Se llevaron hasta los bastones presidenciales de la casa de Cristina Kirchner pero después los devolvieron
Un allanamiento que arrasa con todo
En el operativo en el domicilio de El Calafate se llevaron distinciones y obsequios sin valor comercial que nada tienen que ver con la causa judicial. La ex presidenta se quejó públicamente por los bastones presidenciales.
El allanamiento en la casa de El Calafate duró varios días y se llevaron de todo.El allanamiento en la casa de El Calafate duró varios días y se llevaron de todo.El allanamiento en la casa de El Calafate duró varios días y se llevaron de todo.El allanamiento en la casa de El Calafate duró varios días y se llevaron de todo.El allanamiento en la casa de El Calafate duró varios días y se llevaron de todo.
El allanamiento en la casa de El Calafate duró varios días y se llevaron de todo. 

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue despojada de su bastón presidencial y el de su marido durante el allanamiento ordenado por el juez Claudio Bonadio. Viendo el despropósito, el magistrado decidió devolverlos anoche, aunque ya quedaron claras las formas y los métodos que se están utilizando. El secuestro lo hizo la Policía Federal pero según testigos fidedignos cada paso se le consultaba al juez o a su secretario. Como se sabe, los bastones presidenciales son hechos en una madera común, con metal de baja denominación y la autoría corresponde al orfebre Juan Carlos Pallarols. Dado que los trámites de donación son muy engorrosos, Pallarols le vende al Estado los bastones presidenciales en 1 (un) peso, un valor simbólico. Se ve que eso importaba poco: el objetivo no era de ninguna manera buscar elementos de la causa, sino someter a una nueva humillación a la dueña de casa. 

La realidad es que ni el fiscal Carlos Stornelli ni el juez encuentran dinero, ni cuentas, ni sociedades, ni propiedades, ni bóvedas. Por lo tanto, se largaron a hacer gran alharaca a través de los medios con una supuesta bóveda y las cosas secuestradas en El Calafate. No faltó quien titulara que el valor de lo hallado en la casa de los Kirchner llega a 10 millones de dólares. 

“Me acabo de enterar que entre los objetos que mandó a secuestrar Bonadio de mi casa de El Calafate estaban las bandas y bastones presidenciales de Néstor y míos. La violación de los derechos y garantías sin límite”, tuiteó la ex mandataria ayer, a media mañana. La devolución recién se produjo siete horas más tarde. La intención de CFK era ir a Calafate y filmar incluso el sótano –la supuesta bóveda–, pero desistió del viaje cuando se enteró que el juez había arrasado con una enorme cantidad de cosas de la vivienda. En total, se llevaron casi cien cajas. 

Gran parte de lo incautado son recuerdos y regalos recibidos por Néstor y Cristina Kirchner, no sólo durante los 12 años de sus gobiernos sino incluso de antes, de cuando Kirchner era gobernador y, después, de cuando ambos dejaron la presidencia. 

Por ejemplo, se llevaron un sable corvo que el Ejército le regaló, según la inscripción, “al gobernador Néstor Kirchner”; una medalla de la Municipalidad de Laboulage, una gargantilla con un escudo de la UOM, otra medalla de la empresa Aeropuertos Argentina 2000 o un escudo de la Provincia de Entre Ríos. 

Existe una ley de Etica Pública, votada en el 2000, que supuestamente rige los regalos a los funcionarios. Esa norma no fue reglamentada hasta noviembre de 2016, de manera que antes y aún después la mayoría de los regalos quedan en una nebulosa. Fernando De la Rúa, por ejemplo, tenía todo un piso, frente a la plaza Vicente López, donde se guardaban los obsequios recibidos durante su mandato. La mayoría, por supuesto, son simbólicos. Por ejemplo, la Argentina suele regalar un mate o un ejemplar del Martín Fierro a los mandatarios extranjeros y reciben algo similar en reciprocidad. 

De la casa de El Calafate se llevaron unas 40 lapiceras, obsequios de distintos mandatarios. En las cajas destinadas a Comodoro Py metieron condecoraciones, una medalla de la Universidad de Nueva York, una de la FIFA, una del Patriarcado de Antioquía, la llave de la ciudad de Cochabamba, un sable bolivariano, una daga árabe y objetos simbólicos, con los nombres de Cristina Kirchner o de Néstor Kirchner inscriptos, todo sin ningún valor comercial. 

La norma sobre regalos emitida por decreto del macrismo en noviembre de 2016 –es decir, que no regía antes–, establece que un presidente puede quedarse con: “obsequios recibidos por cortesía. Se considerarán como tales los regalos, obsequios, donaciones, beneficios o gratificaciones que puedan considerarse demostraciones o actos con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien hacia otra persona con motivo de acontecimientos en los que resulta usual efectuarlos”. Como se ve, todo lo que groseramente le secuestraron a CFK entra dentro de estos parámetros. 

Además de lo descripto, de la casa se llevaron dos cuadros del artista uruguayo Páez Vilaró, rosas de Pallarols y una pequeña estatua de Marta Minujin. También se llevaron un cuadro que contenía una carta de José de San Martín a Bernardo O’Higgins, que el titular del Archivo General de la Nación consideró “un papelón” que estuviera en manos de la ex presidenta. 

Respecto de las carpetas encontradas en la vivienda, se trata de informes que recibe todo presidente y elaborados por los distintos ministerios o funcionarios. Incluso hay tramos de esos informes que se publicaron en internet. 

El saqueo de la casa de CFK exhibe los métodos con los que se maneja el expediente, sin respetar los más elementales derechos. La tropelía fue tan evidente que al atardecer el juzgado tuvo que dar marcha atrás, aunque sea para devolver un símbolo del voto popular como es el bastón presidencial. Se ve que alguien advirtió que ya era demasiado. 

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