El presente de Venezuela es la historia de las venas aún abiertas de América Latina. Parafraseando a Eduardo Galeano, Venezuela sufre la desgracia de nacer importante, diversa y con una riqueza extraordinaria. La mayor reserva de petróleo del mundo se encuentra allí, es el segundo país con mayores reservas de oro, el octavo con mayores reservas de gas natural y posee una riqueza variada en diferentes minerales, entre los que se encuentran el hierro y el coltán, niño mimado para la producción de las nuevas tecnologías de la información. Al mismo tiempo, la fuerte dependencia con el sector externo la pone en una situación de debilidad.

 

Debido a que su economía se encuentra atada, mayormente, a los ingresos por exportaciones de petróleo y a la capacidad de importar bienes de consumo masivo, la falta de producción interna se suple con el ingreso de divisas. De esta manera, cuando faltan divisas la economía se debilita, los engranajes no funcionan. La teoría de la dependencia dice, al respecto, que existe una asimetría productiva de origen, los países que compran materias primas dependen parcialmente para su abastecimiento de los países que los producen, mientras que en éstos estamos en una situación de dependencia mayor respecto a los países del centro que exportan bienes manufacturados. Dicho esto, en el marco de la mundialización del capital, lo que parece ser una explicación sólo del orden económico, se transforma en un brutal mecanismo de dominación política. "Abrirse al mundo" no es la salida sino multiplicar la dependencia con el sector externo, someterse a los dictados del capital financiero mundializado y ello se termina transformando en un excelente medio de corrección geopolítica cuando algún país osa sacar los pies del plato.

 

La relación entre crisis y desbalance del sector externo de la economía es muy estrecha cuando se está en una clara dependencia del mismo. Caen los precios internacionales de las materias primas, se produce una fuga masiva de capitales y, como resultado asistimos a una crisis de financiamiento de divisas que se pretende resolver con el ajuste del tipo de cambio. Si, además, la dependencia con el sector externo es muy aguda, toda la economía depende del mismo y de la importación de capitales para poder continuar reproduciéndose. Venezuela es un país con alta dependencia del sector externo debido a que su economía se encuentra atada, mayormente, a los ingresos por exportaciones de petróleo y, así, el funcionamiento de la economía está sujeto a la capacidad de importar bienes de consumo masivo. La falta de producción interna se suple con la capacidad de hacerse de divisas. El dólar es un insumo clave para su economía y, en ese sentido, se mantiene pendiente la propuesta de Chávez de creación del Banco de Sur con una moneda de circulación regional.

 

Los grupos locales parecen estar golpeando por dos vías: la fuga de capitales, restringida por el gobierno, y una presión hiperinflacionaria organizada por las empresas que controlan los engranajes claves de la economía. La hiperinflación, subraya Elías Canetti, es capaz de desatar procesos de descomposición social, radicalización política y pérdida de consensos para una convivencia democrática, como si el dinero trascendiera su dimensión económica, convirtiéndose en un fantasma colectivo, un enorme vacío poblado de temores, fobias y vergüenzas.

 

La caída del precio del barril complicó aún más la situación venezolana, pero es el bloqueo económico lo que termina por asfixiar su economía. En otras palabras, la crisis humanitaria la han producido los mismos que hoy pretenden convencernos de lo imprescindible de la ayuda humanitaria. Como lo deja claramente expuesto un informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica titulado "Las consecuencias económicas del boicot a Venezuela": "…si sumamos el valor promedio anual de divisas que ya no entraron producto del bloqueo (19.200 millones), más lo que el país tuvo que pagar promedio cada año (3.300 millones), podemos concluir que la economía y la sociedad sufrieron una asfixia internacional de 22.500 millones de dólares anuales producto de una estrategia deliberada internacional de aislamiento financiero. Evidentemente, esta presión financiera se intensificó desde 2015 con la caída del precio del crudo". En términos comparativos, continúa el informe, "la abrupta caída de importaciones, que tenían valores en torno a 60 mil millones de dólares anuales entre 2011 y 2013, se desplomaron a valores estimados en 12 mil millones en 2017".

 

El monto de la ayuda humanitaria es irrisorio frente a las pérdidas ocasionadas por el bloqueo y frente a las necesidades del pueblo venezolano. La ayuda humanitaria se presenta con el objetivo de "salvar vidas y aliviar el sufrimiento de una población afectada por una crisis (conflicto, catástrofe natural o humana)", por lo tanto, el mejor medio para ello sería aflojar la presión y levantar el bloqueo económico. Las razones por las que no se hace de este modo son, obviamente, políticas. Las supuestas buenas intenciones de EEUU y sus socios menores se desbaratan cuando reconocemos que desde los comienzos mismos del gobierno bolivariano, sin problemas de desabastecimiento, el país del norte estuvo involucrado en intentos de golpes de Estado y hechos violentos de desestabilización.

 

Dicho de otra manera, la crisis humanitaria no es un problema para EEUU, es una excusa, la excusa para que EEUU invada militarmente Venezuela. Siempre lo quiso hacer, sólo que ahora creó las condiciones para que la misma se encuentre relativamente legitimada. En segundo lugar, el bloqueo económico no comienza ahora, sino desde hace unos años, y desde que asume Maduro por primera vez la presidencia en 2013 el mismo se intensifica. La excusa había que producirla, la crisis humanitaria había que fabricarla a través de los medios masivos de comunicación, a través de las declaraciones adversas de diferentes países y a través de una asfixia económica resultado del bloqueo. La crisis no es consecuencia de la mala gestión bolivariana, es el mejor producto fabricado por el imperialismo como puerta de entrada a Venezuela y, finalmente, a toda Nuestra América.

 

Milton Friedman, en su libro de divulgación Capitalismo y Libertad expresa: "Únicamente una crisis real o percibida, produce verdaderos cambios. Cuando la crisis ocurre, las acciones que se tomarán dependen de las ideas que estén flotando alrededor. Por eso, creo, nuestra tarea es: desarrollar alternativas a las políticas existentes, mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable". Friedman admite la necesidad de crisis, sea ésta real o percibida, poco importa esa insignificante diferencia, lo que realmente importa es advertir que la aparición de eso llamado "crisis" tiene la potencialidad de producir un cambio real. En Friedman vemos la versión acabada de la crisis como modo de regulación social, es a través de ella que se pueden generar transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales profundas y, por lo tanto, debe ser real o, en su defecto, se deben generar todas las condiciones para que sea vivida como tal. 

 

El bloqueo económico, la guerra económica ha sido uno de los instrumentos privilegiados del imperialismo para crear las condiciones que le permitan una invasión militar con cierta legitimidad. Las inexistentes "armas de destrucción masiva" de Saddam Hussein fueron la excusa presentada por EEUU y sus aliados para imponer un bloqueo económico sobre Irak durante años. Esto provocó un grave desabastecimiento de alimentos y medicinas, el escenario perfecto que justificara la "ayuda humanitaria", puerta de ingreso de los ejércitos de EEUU, Reino Unido, España, Australia y Polonia, costando la vida al menos 500 mil iraquíes, entre ellos 120 mil civiles. Extraña paradoja la de una ayuda humanitaria que se llevó puesta la vida de 500.000 iraquíes.

 

El cerco económico más extenso es el que sigue padeciendo Cuba. Como punto de partida para dar cuenta de la moral del imperio, en febrero de 1959, es decir, a los pocos días del triunfo de la Revolución, el Banco Nacional de Cuba identifica la existencia de 424 millones de dólares en bancos norteamericanos, robados por funcionarios de la dictadura de Batista. Ante el pedido de devolución de las nuevas autoridades revolucionarios, nada fue devuelto. Ese mismo febrero, el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU niega un modesto crédito solicitado por el Banco Nacional de Cuba para sostener la moneda. En junio de 1960 el presidente Eisenhower decreta la reducción de 700 mil toneladas de la azúcar cubano para el mercado norteamericano y en diciembre se suprime totalmente para el año siguiente, lo que significan 3 millones de toneladas. En abril de este mismo año, las empresas Shell, Texaco y Esso restringen la exportación de combustible a Cuba. En octubre comienzan las prohibiciones de exportación norteamericana a Cuba y en febrero de 1962 se implanta formalmente el embargo la prohibición total de comercio entre EEUU y Cuba, anunciando la prohibición de ingreso al territorio norteamericano de cualquier producto elaborado, total o parcialmente, con productos cubanos, aunque provengan de terceros países. El bloqueo impacta en todos los sectores, a modo de ejemplo, en salud 11.451.760 de cubanos sufren la carencia de medicamentos e insumos por el bloqueo, con una afectación de 104.000 millones de dólares. La imposibilidad de Cuba de establecer convenios comerciales con otros países ha causado pérdidas que se calculan en el orden de los 1.960.933.678 millones de dólares.

 

¿Qué sucede en Venezuela? EEUU le retiene a Venezuela 18 mil millones de dólares, en 2018 fueron bloqueados cerca de 2.500 millones de dólares, mientras que en 2019 desde Inglaterra retuvieron las cantidades de 1.200 millones de dólares (en oro) y EE.UU. se hizo con 7.000 millones de dólares en activos de PDVSA. Según estimaciones, son cerca de 18.000 millones de dólares que retiene EE.UU. No hay ayuda humanitaria que valga frente a tamaño despojo y saqueo de la riqueza de Venezuela capturada, cual piratas, por las potencias occidentales mencionadas. Ayuda humanitaria, ayuda militar, potatoes, tomatoes según esa conocida expresión para señalar que se trata de más o menos lo mismo. El presidente Nicolás Maduro expresó: "Si quieren ayudar a Venezuela que cese el bloqueo, que liberan las cuentas bancarias, y Venezuela por su propio camino saldrá adelante como siempre lo ha hecho a lo largo de su historia" pero como, claramente, su interés parece no estar tan ligado a la ayuda al pueblo venezolano, toman el camino de mayores engaños y manipulaciones.

 

Como bien se expresa en un cartel soviético, la ayuda humanitaria de los EEUU es el caballo de Troya para el ingreso de los tanques, misiles y soldados del imperialismo.

*Programa de Estudios sobre Gubernamentalidad y Estado.

PEGUES/ Fac. Ciencia Política y RRII/ UNR

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