La reacción es un plan

La avanzada se disfraza de acciones sueltas. Se hace pasar por seguidilla de ideas emanadas de voluntarios. Posa de humilde, de acción impulsiva.

Y sin embargo todos los discursos se parecen tanto. Las consignas, los afiches, las estrategias resultan calcadas. Basta armar un mapa de acciones e intervenciones, distrito por distrito, para ir notando que los parecidos necesariamente deben ser algo más que un aire de familia. Hacen guardias en hospitales para impedir abortos garantizados por ley (y llegan a disfrazarse, a detener camillas, a invadir espacios); irrumpen en escuelas para cuestionar contenidos educativos con perspectiva de derechos humanos; desconocen los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes porque prefieren plantarse décadas atrás, cuando chicas y chicos no eran sujetos de derecho sino objetos de tutela; ningunean los consensos sociales para generar confusión en la arena pública con frases de enorme, altísimo, impacto. En el camino, se apropian de discursos de minorías: la discriminación es contra ellos, que son establishment; la perspectiva de derechos humanos, que reconoce los derechos de las mujeres, es “ideología de género”; las decisiones sobre la propia vida, sobre el propio cuerpo, son equiparadas con decisiones sobre vasos a medio llenar. De todos esos contenidos tóxicos que ponen en circulación –aún de los ridículos–, algo en algún lado anidará.

Alguien (¿alguienes?) está poniendo mucho dinero y know how para que la reacción conservadora gane terreno. ¿A quién le sirve que los derechos de las mujeres, la diversidad sexual, las minorías queden en suspenso? ¿A quién favorece un statu quo regresivo? Cuando la reacción avanza en el terreno, lo hace a fuerza de burradas planificadas –como el proyecto de ley tucumano–, de mentiras –como en el caso de las campañas anti ESI–, de manipulaciones y violencia hasta física -como en los últimos casos de obstaculización de prácticas de abortos no punibles–. ¿Qué sectores se benefician con eso? ¿Quiénes se benefician cuando quedan habilitados discursos (que son todos y solamente de odio) salidos de distopías? 

Hoy son preguntas al aire, pero la única manera de detener esto, de desactivar la bomba de mediano y largo plazo que están construyendo de manera deliberada los fundamentalismos es encontrando respuestas.

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