Spinetta salió del cuarto de adolescente que aún habitaba Leo Sujatovich, tecladista hace poco incorporado en Spinetta Jade, y caminó por el estrecho pasillo de un pequeño departamento de Anchorena y avenida Santa Fe en busca del baño. Había estado componiendo una canción con Leíto, como gustaba llamarlo a su talentoso tecladista de 21 años recién cumplidos, y se le habían pasado las horas como si fueran minutos. Pero se encontró con que no era el único con la misma necesidad. “¿Qué haces acá?”, le dijo a un también sorprendido Charly García, que tras el saludo de rigor le devolvió sonriente la misma pregunta: “¡Vos qué hacés acá!”. “Estoy con Leíto, grabando unas cosas”, le contestó Luis. “Ah, mirá”, le dijo García. “Yo acabo de terminar una clase con Pichona”. 

Pichona era Pichona Sujatovich, madre de Leo y reconocida maestra de piano que supo darle clases a figuras varias del rock nacional, desde Pedro Aznar y Celeste Carballo a Zorrito Von Quintiero y el propio Charly García en los años dorados de Serú Girán. “Una época fantástica de Charly. Muy sana y power”, describe el tecladista, que conocía a Charly de todavía antes que visitara su casa, cuando a los 15 años se sumó a la banda de Nito Mestre y el autor de “Rasguña las piedras” pasaba a visitar a su ex compañero de Sui Generis. “Una vez Nito me dijo: ‘¿Querés venir a casa’. Está el flaco. El flaco era Charly. Llegamos y vemos que estaba sentado en el piso con auriculares y rodeado de como cuarenta vinilos. ‘Vení, vení’, me ordenó apenas me vio. ‘Escuchá. Mirá lo que hace este tipo con la ruedita del Minimoog. No lo vas a poder creer’. Escucho y era verdad. Era algo nuevo, distinto. Era Chick Corea. Y esa fue la primera vez que lo escuché. Gracias a Charly García”.

Leo Sujatovich sonríe al recordar el momento. A casi 40 años de esa y otras historias (hay más), este martes presenta Generación diamante en el hall del Teatro San Martín. Subtitulado como “La música de Spinetta Jade cantada por la nueva generación”, el espectáculo –bajo su dirección y el acompañamiento de un cuarteto de cuerdas– tendrá a varias nuevas voces de la escena emergente (Julián Ares, El Chacal, Jazmín Esquivel y su hija Luna Sujatovich) recuperando ese particular período del repertorio spinettiano. “No lo llamaría un homenaje sino una relectura. Una nueva forma de encontrarse con su música”, consigna el tecladista, que siente este recital como una suerte de continuación emocional de aquel momento vivido en el estadio de Vélez, cuando Spinetta lo convocó para su histórico concierto de las Bandas Eternas y se reencontraron por primera vez en 25 años. “Durante ese tiempo que pasó dejamos de hablar. No había sido linda la forma que había terminado mi participación en Spinetta Jade”, lamenta con un dejo de tristeza que entonces pudo conjurar. 

“Yo sentía que nos merecíamos un capítulo más. Y por suerte se dio”, se alegra quien en aquel momento –y más allá de la carrera musical que desarrolló durante el tiempo en el cual no se dirigieron la palabra (numerosas producciones, discos de estudio y bandas de sonido; nominaciones a los Grammy Latino, Gardel, Cóndor de Plata y más)– no pudo evitar recordar aquel post-adolescente que había logrado ingresar a la banda de su mayor ídolo musical y hasta componer varios temas juntos en su cuarto plagado de posters de la revista Pelo, siempre y cuando no le agarraran ganas de ir al baño. “Tené en cuenta que yo desde muy pero muy chico, 12 o 13 años, era fan de todo lo spinettiano”, cuenta Sujatovich. “En el 72, 73, fui al cine a ver Rock hasta que se ponga el Sol, la película sobre BaRock 3 donde aparecía Luis. Y con Ariel Roth, que fue mi amigo de la infancia, pudimos ir a un show de Pescado Rabioso para uno de nuestros primeros recitales. Volvimos extasiados”.

Sujatovich y el futuro compinche de Calamaro en Los Rodríguez vivían a menos de una cuadra de distancia y compartían el mismo profesor de guitarra: Claudio Gabis, el ya destacado ex miembro de Manal. “Claudio en seguida estableció onda con nosotros y nos llevó a presenciar las grabaciones de La Pesada y de Sui Generis”, relata. “Por esa misma época sacamos entradas para ver a Invisible al teatro Coliseo. Recuerdo como si fuera hoy de acercarme al borde del escenario y ver a Luis con su Les Paul negra, a Machi con su bajo Rickenbacker y a Pomo con su bata Octopus, un mar de tontones a su alrededor.”

Al poco tiempo terminarías tocando con Spinetta... ¿Era algo que ya fantaseabas cuando lo veías? 

–Sí. Y no tenía dudas de que iba a pasar.

NO VES QUE YA NO SOMOS CHIQUITOS

En 1975 ocurre el primer hecho masivo del rock nacional: la despedida de Sui Generis en el Luna Park. Por esas cosas de la edad (“No siempre te dejaban ir a un recital, y a veces tampoco tenías plata”), Sujatovich no pudo asistir a ese evento que luego se recordaría como histórico y se quedó en su casa, añorando haber podido estar. “Me sabía de memoria todos los días de Sui. Tanto, que una mañana me levanté con un sueño muy vívido, tocando el teclado con Nito Mestre, en su nueva banda solista. Qué loco, pensé. Qué lindo sería. Y luego: ‘Pará, no sería tan loco. Si Nito se está separando de Charly, que es tecladista, es lógico que ahora necesite uno, ¿no?’”.

El tecladista todavía transitaba el secundario pero no se amilanó. “Lo llamé a Gabis y le pregunté cómo veía que me postulara ante Nito. ‘Lo veo perfecto’, me dijo él. ‘Anotá su número’. Y así fue que lo llamé a Mestre y hablamos como media hora de corrido. Me contó que él y Charly compartían una salita de ensayo y que al día siguiente nos podíamos encontrar en el bar de ahí abajo. Buenísimo, le dije. Pero antes de colgar me preguntó cuántos años tenía. Quince, le respondí. Creo que se hizo un silencio. Pero supongo que como veía tan seguro y ya habíamos quedado, no me canceló”.

Al día siguiente, efectivamente, se presentó ante el ex Sui Generis. “A los 15 yo todavía era muy bajo, el estirón recién lo pegué a los 18. Pero por suerte Nito no me comentó nada. Entramos al bar, tomamos una Coca Cola. Yo estaba nervioso. Nito ya era famoso, una celebridad. Pero llegamos a la sala y había un piano vertical. Cuando vi que agarró la Gibson Hummingbird que usaba en Sui y se puso a zapar, me dije: todo bien. Yo siempre fui de improvisar. Estaba en mi salsa. Tocábamos casi dos horas, a rienda suelta. Y se copó conmigo”.

Al poco tiempo Nito lo invitó a presenciar la grabación de PorSuiGieco. Y como en “Fusia”, el primer tema que había compuesto, Charly quería tocar el Hammond, le ofreció hacerse cargo del teclado: “Imagínate: al instante me senté y toqué. No me importó no tener experiencia”. A partir de ahí, empezó a compartir momentos, ensayos y grabaciones con distintos músicos del medio –principalmente con Los Desconocidos de Siempre, la banda solista de Mestre–, pero todavía no con Spinetta. “Un día me enteré que estaba grabando en el estudio CBS. Y que si lo pasabas a visitar después de las ocho de la noche era copado y te dejaba pasar. Entonces fui con un amigo. Y fue tal cual: llegamos y nos pusimos a charlar con Luis. Yo tenía un as bajo la manga y es que había grabado con Charly y Nito en PorSuiGieco. ‘¿En serio?’, me dijo él. ‘Pero vos sos muy chico. Qué bien’. Lo impresioné. Más tarde me preguntó dónde vivía. Y me alcanzó hasta mi casa con su auto. Yo no lo podía creer”.

Desde entonces –y más con su ingreso como invitado estable a Tantor, un trío que incluía a dos fuertes amigos de Spinetta como Rodolfo García (Almendra) y Machi (Invisible)– frecuentar el círculo más cercano de Luis se volvió habitual. “Caía a nuestros ensayos y nosotros a suyos. Era la época de A 18 minutos del sol y de Alma de diamante. Y yo sentía que, sin ponernos de acuerdo, íbamos evolucionando para el mismo lado. Que ambos, viniendo del rock, nos empezamos a conectar con el jazz-rock, los discos de Weather Report y de John McLaughlin”. Una afinidad que no le sucedía con todos. “Ariel Roth, por ejemplo, se enganchó con los Stones. Y eso hizo que un poco nos alejáramos musicalmente cuando hasta hacía poco componíamos juntos. Llegamos a tener una ópera-rock con letras de Cecilia (Roth). Cada vez que nos encontramos con Ariel cantamos algunos de esos temas”.

¿Cómo entrás entonces a Spinetta Jade?

–Un martes a la tarde sonó el teléfono en mi casa. “Hola, soy Luis”, me dice. Y me cuenta que Juan del Barrio se había ido de la banda y que con Diego Rapoport, el otro tecladista, habían pensado en mí. “¿Te copás?”. ¡Pero por supuesto que me copo! Y a las dos semanas ya estaba en la quinta de Gustavo Gauvry en Parque Leloir grabando un disco con ellos.

NO TE ALEJES TANTO DE MÍ

Spinetta Jade, el grupo que armó Spinetta después de su experiencia solista de A 18 minutos del sol, tuvo en sus diferentes etapas mucho de ese jazz-rock o fusión que había enganchado también a Sujatovich. Un grupo que contaba con dos teclados (una rareza para el rock nacional de la época) y que pese a su priori mayor dificultad para el oído popular entregó varios temas memorables como “Alma de diamante”, “Umbral”, “Contra todos los males de este mundo” o “Maribel se durmió”, entre otros. El ingreso de Sujatovich coincidió con la grabación del segundo disco del grupo, Los niños que escriben en el cielo (1981), donde según cuenta principalmente cumplió con lo que le pedían Rapoport y Spinetta. “Ese disco es espectacular. Pero la relación con Luis se afianzó después”. 

Ese después fue con Bajo Belgrano (1983), el tercer disco de Spinetta Jade, el “más pop” sin salirse del jazz-fusión hasta la fecha (de allí viene por ejemplo la alegre “Mapa de amor”, con música de Sujatovich). Y el que de algún modo cristalizó la agridulce mirada spinettiana sobre el retorno de la Democracia y la pronta primavera alfonsinista. Temas como “Maribel se durmió”, que nació mientras Luis le silbaba una melodía a su hijo Valentino, convaleciente de un virus que pudo ser mortal, y que luego dedicó a las Madres de Plaza de Mayo (“Una inyección de fe para los momentos terribles que habían vivido”, declaró Spinetta). Y como “Resumen porteño”, cuya letra sobre tres jóvenes de los setenta finalizaba con la imagen de uno de ellos observando cuerpos flotando en el agua (en clara alusión a los desaparecidos arrojados desde aviones al mar en los vuelos de la muerte de la última Dictadura Militar). 

“Fue una época de mucha conexión de la banda con su público. De recitales cada vez más masivos”, recuerda Sujatovich, que pese a vivir un momento de plenitud (“Hice la música de mi vida, toqué el cielo con las manos”) vio pronto oscurecido su presente a partir de un conflicto que irrumpió entre Spinetta y su manager Ohanian que terminó afectando al resto del grupo. “Luis se rayó muchísmo y cortó todos los recitales agendados para ese verano del 84. Literalmente se borró y nosotros no supimos qué hacer”. Al regresar, Spinetta reformuló Spinetta Jade y la mitad de la banda, incluido Sujatovich, quedó afuera. 

¿Si el problema era con Ohanian por qué ustedes pagaron los platos rotos?

–Así era Luis. Era un tipo espectacular. Pero si le agarraba la mala era bravísimo. Los días que por ejemplo estaba mal con Patricia, su mujer, no hablaba. Transcurría el ensayo y no te dirigía la palabra. El aire se cortaba con un cuchillo. Y guarda si le llegabas a querer decirle algo. Te abría los ojos como diciendo: “Te mato”. Hoy lo recuerdo y me río. Porque después de tanto tiempo las cosas buenas prevalecieron. Y porque al final tuvimos un reencuentro hermoso.

Ocurrió 25 años después, cuenta Sujatovich. “Viene mi hijo Mateo y me dice: ‘¿Sabés que conocí a Vera, la hija menor de Luis?’. A partir de ese momento se vuelven inseparables, muy amigos. Ella se quedaba a dormir en casa y él en la de ella. Luis lo empezó a llevar a conciertos. Hasta que una noche que estábamos comiendo unas milanesas Vera me pasa su celular y me dice: “Papá quiere hablar con vos”. Imaginate mi sorpresa. “Qué hacés, Leíto?”, me dice apenas atiendo. ‘¿Qué hermosos nuestros chicos, ¿no?’. Al poco tiempo pasé a tomar mate por su casa y todo bien. Fue como si el tiempo no hubiera pasado”. 

Como el reencuentro coincidió con la organización del recital de las Bandas Eternas, cuando Spinetta lo convocó para participar el escenario, el círculo entre ambos terminó de cerrarse. “Me dijo que la parte de Spinetta Jade la había resuelto con otros y que conmigo quería hacer un segmento a dúo con los temas que habíamos compuesto juntos”. Es decir, un viaje en el tiempo hacia aquellas tardes de creación musical en su cuarto de adolescente. “Me di cuenta que se había propuesto revalorizar lo mejor de nuestra relación. Y me pareció amoroso”. Ahora, con Generación diamante, la apuesta es seguir la estela de ese repertorio.

Generación diamante se presenta este martes en el Hall del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530. A las 18. Gratis.