Frutal, del Trío MJC, y Fiero, del Quinteto Bataraz
Dos apuestas con destino de clásicos
Ambas agrupaciones tienen mucho en común, aunque cada una de ellas tenga su personalidad. Han dado pruebas de moverse con la misma fluidez entre el tango y el folklore y estos discos ratifican su capacidad para transitar entre la música de tradición oral y la expresión académica.

El año que pasó dejó, entre muchas otras cosas, dos discos extraordinarios. Excepcionales también por lo difícil de encasillarlos dentro los márgenes que permite un panorama como el de la actual música argentina, tan agitada a veces en la fusión de afectos, efectos y autorreferencias. Frutal, del Trío MJC (Acqua Records), y Fiero, del Quinteto Bataraz (editado en un sello independiente) son dos trabajos que sin ser particularmente enrevesados en su contextura, ni complejos en su composición estilística, escapan a las definiciones. Y precisamente en la elaborada forma de pureza que reivindican estos discos está su condición de “raros”, eso que lo que los distingue y mancomuna. 

Frutal y Fiero son discos de música argentina. Cada uno es una obra de concepto poderoso en su definición, que en la coyuntura del tránsito que lleva de la música de tradición oral a la expresión académica, no sacrifican vigor y logran sintetizar lo mejor de cada ámbito. Es más, están muy cerca de suprimir las reparticiones para dejarse escuchar en la zona franca de la música artística. Obras compuestas sobre formas tradicionales, arregladas con sapiencia y sentido del retozo, ejecutadas con desparpajo y solvencia. 

El Quinteto Bataraz y el Trío MJC tienen mucho en común. Ambos han dado pruebas de moverse con la misma fluidez entre el tango y el folklore y por sobre el manejo sobrio y la articulación ejemplar de los lenguajes propios de cada género, representan una manera particular de hacer música. Un talante en el que el rigor de la composición y la fantasía del arreglo se completan en el calor de la ejecución. Escritura y performance, idea y realización se nutren mutuamente, se potencian y se expanden en extraordinarias ejecuciones, que aun en los puntos de mayor tensión, cuando el sonido se excita sin descomponer su fibra, más que la épica del esfuerzo celebra la firmeza del dominio sobre las cosas. 

Otro rasgo que mancomuna al Trío y al Quinteto es que sus pianistas, Jorge Martínez y Lisandro Baum, completaron su formación en el CIMAP, el programa de Creadores e Intérpretes de la Música Argentina en Piano, cenáculo de pianistas consagrados a la música argentina, creado y dirigido por la gran pianista y maestra Hilda Herrera. Pero más allá de esos rasgos comunes, cada formación tiene su personalidad y su propia historia.   

El Quinteto Bataraz adopta la instrumentación que Piazzolla y el Quinteto Real consagraron al tango, una maquinaria de invención tímbrica abierta, que en la idea de Lisandro Baum, pianista, arreglador y director, sirve y caracteriza también al folklore. Carolina Cajal en contrabajo, Sebastián Henríquez en guitarra, Pablo Farhat en violín, Matías Gobbo en bandoneón, completan la formación, que con su primer disco obtuvo un Premio Gardel, además del reconocimiento del Fondo Nacional de las Artes y la invitación para participar en el Womex 2016 en España.

Fiero es el segundo disco del Quinteto Bataraz. Gira sobre todo por los intersticios de las redes, a la espera de una presentación pública formal. En tanto, el arreglo de “Batango” fue nominado a la última edición de los Grammy Latinos. En un repertorio que combina temas propios con una selección de creadores que denota sensibilidad y conocimientos suficientes para tomar posiciones estéticas precisas, están “Zamba del mar”, de Waldo de los Ríos; “Responso por chacarera” de “Negrín Andrade” y “Zamba del Fiero”, de Hilda Herrera, que en el arreglo de Baum y la ejecución del Quinteto asume con plenitud la condición de obra maestra.    

Jorge Martínez en piano, Pablo Jaurena en bandoneón y Mauro Ciavattini en vientos, formaron el Trío MJC en 2006. Desde entonces han pasado por importantes escenarios del país, además de recorrer en varias oportunidades Europa y Latinoamérica con distintos proyectos en torno al folklore y al tango, solos y en diálogo con orquestas sinfónicas y distintos tipos de ensambles. Durante el año que pasó, el Trío cumplió una extensa gira por China con la música de Frutal, su tercer disco. 

Articulado con obras propias arregladas en conjunto, Frutal –dedicado a la memoria de Raúl Colombo, representante del trío durante varios años– marca el regreso del trío a los paisajes sonoros del folklore y sus reflejos. Hay aires del Litoral, zamba, chacarera, huayno, bailecito. Pero más allá de la franqueza de las composiciones, la música del trío asume su marca en el arreglo y en la ejecución: en el diálogo de los instrumentos que elaboran texturas de gran belleza, contrapuntos sugestivos que trascienden la transitada gramática de los géneros.

Nada es casual en la música de MJC. Cada timbre, cada respiración, cada articulación en el fraseo responde a una necesidad derivada de una idea. Desde el pianísimo inicial del bandoneón en “Siesta en Pirané”, el tema que abre el disco, hasta la intensidad de la combinación entre saxo soprano, piano y bandoneón en el estribillo de “El cielo de Luis”, una zamba de Jaurena, pasando por la elegancia chusca de los fraseos y las alternancias instrumentales de “Para Malenita”, un gato de Martínez, o en el aliento sombrío con que bandoneón y clarón sostienen “Quejumbrosa”, una milonga de Jaurena y Ciavattini. 

* Fiero y Frutal son dos trabajos generosos, que en su profundidad comparten destino de clásicos. 

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