La jueza Marta Yáñez analizó el video oficial que señala las causas del hundimiento
Ara San Juan: un testimonio sobre la implosión
La jueza de Caleta Olivia que investiga el hundimiento del ARA San Juan analizó el video señalado por el veedor de la Armada, que participó de la búsqueda del submarino en el buque Seabed de la empresa Ocean Infinity.
El Seabed que regresó al Area 1 al final de la búsqueda y detectó al submarino.El Seabed que regresó al Area 1 al final de la búsqueda y detectó al submarino.El Seabed que regresó al Area 1 al final de la búsqueda y detectó al submarino.El Seabed que regresó al Area 1 al final de la búsqueda y detectó al submarino.El Seabed que regresó al Area 1 al final de la búsqueda y detectó al submarino.
El Seabed que regresó al Area 1 al final de la búsqueda y detectó al submarino. 
Imagen: NA

En respuesta al pedido de la jueza de Caleta Olivia, Marta Yáñez, para que se tomen medidas para poder acceder a las 67 mil imágenes que se habrían tomado del ARA San Juan a 900 metros de profundidad, la Armada respondió que ya se pidió presupuesto para adquirir el software que se necesita. En estos días, la jueza viajó a Buenos Aires para ver un video, citado por un veedor de la Armada en su declaración testimonial en la causa, para tener una primera impresión sobre la versión oficial que señala que se trató de “una implosión” producida, tal vez, por un problema derivado del principio de incendio que había sido denunciado desde el ARA San Juan cuando se produjo el alerta de la emergencia, el 15 de noviembre de 2017.

De todos modos, la abogada querellante Valeria Carreras, le dijo a este diario que “es imprescindible que la jueza pueda acceder a las 67 mil imágenes que dijo Ocean Infinity que se tomaron, para poder analizar el tema a fondo para llegar a saber de una vez toda la verdad”. La nota publicada ayer por PáginaI12 abrió una polémica porque otro de los querellanes, Luis Tagliapietra, familiar de uno de los 44 tripulantes del submarino, sostuvo que “llama la atención el mal manejo de las imágenes por parte de la jueza”, de manera que la responsabiliza a ella por la demora. 

En esta nota se reproducen los dichos del capitán de navío Héctor Aníbal Alonso, con 34 años de trayectoria en la Armada, quien declaró como testigo ante la jueza Yáñez el 20 de diciembre pasado. En 2017, cuando desapareció el ARA San Juan, era jefe del Estado Mayor de la Fuerza de Submarinos. A las 23.45 del 15 de noviembre de ese año, fue notificado sobre el estado de emergencia de la nave. Fue designado veedor –cuando la búsqueda del San Juan quedó a cargo de la empresa Ocean Infinity–, por el contralmirante David Burden, director general de Material Naval de la Armada.

En cumplimiento de esa misión se embarcó en el Seabed Constructor, junto con otros siete oficiales de la Armada. En ese momento recibieron toda la información colectada durante la búsqueda y en lo sucesivo, todas las mañanas se reunían a bordo para proyectar la actividad de cada jornada. Al principio tuvieron dificultades con algunos de los vehículos submarinos autónomos AUV, hasta que pudieron solucionar el problema y contar con más de esos elementos. Alonso le enviaba a Burden dos informes diarios sobre la búsqueda, a las 6 de la mañana y a las cuatro de la tarde. Las reuniones cotidianas se hacían con la participación de todos, incluyendo a los familiares de los 44 tripulantes que se habían embarcado. 

En la búsqueda ya habían estado en el Area 1, que era señalada como el lugar donde podría estar el submarino. La decisión de volver a esa zona fue “de la empresa”, según dijo el testigo. Cuando llegaron al lugar del hallazgo, una geóloga de Ocean Infinity se mostró escéptica al ver las primeras imágenes de la nave y hasta llegó a decir que para ella era “una piedra más” de las muchas que habían visto en el fondo del mar. 

En su declaración ante la jueza, Alonso aseguró que la primera imagen que le dio la certeza de que era el ARA San Juan fue cuando vio “el tubo de aire comprimido, porque cuando lo vi me quede helado, cerré los ojos y dije que era el submarino”. La impresión se confirmó cuando “el ROB (Robotic Operating Buddy) hizo un zoom sobre el tubo, con lo que me confirmó más porque seguimos y vimos una parte muy grande de la libre circulación (de la nave) que era totalmente reconocible”. Luego se encontraron “con la popa, que es el casco resistente  y se veía algo que parecía el eyector de señales, pero era en realidad la descarga de refrigeración del MEP (motor eléctrico principal)”.

El ROB siguió mostrando imágenes en vivo, porque necesitaban tener al menos tres referencias para confirmar que era el ARA San Juan. Las siguientes imágenes mostraron, según Alonso, “los tubos lanza torpedos y la vela”. Cuando vio la vela, se comunicó con Burden para notificarle la novedad. Luego, los familiares que estaban a bordo, le comunicaron a Alonso que habían visto la hélice, cuando él se había alejado del punto de observación para hablar con su superior. 

Ante una consulta de la jueza, Alonso dijo que en el informe habían puesto que se trató de “una implosión” lo que produjo la tragedia porque “los escombros (que rodeaban al casco de la nave) estaban en un radio de cien metros”. Estimó incluso que la implosión se produjo cuando el ARA San Juan estaba entre los “700 y 800 metros de profundidad”. Alonso dijo que él no participó en el procesamiento de las imágenes obtenidas porque “eso solo lo hizo la empresa, en el lugar de procesamiento, porque los analistas necesitaban tranquilidad”. 

Luego, junto con los familiares, vieron un video realizado sobre la base de cinco horas de filmación, en el que aparecían todos los datos aportados por los veedores de la Armada para la identificación del submarino. La jueza Yáñez viajó días pasados a Buenos Aires, para ver personalmente el video descripto ante ella por el capitán Alonso. 

Sobre la implosión, el testigo precisó que la misma se produce cuando la presión del agua es superior a la resistencia del material de la nave. El aspecto del casco resistente era “como si alguien agarrara una lata de gaseosa y la aplastara”. En la popa “el acero estaba metido hacia adentro y el pasillo del submarino también estaba metido y se veía que los motores contenían el acero”. También se dieron cuenta, según Alonso, que “el techo de la última parte del cuarto de máquinas estaba toda abierta, (en el lugar) donde estarían los motores uno y dos”. La apertura era “como de adentro hacia afuera”, de allí su hipótesis de la implosión. 

La empresa les dijo después que “el largo del casco resistente es de 33 metros”, lo que significa que “hay 17 metros de submarino que se comprimió y ahí entendimos el acordeón que vimos”. 

Alonso estimó que “va a ser difícil determinar qué fue lo que pasó exactamente”. A él le parece poco posible que la “explosión interna” (la implosión) se haya producido por acumulación de hidrógeno porque para un submarinista “convive con el hidrógeno y conoce cuál es el peligro” de la acumulación. El se “inclina más por una perdida de plano debido a un recrudecimiento del principio de incendio” que había sido reportado desde el submarino poco antes de su desaparición. Luego insistió en que volvieron al Area 1 por decisión exclusiva de la empresa y que el hallazgo se produjo “en un punto nuevo fuera del cañón” donde habían estado buscando.

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