El documental sobre Maria Callas
La voz divina
Fue una celebridad y una diva cuando esos conceptos emergían: solo se le comparaban Liz Taylor y Marilyn Monroe. En el documental Maria Callas: en sus propias palabras, que se estrena en las salas porteñas dentro de un par de semanas, el realizador Tom Volf hizo un magnífico trabajo de archivo para contar la vida y la obra de la mayor cantante lírica de la historia y lo hizo dejando que ella tomara la palabra. Al teléfono desde su hogar en París, Volf cuenta cómo decidió evitar los recursos clásicos del documental, cómo nació su fascinación por la Callas y por qué a su película la pueden disfrutar también quienes no sean aficionados a la ópera.

“En total hay dos personas dentro mío. Me gustaría ser Maria, pero también está La Callas, a la que tengo que responder. Así que debo lidiar con ambas lo mejor que puedo”. Las palabras salen de la boca de Maria Callas, cantante lírica, estrella internacional de la ópera, celebridad en una era en la cual esa palabra era una novedad. Es un momento íntimo, de desnudez emocional, que forma parte de una entrevista realizada por el famoso periodista británico David Frost en 1970, una grabación televisiva que permanecía inédita y muchos daban por perdida, hallazgo de Maria Callas: en sus propias palabras, el documental de Tom Volf que se estrenará en salas de cine dentro de dos semanas. Ese breve fragmento periodístico, que presenta sin preámbulos el concepto de dualidad en la existencia de la protagonista, abre la película, pero las respuestas de la diva a las preguntas de Frost seguirán acompañando las casi dos horas de proyección de manera fugaz e intermitente, como una guía narrativa a través de su vida y su obra. Una suerte de esqueleto para la ingente cantidad de material de archivo de un documental que se resiste a utilizar los recursos típicos –narrador omnisciente, entrevistas a cámara, explicaciones en tercera persona–, optando, en cambio, como su título local lo indica, por la primerísima persona. 

“Suelo decir que mi interés por Callas surgió por accidente o gracias al destino. Es cuestión de elegir entre uno u otro”, afirma Tom Volf desde el otro lado de la línea telefónica. Volf nació en Francia y, luego de un periodo de varios años como neoyorquino, continúa viviendo en la capital francesa. Su curriculum profesional destaca sus actividades como fotógrafo y realizador, en medios que van desde el mundo de la moda a los videos institucionales para la televisión. Pero todo cambió una noche de 2013. Un instante que definiría su obsesión durante los cinco años siguientes, el punto de origen no sólo de su primer largometraje sino también de una exposición y tres libros dedicados exclusivamente a Maria Callas. “La verdad es que hasta hace algunos años no sabía absolutamente nada sobre ella. Mientras vivía en Nueva York, por curiosidad, fui una noche a la Opera Metropolitana (Met) a ver una ópera italiana, y me dejó en un estado de tal entusiasmo que al volver a casa busqué en Internet todo lo que pude hallar sobre esa obra. Una cosa llevó a otra y así fue como llegué a escuchar por primera vez una grabación de Maria Callas. Fue en ese momento que comenzó el viaje”. 

 La investigación llevó a Volf a iniciar un proceso de recopilación de información a través de archivos y personas que habían conocido personalmente a Maria Anna Cecilia Sofia Kalogeropoúlos, hija de inmigrantes griegos nacida en los Estados Unidos en 1923 (su apellido real fue simplificado por su padre para evitar confusiones y lenguas trabadas al intentar pronunciarlo). Los primeros minutos de Maria by Callas –el ingenioso y conducente título original– describe velozmente algunos detalles de su infancia y adolescencia, bastante desdichada. En palabras literales de la homenajeada: “Durante los pocos momentos de infancia que tuve fui feliz”. La obsesión de la madre por hacer de la prodigiosa niña una excelsa cantante, además de notable pianista, marcaría una parte indeleble de su personalidad futura: la idea de excelencia, de llevar al límite las posibilidades de la voz, de ser mañana algo mejor de lo que se fue hoy. “Cuando comencé a investigar, sentí que había una historia que podía ser narrada en forma cinematográfica”, continúa el realizador. “Una película que nunca se había hecho, compuesta exclusivamente por sus propias palabras, que contara su historia utilizando exclusivamente material de archivo. Ese fue el primer proyecto que apareció en mi cabeza, para el cual logré reunir una gran cantidad de material, en parte inédito. El proyecto de documental llevó en total unos cinco años y los tres libros publicados y la exhibición surgieron de allí, como una manera de compartir todo el material. Pero la película siempre fue el punto de origen y, tal vez, sea lo más importante. De alguna manera, los libros, la película y la muestra son complementarios, ya que describen a Callas a partir de diferentes aproximaciones”. Al ver Maria Callas, la película, no resulta difícil imaginar lo ardua que debe haber sido la búsqueda de imágenes y sonidos a lo largo y ancho del mundo, el paso previo a la lucha por obtener los derechos y poder utilizarlos. “Editarlo también llevó su tiempo, unos seis meses de montaje intenso: siete días a la semana, a veces durante el día y la noche”.

El destino es el destino

Elvira de Hidalgo, la soprano española que supo ser maestra de canto de la adolescente en sus años formativos en Atenas –donde Callas se instaló junto a su familia durante los años de la Segunda Guerra Mundial– recuerda en una entrevista de archivo, en perfecto francés, que nunca tuvo una alumna tan aplicada y talentosa. Una serie de imágenes capturadas en 8mm y 16mm muestran a la Callas recorriendo escenarios italianos (Trieste, Florencia, Milán), performances que se transformaron en auténticos eventos sociales. “El destino me llevó a tener esta carrera y no pude salir. Fui forzada a regresar frecuentemente, primero por mi madre, después por mi marido. Lo hubiera dejado con placer. Pero el destino es el destino”, le confiesa Callas a Frost en otro momento de honestidad brutal. El realizador Tom Volf le dedicó mucho tiempo a leer todo lo que se había escrito sobre ella, libros y artículos. “También miré todos los programas de tevé en los cuales participó. Al hacerlo, me di cuenta de que había pocos momentos en los cuales es ella la que habla; en general, se trata de otra gente hablando sobre ella. Como lector o espectador eso me dio una sensación de lejanía, una cosa distante. Por eso, pensé que la película debía estar basada en sus palabras, aunque no estaba seguro de poder hacer toda la película de esa manera. De hecho, cuando comencé a conocer a sus amigos filmé muchas entrevistas donde hablan sobre Maria y recuerdan anécdotas. Pero sentí que era importante que fuera solamente ella quien narrara su historia. Por eso decidí no incluir ni un solo plano de lo que había filmado y nos concentramos en conseguir todo el material de archivo que pudiéramos. No sólo entrevistas sino también grabaciones de audio y, por supuesto, las cartas que les escribió a amigos y amantes”. La versión original de Maria Callas: en sus propias palabras, que es la que podrá verse en nuestro país, cuenta con la voz de la actriz Fanny Ardant como lectora e intérprete de esas misivas personales, reflejo íntimo de Maria, la mujer detrás de la cantante.

A mediados de los años 50 Maria Callas estaba en el apogeo de su carrera. El talento y el éxito iban de la mano y el matrimonio con el empresario Giovanni Battista Meneghini, un amante de la ópera treinta años mayor que ella, parecía firme. Las presentaciones en los Estados Unidos y los más importantes teatros europeos conformaban una interminable y vertiginosa gira. En esos años, resulta notable el parecido físico de Callas con Audrey Hepburn: el peinado, la forma de vestirse. Tom Volf asiente. “En ese punto de su carrera su estilo estaba absolutamente inspirado en la imagen de Hepburn. Lo que ocurrió fue que Callas, a comienzos de los 50, tenía un poquito de sobrepeso y al ver La princesa que quería vivir, la película de William Wyler, decidió que esa era exactamente la manera en la que quería verse. Más tarde lograría un estilo absolutamente personal”. No es necesario ser un amante o un conocedor del mundo de la ópera para apreciar las virtudes de la película. Mucho menos para disfrutar de la voz de Callas. A diferencia de lo que suele ocurrir en tantos documentales dedicados a celebrar las carreras de un músico o banda, Volf optó por incluir en su totalidad algunas famosas arias, en lugar de utilizar un fragmento de algunos segundos como método ilustrativo. No es un detalle menor y, para el realizador, “fue una decisión temprana que la película no fuera un programa de televisión extendido. Su canto en la película no está relacionado estrictamente con la música o su carrera, sino que define todo un subtexto narrativo. Lo que ella piensa está presente en las letras que está cantando. Lo que pasa en su propia vida se refleja en la música. Esa es la relación más directa entre Maria y Callas”. Varias de esas presentaciones, que incluyen la performance en París del aria Casta Diva, de la ópera Norma, de Vincenzo Bellini, y la notable interpretación de la Habanera de Bizet en el Covent Garden, fueron registradas en su momento con cámaras televisivas de circuito cerrado, en estricto blanco y negro. En una decisión al menos polémica para los más puristas, pueden apreciarse ahora a todo color. Volf defiende su decisión. “Cuando comencé a investigar me sorprendió encontrarme con material filmado originalmente en color, lo cual es raro para las décadas del 50 y 60. Ver a Maria Callas en color me dio la impresión de que estaba viva, de que se trataba de alguien del presente y no del pasado. Hallamos fotografías color de varias presentaciones, algunas de ellas muy famosas, como la de Tosca en Londres. Eso me dio la idea de ‘colorizar’ las grabaciones, porque teníamos una referencia muy precisa a partir de esas fotos: el color de su vestido, del maquillaje, de los fondos y escenografías. Los colores que se ven en la pantalla son exactamente los mismos que la gente vio con sus propios ojos en ese momento”.

Cualquier cosa menos conservadora

Mientras tanto, debajo de los escenarios, ocurrían cosas. El encuentro casual con Aristóteles Onassis daría inicio a una amistad y un romance que duraría el resto de sus vidas, incluso luego del casamiento sorpresa del magnate griego con Jackie Kennedy. Ese fue también el punto de inicio de una relación con la prensa amarillista que nunca la dejaría en paz. La película le dedica mucho espacio a la vida privada de Callas, aunque su intención no parece ser otra que la de investigar esa dualidad entre Maria y La Callas, algo que no hizo más que profundizarse con el correr de los años. Volf utiliza material periodístico en bruto, sin editar. Luego de una presentación cancelada debido a una bronquitis, evento natural en la vida de cualquier ser humano, la prensa internacional comenzó a acecharla, no siempre en buenos términos. En la película puede apreciarse a un enjambre de personas, cámaras y micrófonos rodeando a la diva mientras intenta caminar por un pasillo del aeropuerto romano, poco después de que viajara para pedir el divorcio de su marido. “Allí uno puede ver su esfuerzo, porque los periodistas están literalmente alrededor de ella y, por momentos, la empujan”, detalla el realizador. “Es algo que hoy no podría ocurrir porque estarían presentes empleados de seguridad, guardaespaldas, agentes de prensa. Ella fue una de las primeras celebridades mundiales, junto con figuras como Marilyn Monroe o Elizabeth Taylor –que también aparecen en el film–, y en aquellos tiempos había cosas que todavía no estaban formateadas. Todo era muy crudo. Y a veces muy violento. La verdad es que tuvo que vivir una buena parte de su vida bajo el ojo público y esa es otra de las dualidades entre Maria y Callas. Como mujer, Maria quería llevar una vida normal, tener una familia feliz e hijos. Pero también era La Callas y debió dejar de lado esa idea de tener una vida convencional”.

“Pienso que lo más importante para un mujer es tener hijos”. Palabras más, palabras menos, el concepto se escucha dos veces en la película, siempre en boca de Maria Callas. Para Volf, es algo que no puede entenderse como signo de conservadurismo. “En absoluto. Fue una mujer que nunca pudo tener hijos o un matrimonio feliz, tal y como era su deseo. Y, para ella, eso fue una tragedia personal. Muchas mujeres sufren hoy en día por esas mismas razones. Muchas otras no, desde luego. Pero aquellas que sí lo desean y no pueden lograrlo lo sufren. Me han hecho esta pregunta antes y por eso quiero dejarlo claro. Las decisiones que tomó en su vida, como divorciarse en aquellos años, son cualquier cosa menos conservadoras. Fue muy moderno y está relacionado con la libertad de la mujer”. Maria by Callas también ofrece algunos momentos de backstage del rodaje de Medea, la única película en la cual participó. Su amistad con el realizador del film, Pier Paolo Pasolini, continuaría en el tiempo: en una fotografía puede vérsela tomando apaciblemente sol junto al gran cineasta italiano. Su muerte temprana en 1977, a los 53 años, terminó con una de las carreras artísticas más importantes del siglo XX. Una carrera plagada de rotundos éxitos profesionales y aún más potentes golpes personales. “Maria fue única y esa es la razón por la cual se la sigue reconociendo a más de cuarenta años de su muerte”, afirma Volf. “Creo que fue una revolucionaria en su terreno y dio nacimiento a toda una nueva generación de cantantes líricos. La combinación de canto y buena actuación aún no es tan común. A diferencia de otros cantantes líricos, ella nunca hizo pop. Lo dice en la película: lo de ella era el bel canto. Ese era su mundo y su manera de compartirlo con la gente”.

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