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Pornostyle
Pequeña, machista, perseverante, así es la industria del porno en Argentina, donde hace décadas se producen videos y películas que alguna vez poblaron los videoclubes –esa antigüedad– y hoy se distribuyen en la web creando su propio firmamento de estrellas. A ellas les gusta lo que hacen, reivindican el trabajo sexual que ejercen y militan el porno convencidas de que todo cambia cuando se descubre la potencia de los cuerpos en goce. María Riot, Ana T y Lorena Mexy hablan de sus vidas, de sus trucos y de sus apuestas políticas.
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Imagen: Foto: Maria Faux

Amateur, anal, tríos, voyeurs, webcams, ¿quién no navegó por las infinitas categorías que ofrece el mundo del porno? Los contenidos XXX siempre estuvieron relacionados con la masculinidad. Las producciones y direcciones las llevan a cabo los varones. Especialmente, en la Argentina. Las pocas actrices porno que lograron tomar protagonismo, además de lidiar con un ambiente tan sexual como cargado de prejuicios, tuvieron que caminar por un sinuoso sendero hasta animarse a disfrutar de su trabajo sin restricciones. Derribaron los comentarios moralistas que las abatían e hicieron de su sexualidad un trabajo que les dio más de una satisfacción.

Íntimas, Porno Rock, Gozando por un sueño, ¿les suena? Estas son algunas de las producciones argentinas que protagonizó Lorena Meacci, apodada Lorena Mexy. A los 39, revisa su trayectoria en el mundo del porno y se autodefine como la “actriz fetiche” de uno de los productores que marcó un antes y un después en la industria del porno en la Argentina, Victor Maytland.

Todo comenzó con una producción erótica que hizo siendo modelo. La disfrutó. Por eso, no dudó en escuchar con atención la oferta que vino después. Había fantaseado con la idea de hacer porno, pero no pensó que la propuesta llegaría tan rápidamente. Sin embargo, se animó a probar. “En el cine erótico no hay penetración, ni tenés contacto con un hombre. Por eso, dudé en hacer porno. Con el tiempo, me animé y me gustó”, relató. Como en cualquier contenido audiovisual, el porno tiene mucho de edición. Sin embargo, las escenas son reales. No se simula. Cada actriz tiene una manera de conectar con el otro o la otra. Desarrollar un vínculo antes de una escena de sexo -que puede llegar a durar más de una hora- no suele ser lo más conveniente. Ni bien empezó, Mexy no lo sabía. Su primera experiencia fue buena, pero tuvo que aprender a manejarse de otra manera para sentirse cómoda. “De verdad cojemos siempre. Ni bien empezaba, antes de grabar con un actor, salí con él y con los integrantes del set. Fuimos a comer, nos conocimos. Fue muy chocante desarrollar un vínculo antes de grabar. Nunca más lo volví a hacer”, confesó y aclaró: “Eso sí, las escenas se pactan antes de que el director diga ‘acción’. No se improvisa. Claramente, tampoco se deberían hacer cortes. Nos matás si tenemos que parar y seguir”. Cuando Mexy cuenta que es actriz dramática, la cargan. Su formación la ayudó a desarrollar más que su propia sexualidad. Protagonizó comedias y dramas XXX. Nunca es ella. Ponerse en la piel de esa otra mujer requiere pensar en qué la excita y cómo llevaría a cabo su deseo de la mano de otro u otra: “Esto no es para cualquiera. Tenés que interpretar la sexualidad de otra chica. Invocarla y sentirla, para después actuarla”.

Foto: Alejandro Poggi
Ana t.

Si bien Lorena es una de las actrices porno más conocidas y convocadas de la Argentina, no es la única. Anabela Touche, más conocida como Ana T, protagoniza contenidos XXX hace 17 años. Siempre se sintió muy sexual. Lo que para sus amigas era tabú, para ella eran diferentes maneras de encender un deseo. Su sexualidad se potenció cuando abrió su propio videoclub. A los 19, tenía acceso a las nuevas películas porno que estaban marcando tendencia. Además, tenía que verlas sí o sí. “Como eran VHS, había que ver todas las películas antes de ofrecerlas al público. Si las cintas estaban falladas, había que devolverlas. Imaginate… Me la pasaba mirando porno”, contó y reconoció: “Tuve fácil acceso y lo potencié. Me alejé de las personas que me decían que eso no se podía hacer o que lo otro era para los varones y no para las chicas. Siempre fui pícara y nunca me avergoncé de mis morbos. En la época del videoclub, derribé los pocos tabúes que me quedaban”.

Si bien Ana fantaseó más de una vez con ser la protagonista de esa película que miraba en su trabajo, la propuesta llegó de casualidad. Mientras bailaba en la tarima de un boliche, conoció a Maytland. Cuando ella le habló de su deseo, él le sugirió que se animara. Aunque sea, una vez. Y, así fue. Económicamente, le iba bien. A nivel personal, estaba tranquila. Sabía que tendría que hacerle frente a los prejuicios ajenos. Romper con su estabilidad. Lo hizo. “Lo pensé poco, rápidamente acepté. Me enfrenté a mi papá y a mis hermanos. Le di para adelante”, expresó y, sobre la primera vez que protagonizó una película XXX, añadió: “Me encantó. A partir de ese momento, cambió mi vida para siempre. Tuve que tomar una decisión. Me dedicaba de lleno a hacer actriz porno o elegía seguir con mi vida una vez cumplida la fantasía. Decidí dejar todo por el porno”.

Al igual que Lorena y Ana, Florencia, conocida como María Riot, siempre vivió su sexualidad con libertad. Nunca creyó que de su deseo podía nacer un trabajo. Estuvo muchos años trabajando más de nueve horas en un call center. A la vez, estudiaba de noche. Tuvo que dejar el conservatorio de música para llegar a fin de mes. Luego, intentó estudiar diseño. Pasaba más tiempo viajando en el transporte público y vendiendo productos por teléfono que viviendo. No tenía tiempo para estudiar. Al menos, no con los trabajos que podía llegar a conseguir. Todo cambió cuando una chica comentó en un grupo feminista que estaba ganando dinero gracias a las webcams. Sorprendida, se dio cuenta de que estaba haciendo gratis lo que otras chicas cobraban. “Lo hacía como parte de mi descubrimiento sexual. No sabía que te podían pagar por eso. Empecé en una sala de chat. Las personas te daban propinas si vos hacías ciertas cosas. Conseguí un trabajo part time en un espacio de diseño y empecé a trabajar en una oficina de Palermo con las webcams. Cada una tenía su box personal, con una computadora y una silla. Ahí hacía mi show”, recordó y confesó: “Así empecé. Tuve que sentarme frente a una computadora y usar mi sexualidad como una herramienta laboral. Me di cuenta de que era algo natural para mí, algo con lo que no tenía ningún problema. Sentí que mi sexualidad la podía vivir de otras maneras. Podía usarla para sentir placer propio o convertirla en mi herramienta laboral. Tengo mis límites bien marcados, pero son míos”. Tras un año desnudándose en salas de chat, María se animó a los encuentros. Al poco tiempo de haber elegido ser trabajadora sexual, le dio una oportunidad al mundo del porno. Hoy, a punto de cumplir 27, reconoce que mira películas XXX únicamente con fines profesionales. A diferencia de Lorena y Ana, María no tuvo la oportunidad de elegir cuándo contar que había hecho de su sexualidad un trabajo. Al principio, se escondía por miedo al qué dirán. No pudo ocultar su nueva vida durante mucho tiempo. “Cuando los videos se suben a Internet, ya está. La mayoría de las personas que pensás que no miran porno, miran. Todes consumen porno. Una persona empezó a piratear mis videos y a subirlos a páginas gratuitas, con mi nombre real. Se pusieron en contacto con mis amigues, les contaron lo que estaba haciendo. Algunes, sabían. Otres, no. Tuve miedo de que los vieran mis familiares. No sabía qué dirían al enterarse de que había elegido hacer pública mi sexualidad. Me di cuenta de que tenía que contarlo. Me hice cargo. Hago porno, es mi trabajo. También, soy trabajadora sexual. Nada de esto es malo. Lo malo es ocultarlo o señalar a otro por elegir vivir su sexualidad a su manera”, expresó Riot.

Foto: Lorna Remmele

La industria del porno en la Argentina es más pequeña y muy diferente con respecto a la de otros países. La meca del contenido XXX, aún en la actualidad, siguen siendo los Estados Unidos. Las actrices tienen que ser perfectas para los ojos del varón. Les exigen que sean delgadas, que tengan 

el busto operado, las uñas larguísimas y el maquillaje impecable. Si bien los cuerpos hegemónicos siguen siendo los protagonistas, el paradigma está cambiando. En nuestro país, no todas las actrices porno deben ser 90-60-90.

La exigencia es menor. “En el porno argentino está todo bien si actriz tiene un cuerpo normal. Hay variedad. Todo el mundo tiene sexo, ¿por qué tenemos que ser perfectas para calentar y calentarnos? Yo soy alta, bastante flaca y tetona. Por eso, pude filmar en el exterior. Otras actrices, no lo logran. Las rechazan”, detalló Mexy. Si bien el primer acercamiento de Riot con el trabajo sexual fue en la Argentina, decidió hacer pornografía en Europa. Primero, viajó a Barcelona. Allí, se contactó con una productora holandesa independiente creada y llevada adelante por mujeres feministas. La primera vez que se acercó, grabó cinco videos. A diferencia de Mexy y Touche, lo que a Riot le interesa es militar el porno. Tiene otra mirada con respecto a la pornografía. Por eso, siempre trabaja con mujeres independientes que usan el porno como un canal para diversificar la sexualidad. “Acá, hice tres proyectos

independientes con amigas. Preferí apostar al porno desde otro lado, mirarlo con otra perspectiva. En Europa, el porno independiente hecho por mujeres está ganándose su lugar. Lo que me llama la atención no es la pornografía en sí misma. Me apasiona el contenido y la fotografía. El contenido político de la pornografía alternativa y feminista es algo maravilloso. En la Argentina, todavía no se desarrolló”, comentó Riot y agregó: “Ahora, hay que empezar a reflexionar aquí sobre la pornografía que ya está hecha. Apostar a lo disidente, a lo distinto”.

Como respuesta al porno tradicional, en la Argentina el posporno está tomando cada vez más fuerza. La intención es generar un espacio donde se pueda producir una pornografía feminista, subversiva y autogestiva. Una de las referentes es Laura Milano. Además de generar contenido audiovisual, las performance de posporno se hacen en cualquier espacio con un objetivo claro: emitir un mensaje político. No suele apostar al sexo explícito. Es erótico y pone en la mesa las prácticas sexuales que siguen siendo tabú. “Un ejemplo de un video posporno es ver a una mujer sobre la cama, chupando un preservativo cerrado y con semen adentro. Mientras lo lame, habla de la sexualidad, del aborto y de la Iglesia Católica. Tocándose. Más allá de ser sexual y pornográfico, tiene un fuerte contenido político”, explicó Riot. Al ser una forma de expresión artística relativamente nueva, no existen grandes productoras que la lleven a cabo. Sin embargo, hay una que está surgiendo y que promete romper con los paradigmas actuales de la pornografía: Erecta.

Según el último informe de una de las páginas porno más reconocidas mundialmente, Pornhub, el consumo de porno entre las mujeres argentinas creció un 18 por ciento. Sin embargo, las producciones siguen en manos de los varones. No por mucho tiempo más. Mexy y Riot, además de seguir actuando, tienen como objetivo dirigir y producir sus propios contenidos XXX. Porno creado por chicas y dedicado a todos los géneros, sin excepciones. La representación de todos los cuerpos, identidades y sexualidades encontraron un lugar en el porno alternativo. “No hay muchas productoras que contraten cuerpos como el mío. Apuestan a los normativos, súper delgados. Las personas trans y no binarias también deberían estar representadas. No quiero que cuando se hable de diversidad se piense únicamente en el peso de las personas. No todas las tetas y conchas son iguales. Si la sociedad cambia, el porno cambia. Hagamos del porno una forma de militancia”, cerró Riot. 

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