Cuando se es tan joven como Jorja Smith, la música de Amy Winehouse se disfrutó sin contaminarse de chimentos. Desde Walsall, un pueblo industrial a dos horas de Londres, mientras estudiaba canto, piano y oboe, Jorja se obsesionó con el disco debut, Frank: “Es tan honesto y real, le creés todo”, dice. Su preferida, la que más imitó, es “Stronger Than Me”, la apertura, donde Amy, de 20 años entonces, le reclama a su chico que él es más grande y debería ser el fuerte de los dos, él quien la contenga a ella y no al revés: que cumpla su rol. El tema ahora es famoso por la versión en el lateshow de Jools Holland de 2004: Amy toca la guitarra y todavía no lleva el rodete, pero “Stronger Than Me” es de la primera etapa lo más semejante al tono del disco maldito, Back To Black.

Cuando Amy murió, en julio de 2011, Jorja recién había cumplido 14. En comparación, no solo criarse en un pueblo le hizo la vida más serena, también ella tuvo verdadera contención familiar. Padre jamaicano músico y madre inglesa orfebre supieron guiarla por las tempestades adolescentes –cuando se sentía inferior por no ser rubia XS como sus compañeras (“sabé que nunca vas a ser blanca”) o se empecinó con convertirse en una estrella viral (“no hay apuro”)– hasta que estuvo lista para mudarse a la ciudad. Tenía 18 años y por un cover en YouTube había conseguido manager en Londres.

Compuso su primera canción a los once; la tituló como un pichón confiado: “La vida es un camino que vale la pena tomar”. Y todo el material que lanzó hasta ahora es escritura de los 16 a los 20. Por ejemplo, lo que se escucha en “Teenage Fantasy” es su voz de 17 años asumiendo la propia inmadurez y recordando a los padres consolarla por un amor no correspondido: “Si mirás al futuro, ¿de verdad ves a ese chico?”. Tal vez la música de Jorja, aunque lenta en general, suene demasiado dulce y bonita todavía, al salir evidentemente de un cuerpo, mente y corazón muy juveniles y sanos; pero es honesta y de ahí en más todo es crecimiento. 

Esa voz extraordinaria, tierra por explorar, además, también alcanza a los grandes. Con una década más de todo encima, la mega celebrity Drake confesó en alguna red que “Where Did I Go”, un tema de amor roto con estribillo delicadamente animado, le salvó la vida durante un vuelo largo. Invitada por él en persona vía DM de Instagram, Jorja estuvo a un pelo de no hacer el dueto que propagó su nombre en un minuto. La mortificaba que no fuera un tema suyo, sentir que podía llegar a impostar un personaje. Pero después vivió una historia que la hizo identificar con la letra -muy del estilo sentimental histericón de Drake- y preguntó si estaba a tiempo de aceptar. Sabe muy bien que la mayoría de sus fans la escucharon por primera vez en esa canción (“Get It Together” del disco de 2017 More Life), pero está segura de que sin ella habría llegado a oídos del mundo igual. La ansiedad es un mal que  la aqueja como a toda persona muy mental –así se define–, pero esa misma naturaleza también la volvió sensata y contemplativa. “La vida es un viaje largo, acomodate y disfrutá”, canta.

Colaboró en el soundtrack de Pantera Negra y con la estrella en ascenso Kali Uchis. El álbum debut llegó a mediados del año pasado, días antes de que Jorja cumpla 21. Lost And Found es un diario personal que recicla experiencias, fantasías, sentimientos, frases de un pasado breve vivido con intensidad y reflexión. El título –“perdida y encontrada”– es reflejo de su ritmo cardíaco: del modo que encontró de caminar el mundo desde que se supo tan pequeña al llegar a Londres, curiosa y deslumbrada pero siempre procurando sentirse ella misma, consciente ya de que la búsqueda es continua y los encuentros nunca definitivos.

Es la primera artista sin contrato discográfico en ganar el premio Critics’ Choice de su país (también estuvo nominada en los Grammy y ahora se vienen los Brits). Y planea seguir suelta: no quiere recibir órdenes; suficiente con los consejos de la empresa que la distribuye: que haga temas más uptempo, que esos son los que llegan al top de los charts. “El que no quiera escuchar temas lentos, que no me escuche”, dice ella. 

Quiere que su disco se escuche a la antigua: de principio a fin, repetidamente, y se nota que lo dio todo para que así fuera. Los estribillos son todos fabulosos. Canta sin regrabar sus letras sencillas, con el sentimiento de las divas de fines de siglo XX –Sade, Alicia Keys– y una intención conmovedora, como si esas baladas jazz pop fueran las primeras canciones del mundo. Valen las demostraciones de conciencia social, como en “Blue Lights”, que habla del miedo de la juventud negra a la policía, o “Lifeboats”, con reflexiones sobre la empatía y la indiferencia. La mayoría, igual, son canciones de amor. Las trabajó con distintos productores, mezclando instrumentación analógica y manipulación digital, con resultados más y menos interesantes. En otra fusión de trabajo y vida personal, se puso de novia con Joel Compass, productor y coautor de la muy bien lograda “The One”, sobre el tira y afloje previo a un amor por comenzar. Ahí trae a la cabeza a Lana Del Rey, a Lorde, a Rihanna. Le falta ferocidad y tristeza para evocar a Amy. Pero tampoco lo está intentando. Ella dice que está creando su propio género. Y todo indica que así como arranca el álbum, suave, in crecendo, la voz recién al minuto y medio, Jorja se tomará su tiempo para florecer y probarse importante. u

Jorja Smith hace su primera gira por Latinoamérica en el marco del festival Lollapalooza. La presentación en Argentina será en la tercera fecha, la del cierre más esperado: Kendrick Lamar. El domingo 31 de mayo en el Hipódromo de San Isidro. 

Entradas por allaccess.com.ar.