tenemos que empezar a dejar de lado los intereses personales.

-JM: Si me hacían ese comentario antes del Mundial creo que tenía otra respuesta, una completamente distinta a la de ahora; porque más allá de que uno sentía que no había pleno apoyo desde lo económico, algo que nunca se dio, y más allá de la experiencia hermosa que es ir a un Mundial, está la parte administrativa, que fue la que más nos afectó. No sólo desde lo económico sino, por ejemplo, estuvimos hasta último momento sin sabér si nos quedábamos sin hotel antes de competir. Eso no está bueno, sobre todo para los más nuevos. Cuando llegás y te encontrás con una situación así es algo bastante negativo. Para el trail tiene que haber gente del trail y no personas que no tienen idea de lo que es correr en la montaña, como para el atletismo se precisa personas que sean de la pista. Por lo general nos acordamos del que hace las cosas mal y no del que hace las cosas bien. Creo que hay un dirigente como el Tano Isola, que es el representante de los corredores ITRA (International Trail Running Assosiation) en la Argentina, que debería ser una persona que esté ahí, en el lugar, porque sabe mucho. Necesitamos apoyar sin conflicto y si hay una división de opiniones tenemos que mejorarla. No puede ser que uno tire para un lado y otro para el otro. Ahora que la Confederación Argentina de Atletismo (CADA) se interesó en este deporte, necesitamos tener un integrante directamente en CADA y no en una Comisión como sucede ahora.  

La mirada crítica de los sanjuaninos no busca ampliar la grieta que tiñe desde hace unos años a este deporte, sino que ambos pretenden aunar criterios, transformar el disenso en un consenso rocoso e inexpugnable que genere una unión para las próximas generaciones. El mismo faro y la misma premisa es la que desean irradiar para otra de las patas importantes de una actividad que suma adeptos de todas las edades pero que pareciera que nunca termina de arrancar porque se queda anclado entre un pasado cargado de nostalgia, con un presente que pretende arroparse de altruista y un futuro ambiguo: el que componen el alambicado mundo de los organizadores. “El trail creció mucho en el país, las carreras son más grandes, más masivas. Pero para que este deporte tenga un salto debería haber más unión entre los corredores. Es llamativo ver a corredores que critican una carrera y después van a correrla igual. Tenemos que exigirle a las organizaciones que tengan más consideraciones con los atletas. Hoy hay organizaciones que han empezado a escuchar las demandas de los atletas y otras que no porque vas a correr una de 42K y te sale más de 6000 pesos y una 80 te cuesta 1500 pesos y esta última tiene más logística y hasta da mejores premios. Debería haber un acuerdo entre los corredores, sobre todo de los elite, para frenar un poco eso”, precisa Juan. Y continúa: “Hay organizadores que se dieron cuenta de esta demanda y buscan cambiar este paradigma. Diego Winitzky, con Running Trip, es uno porque se preocupa por darle más a los corredores, y no hablo solo del premio en efectivo. Espera desde el primero al último en la línea de llegada. Tal vez, pocos se dan cuenta pero eso tiene un valor enorme. Creo que los nuevos organizadores le están dando un buen impulso. Unirse es el camino para decirle no a determinadas carreras y sí a las que te valoran”.

Para ellos, correr se trata casi de un juego de niños para buscar el disfrute, el gozo en medio de la naturaleza. Hacerlo juntos es una enorme ventaja y no un contrapeso. “Para mí, entrenar es casi un trabajo, es mi prioridad. Entiendo que para Juan también lo es. Entonces nunca nos ponemos un palo en la rueda para entrenar. Siempre estamos tratando de organizar las cosas para que el otro tenga tiempo, o lo esperamos con la comida lista después de una tirada larga. Nos acompañamos mucho en eso porque siento que hablamos el mismo idioma”, revela Verónica. “Hacer el mismo deporte nos ayuda a estabilizarnos porque si bien cada uno tiene su trabajo (N. de R.: Juan es empleado bancario), viajar a una carrera, por más chica o grande que sea, es tiempo ganado porque compartimos lo que más nos gusta hacer en medio de la montaña”.

 

 

Boxeadora frustrada, Wittke encontró en las carreras de montaña una nueva oportunidad porque no conseguía peleas o las tenía a cuenta gotas y ella, hipercompetitiva como se autodefine, precisaba estar arriba del ring la mayor cantidad de veces posible.