Jazmín Ortenzi
Crecer con los pies sobre la tierra
Tiene 16 años, comenzó a jugar al tenis en las canchas que su bisabuelo hizo en Chilecito, La Rioja, y desde ahí llegó a una de las academias más prestigiosas del tenis nacional; en la transición de las competencias juveniles al profesionalismo, sueña con ser top ten y ganar el Abierto de Estados Unidos.
Imagen: Carlos Sarraf

Polvo de ladrillo y tierra batida son, en el tenis, dos formas distintas de referirse a la misma superficie. Salvo que la interlocutora sea Jazmín Ortenzi. Para ella las canchas de tierra son literalmente eso, de tierra. Es que en La Rioja empezó a destacarse con la raqueta en las canchas que hizo su bisabuelo al trabajar la tierra con celosa prolijidad. Ahí, en el Club Atlético Chilecito, definió su sueño y su mejor golpe. La velocidad de la pelota sobre ese piso marcó su preferencia por los courts de cemento y el anhelo de consagrarse en el Abierto de los Estados Unidos. En esos inicios, cuando apenas superaba la altura de la red, tenía dos drives, porque le era indiferente empuñar la raqueta con cualquiera de las dos manos; hasta que un profesor le dijo que la tire al suelo y la vuelva a agarrar y al levantarla con la derecha quedó definido ese perfil, aunque la zurda no perdió ductilidad y por eso hoy el revés a dos manos es su tiro ganador.

“Toda mi familia jugaba al tenis, ir los domingos al club era algo que hacíamos siempre. A los 7 años empecé a competir y desde entonces no paré”, cuenta Jazmín en la confitería del exclusivo Racket Club. En esas canchas en las que siguen jugando varios de los mejores tenistas argentinos de los últimos años, se entrena gracias a la beca que le fue otorgada. Las canchas ya no son de tierra, sino cuidadas por expertos; y los esfuerzos familiares que antes eran necesarios para conseguir un par de zapatillas y una raqueta dejaron de ser un inconveniente gracias a las marcas que la acompañan. Para que el talento no quede en el camino los distintos apoyos resultan vitales.  

“Los valores que aprendí en La Rioja marcan lo que soy y me sirven un montón en cada paso que doy”, remarca. Sigue siendo muy de su pueblo y se embandera con los colores celeste y blanco: “Me encanta jugar para Argentina, es lo que más me gusta. Tuve la posibilidad en los sudamericanos y cuando me acuerdo del mundial del año pasado se me pone la piel de gallina”.

Jazmín cruza el turbulento río que tiene en una orilla al tenis juvenil que empieza a dejar atrás y en la otra al ámbito profesional al que se acerca. El año pasado terminó su última temporada Sub-16 como número 1 a nivel nacional, también lideró el escalafón de la Confederación Sudamericana de Tenis (COSAT) y consiguió sus primeros puntos para la WTA en tres torneos Futures disputados en nuestro país. Sin ranking actualmente (había terminado 2017 en la posición 1086), la semana próxima viajará a Paraguay, donde competirá en una serie de certámenes en los que irá por los puntos necesarios para volver al ranking y ya no bajarse de la clasificación mundial. La imposibilidad que tuvo anteriormente para viajar lo solucionó ahora con el apoyo económico de su provincia.

Está radicada en Buenos Aires hace menos de dos años; llegó sola a los 14 años y aunque al principio extrañaba a su familia se acostumbró rápido. “Siempre supe que estaba haciendo lo que me gustaba y por eso no me costó acostumbrarme a estar en otro lugar”, explica. Anida esa inquietud nómade intrínseca a los tenistas profesionales. Además, tuvo la contención del grupo de entrenadores que como parte de un programa federal de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) generaron las condiciones para que deje su lugar de origen y se traslade a la vorágine porteña. Vive en el CENARD, donde comparte habitación con dos chicas no videntes que practican judo. “Es increíble cómo se manejan, con la independencia que hacen casi todo”, reflexiona. Disfruta esa convivencia con distintos deportistas: “Es muy lindo estar ahí, con gente de todo el país que tiene objetivos similares”.

Cuando suena el teléfono no solo le llegan mensajes de Whatsapp de su familia, sino que por esa vía recibe también algunos de los trabajos prácticos que realiza en sus estudios a distancia. Se entrena de lunes a sábado en doble turno, pero no abandonó los libros: “A pesar de que no curso, nunca dejé el colegio; sigo en el mismo de siempre pero con otra modalidad y doy los exámenes cuando vuelvo a La Rioja. Se puede llevar una carrera deportiva junto con el estudio. El año próximo voy a terminar la secundaria”.

El descanso y la alimentación ya le resultan esenciales. Antes de las 22 el sueño se impone y las cosas dulces que tanto le gustan quedaron en el recuerdo. El exceso de azúcar es enemigo de los músculos de los deportistas. El entrenamiento específico se complementa con sesiones de kinesiología una vez por semana y también con clases de yoga, disciplina que la ayuda en la postura y la flexibilidad pero también implica una preparación mental. En ese sentido, hace poco tiempo comenzó a trabajar con Agustina Lepore, psicóloga y ex tenista que llegó a ser número 227 del mundo.

“Sé que llevo una vida muy distinta a la de la mayoría de las chicas de 16 años. Vivo el día a día, intento crecer y aprender en lo que elegí. No siento la presión de tener que llegar a tal o cual lugar, más allá de que tengo el anhelo de ser top ten y no me quiero ni imaginar lo que se debe sentir al ser número uno; debe ser increíble”, cuenta con un sonrisa inocultable debajo de una mirada luminosa.

Es miércoles al mediodía y la charla con Enganche transcurre en Palermo mientras en el Congreso de la Nación los senadores exponen sus argumentos para votar sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Con madurez pese a su juventud, deja de lado sus creencias religiosas y la decisión personal que tomaría para posicionarse a favor de que las mujeres sean libres de decidir sobre sus cuerpos sin riesgo de vida. Jazmín Ortenzi forma parte de una generación de chicas atravesada por un movimiento colectivo con repercusión mundial. Y también liga la problemática a su ámbito, ya que los premios económicos en casi todos los torneos son dispares entre damas y caballeros. “El tenis sigue siendo un poco machista, espero que con el tiempo eso se solucione; confío en que va a ser así. Creo que las tenistas en cualquier momento se van a plantar en una postura firme”.       

El juego que empezó sobre la tierra que labró su bisabuelo en La Rioja es ahora ya un desafío de profesión en las mejores canchas. El tenis está en sus días y sus noches. Hasta los sueños se hacen posibles cuando el talento, la pasión, el convencimiento y el esfuerzo se conjugan. Ahí va Jazmín por los suyos.

 

Carlos Sarraf

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