HISTORIAS DE LA TROVA (XXXIX)

Vivo repitiendo una y otra vez la situación extraña pero muy humana acerca de la relación con los sonidistas. Son el mejor o el peor amigo del músico. En esa convivencia entre artista sobre el escenario y artista debajo en la consola, se da a veces una puja enorme y una lidia sin sentido. Recomiendo si se desconoce al operador llevarle obsequios como si fuese una deidad. Un paquete de yerba es oro en polvo. Y darle charla cordial mas que técnica. Luego a suerte y verdad. Es muy instructivo y útil saludarlo, preguntar por su familia y piropear a la distancia alguna señorita que pase: eso funde lazos y acerca mucho. Es conveniente averiguar si el técnico es hétero. Luego ensalzar su equipos -sería como hablar bien de sus hijos-, narrarle hazañas que el tipo protagonizó, por ejemplo:-Me hablaron de un sonido que hiciste en un festival de rock- debió participar en muchos donde el sonido era ¡espectacular!.Y así por el estilo. Conozco a uno, cuya relación conmigo amenguó de quien conozco un secreto formidable y terrible si se supiera y tiene que ver con la puja entre los dos equipos de fútbol de nuestra ciudad. El sabe que si hablo se le termina la carrera. Por eso cuando por casualidad decide operarme y no le queda otra lo hace con una delicadeza extraordinaria y deja de lado todo su arsenal de acoples. Es mi venganza baja sobre aquellas sumisiones a las que hube de entregarme con otros por el bien de mi música. Nunca lo había dicho porque me avergüenza: el chantaje también funciona.

 

* Y hablando de sonidistas voy a referir una módica anécdota que nos ocurriera a Claudio Cardone y a mi en una localidad de Tucumán. El sitio era un pequeño auditorio replegado en una callecita del centro. La catedral, la comisaría y el almacén de ramos generales. La geografía habitual. De ella emergió en la prueba de sonido como si hubiese brotado de la tierra -literalmente hablando- un ser pequeño, sonriente y dispuesto a hacernos sonido. Lo miramos, cotejamos sus saberes y nos entregamos a la Suerte, que manoseaba los dados en un rincón de la sala. Acomodó su consola en un lateral bajo el escenario -Disculpá, pero si la ponés en el medio vas a estar mas cómodo y oír mejor- No se puede, chamigo, no se puede y continuó cableando muy orondo. A la hora del show estaba repleta la sala. Y al abrir el telón no lo vimos. -Se fue, dijo trágico Claudio. -Lo mataron por sordo alegué yo. Pero no, estaba efectivamente en el lateral bajo operando su consola, pero cuerpo a tierra.-Es para no interferir la visual nos dijo su asistente. El lugar estaba tan mal diseñado y era tan antiguo que un aparato en el centro mas la espalda del técnico obstaculizarían la visual. Por ende el tipo trabajó toda la noche panza en el suelo. Lo presenté muy serio como un ex combatiente de Malvinas. Los presentes aplaudieron a rabiar. Luego, efectivamente, me enteré por su voz quebrada y su abrazo que realmente había estado en el sur, peleando por todos nosotros. Le regalamos un disco y nos fotografiamos orgullosos. Le perdonamos el exceso de graves y los micrófonos del Pleistoceno.

 

* Marilina se llamaba y vivía por Villa Adelina. Alguien la conoció y durmió con ella como un acto de buena voluntad -sobre gustos machistas el mundo está repleto-. La cuestión es que era agradable y vivía en dictadura como si fuese en una estancia hippie. Extraía algún porro con naturalidad lo mismo que un panfleto de izquierda y se sonreía. Le sonreía a los canas, a las vecinas, al chofer del 29 y a la vida misma. -Es una "servicio" alguien acusó. Pero no. Yo intuía que estaba afanosa, cordialmente amorosamente loca y esa demencia la protegía de los males de vivir al costado de la muerte. Nos guió por un Buenos Aires agorero, esquivaba los retenes, nos llevaba comida  a los ensayos y fumaba como una desgraciada. Escribía poemas crípticos, amaba a Artuad y era porfiadamente feliz a pesar de su gordura. Luego el desbande hizo que la dejáramos de ver. Alguien, ya en democracia en un bar mugriento de La Boca me refirió que la chuparon por la calle Warnes. El sitio por excelencia de la venta de repuestos producto de los desarmaderos. -En los desarmaderos un desalmado la llevó, pensé yo poéticamente. No dije nada, solo hice lo que pude con ella y su recuerdo: una canción.

 

* La tristeza, la desazón, los males personales, la mala vivienda, una familia descolada, amores contrariados, ausencia de divisas no producen arte, solo lo prologan. Ojalá los músicos naciéramos bien, en salud, en una sociedad que nos aliente y proteja, nos de ánimos para seguir, acordes buenos, estudios al alcance de la mano y orgullo por nuestra profesión. Debe haber una multitud de taxistas que quisieron ser músicos y se mancaron. Hay que hacer coronas de flores vivas para ellos y enterralos en vida para que resuciten al tercer día, limpios de GNC, malos gobiernos y franelas amarillas. Yo, que fui un esclavo al volante de camioncitos de repartos y motocicletas cargadas de leche chocolatada, distribuyendo por los barrios mientras en mi cabeza sonaba otra música, lo sé y lo puedo contar. Para mi también está reservado ese bouquet de flores de resucitados. Yo también soy uno que hizo lo que pudo. Solo que un día me animé y quebré el volante de un guitarrazo.

 

* Hay en mi casa un fantasma que me desordena las cosas, esconde las llaves, abre cajones en medio de la noche y golpea suavemente con nudillos de nubes las puertas internas. Alguna vez hasta oí que me llamaba por mi nombre. -Tranquilo, estoy trabajando, le susurro, mientras escribo. Y me hace caso y se calla. Ha espantado al gato, charlado en sueños con mi hijo y ha hecho crecer plantas que creía vencidas por el herrumbre. Una vidente me comentó con firmeza que es el ánima de un amigo que ya no está con nosotros, que fuera mi amigo y parece ha decido quedarse un tiempo haciéndome compañía. Yo lo dejo, lo extraño cuando no se manifiesta. Como es músico y de los buenos a veces le imploro me haga llegar alguna armonía mejor que la que dispongo, tan elemental y repetitiva. Se lo comento a mi bruja y ella solo aclara. Es un ente del Bien, si fuera del Mal seguro te ayuda a cambio de algo fulero. La miro a los ojos y me encojo de hombros. Ella, que también toca un instrumento y sabe de lo que hablo me responde suavemente. -Vas a tener que estudiar un poco mas, no te queda otra.

 

* Una charla de quincho, mientras se orea la carne y el tinto hace efecto.-¿Sabés que siento últimamente?... culpa. Las palabras caen lentas sobre el mantel de hule y provienen de la boca de uno de los mejores cantores de mi generación.-Siento que usé mi fama y mi arte, digamos, para enamorar chicas y usarlas para después dejarlas. Algunas se ilusionaron mucho y las abandoné como un trapo viejo, sin explicaciones. Como si fuese un rey que se arroga hacer lo que quiere con las vidas ajenas. Hace un respiro y bebe un trago.-….claro ..yo sabía que eran un cuerpo y nada más, pero mentí, usé palabras que nunca usaría y les hice creer lo peor..¡que las quería! !Y todo por un polvo! Se lamenta. Yo lo cotejo. Alguien que está cerca agrega combustible.-No seas boludo...son cosas de la vida...ellas también lo quisieron...ellas ya saben cómo es el juego...que se jodan como te estás jodiendo vos con toda esa culpa al pedo. Medio que se enoja. -Es este sistema de mierda, agrego. Y le hago señas de silencio. El cantor sigue-..qué se yo, me debo estar poniendo viejo..pero..pero a veces siento que en el cuerpo me quedaron pegados sus abrazos, sus buenas intenciones, sus ganas, su amor y me convierten en un político que ha engañado para sacar lo mejor que cada uno tiene escondido y usarlo para su vanidad. Usarlos, ¿entendés el significado? Me agarra la muñeca. o lo miro a los ojos. Es una verdad a gritos la que profiere. No sé si tiene razón o no. Si fue así todo y se puede modificar la herida y cual habría de aparecer la sanación. El otro, más filosófico y práctico que yo opta por la idea -Mirá: escribite en facebook una carta respetuosa sobre el asunto y listo, ellas la leerán...bah, las que queden vivas.-El angustiado me sirve vino y al segundo comprendo que debo armar unas oraciones bien elegidas para tanto pasado, tanta noche y tanto remordimiento. Y regalárselas.

Y de paso, como un cuervo, voy utilizar de lo que quede algo para mis canciones, !que tanto disculparse!

 

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