Mauricio Rojas renunció a Cultura por sus polémicos dichos sobre el Museo de la Memoria de Chile
El pasado condenó a un ministro de Piñera
“Más que un museo, se trata de un montaje”, escribió Mauricio Rojas en 2015 en el libro Diálogo de conversos acerca del Museo de la Memoria. El repudio que despertaron sus declaraciones le costó el cargo a cuatro días de asumir.
Mauricio Rojas fue nombrado ministro de Cultura el jueves pasado; ayer Piñera le aceptó la renuncia.Mauricio Rojas fue nombrado ministro de Cultura el jueves pasado; ayer Piñera le aceptó la renuncia.Mauricio Rojas fue nombrado ministro de Cultura el jueves pasado; ayer Piñera le aceptó la renuncia.Mauricio Rojas fue nombrado ministro de Cultura el jueves pasado; ayer Piñera le aceptó la renuncia.Mauricio Rojas fue nombrado ministro de Cultura el jueves pasado; ayer Piñera le aceptó la renuncia.
Mauricio Rojas fue nombrado ministro de Cultura el jueves pasado; ayer Piñera le aceptó la renuncia. 

El ministro de Cultura de Chile, Mauricio Rojas, renunció ayer tras una extendida protesta por sus dichos contra el Museo de la Memoria, al que calificó de montaje. Rojas había sido nombrado en el cargo el jueves pasado en el primer ajuste de gabinete del presidente Sebastián Piñera desde que comenzó su segundo mandato en marzo. Sin embargo, el fin de semana salieron a la luz sus negativas opiniones sobre la institución que recuerda las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet. “Más que un museo se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar”, reza el libro publicado por Rojas en 2015 titulado Diálogo de Conversos, que escribió junto al actual ministro de Relaciones Exteriores, el escritor Roberto Ampuero. 

“Recibimos con satisfacción la noticia porque el reclamo, que fue extendido en la sociedad, fue atendido. Pero hay que señalar que esto no es un hecho aislado”, dijo a Páginal12 Gloria Elgueta, vocera de Londres 38, un ex centro de detención y exterminio, ahora espacio de la memoria y organismo de derechos humanos. “Existe desde hace décadas una cadena de decisiones que tienen como consecuencia un aumento del encubrimiento y de la impunidad, no sólo desde el Ejecutivo sino también desde la Justicia y el Congreso. Este nombramiento es un eslabón más de esa cadena y pudo producirse por la coyuntura”, continuó la portavoz.

Hace dos semanas, sin ir más lejos, la Corte Suprema otorgó la libertad condicional a siete ex agentes de la dictadura condenados por crímenes de lesa humanidad. “Con todos estos hechos encadenados, no podemos bajar la guardia y más cuando el gobierno de Piñera parece tener una vocación de profundizar la impunidad”, aseguró Elgueta a este diario, pero también explicó que los gobiernos anteriores, incluido el de Bachelet, tuvieron su cuota de responsabilidad. La vocera indicó que la posibilidad de los otorgamientos de libertades condicionales podría haberse previsto y el legislativo podría haber actuado para limitar el accionar de los tribunales en estos casos. A pesar de los golpes sufridos el último tiempo, Elgueta celebró que desde el ámbito de la cultura se hayan denunciado las declaraciones de Rojas y se haya pedido su renuncia. 

“Frente a las alucinantes y ofensivas declaraciones del ‘ministro de Cultura’, donde califica al Museo de la Memoria de ser un montaje; declaraciones que hieren lo más entrañable del pueblo de Chile, a sus desaparecidos, a sus fusilados, a sus torturados, a sus exiliados, hago un llamado a no participar en ninguna instancia en que este personaje esté involucrado. Se va nuestra dignidad como artistas, como escritores, como intelectuales, como seres humanos en ello”, había convocado el sábado el condecorado poeta chileno Raúl Zurita en la red social Facebook. Inmediatamente después, otros intelectuales y referentes de la cultura chilena sumaron su respaldo al escritor. Ayer, después de que se confirmara la salida de Rojas del gobierno los artistas reunidos en la Comisión Chilena de Derechos Humanos, celebraron la noticia ovacionando a Zurita en plena calle.

Mauricio Rojas, de 68 años, había sido nombrado como ministro de lasCulturas, las Artes y el Patrimonio el pasado jueves por el presidente, pero cuando se dieron a conocer las opiniones sobre el Museo de la Memoria, Piñera se apuró a despegarse de quien fuera, también, el redactor de sus discursos. “No compartimos sus opiniones y declaraciones respecto al sentido del Museo de la Memoria de un periodo muy oscuro en nuestro país”, dijo el mandatario conservador al aceptar la renuncia de Rojas. “Nuestro Gobierno condena categóricamente los atropellos a los derechos humanos en cualquier tiempo, en cualquier lugar y en cualquier momento (...) Condenamos los que ocurrieron en el pasado en nuestro país, como los que ocurren en nuestro continente”, subrayó el gobernante y anunció que nombró a la arqueóloga Consuelo Valdés en reemplazo de Rojas.  

En el libro de donde el diario chileno La Tercera sacó los dichos causantes de su breve carrera ministerial, Rojas, junto con Ampuero, relatan la evolución política que sufrieron desde su pasado marxista en los años 60 a las ideas liberales que profesan hoy. Rojas reveló haber sido militante de la guerrilla Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), aunque antiguos dirigentes de la formación, como su ex secretario general Andrés Pascal Allende, aseguraron que ni lo conocían. Ampuero fue miembro de la juventud del Partido Comunista.

Tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, Rojas se exilió en Suecia, donde logró un doctorado en Historia Económica y, con los años, llegó a ser diputado por el Partido Popular Liberal de ese país. En tanto, Ampuero se refugió en Cuba y luego en la entonces República Democrática Alemana. El canciller es ahora quien está en el ojo de la tormenta puesto que tras ser conocida la renuncia del ministro se inició un debate en las redes sociales en las que ahora se pide también su dimisión.

El Museo de la Memoria fue inaugurado en 2010 por la entonces presidenta Bachelet, en el popular barrio de Quinta Normal, en el oeste de Santiago de Chile, para recordar a las víctimas de la dictadura. Durante ese período, que se prolongó por casi 17 años, hasta comienzos de 1990, unas 3.500 personas desaparecieron o fueron ejecutadas por agentes del Estado y otras 35.000 fueron sometidas a torturas, según informes oficiales elaborados ya en democracia. 

Informe: Bianca Di Santi

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ