La decisión, del iraní Vahid Jalilvand
Una película indecisa
Si el ganador del Oscar Asghar Farhadi fundó un género de muy buena recepción internacional, el melodrama iraní de conciencia, la realización de su epígono Jalilvand oscurece la paleta pero no supera el original.

Con sus premiadas La separación, El pasado, El viajante y Todos lo saben, el realizador Asghar Farhadi fundó un género de muy buena recepción internacional: el melodrama iraní de conciencia, en el que ciertos hechos-límite --accidentes, secuestros, muertes-- funcionan como disparadores de la conciencia culpable de los protagonistas. Por lo que puede verse, su compatriota Vahid Jalilvand incursiona, con menos brillo para la puesta en escena, en esta línea. Su ópera prima premiada en Venecia, Wendesday, May 9 (título de distribución internacional, 2015) era una suerte de fábula persa alrededor del dinero, la muerte y la ambición. La decisión (2017) es la siguiente, y le fue mejor en el mismo festival: premio a la mejor dirección y al mejor actor protagónico. Es una película de clima gravísimo sobre la responsabilidad, el sentimiento de culpa y el cuidado por el otro.

Un hombre anda en auto de noche por la ruta. El auto de atrás toca insistentemente bocina para pasar, pero el hombre no le puede hacer lugar, porque a su derecha hay una moto que va muy tirada sobre esa mano. Sin esperar demasiado, el chofer de atrás le tira el auto por la izquierda, lo obliga a correrse hacia el otro lado y cuando se corre roza a uno de los pasajeros de la moto. Que son una familia entera: padre, madre y dos chicos. El roce fue sobre el hijo, aparentemente a la altura de la nuca. El padre lo insulta, el chofer le explica que la culpa no fue de él y mientras esperan, el chofer invita al chico a subir al auto. El hombre es médico legista y le hace un breve interrogatorio, para chequear su estado. El chico está bien, no le duele nada, el chofer le pide al padre que lo lleve a una clínica cercana, va un tramo detrás de la moto y ve que el padre no para en la clínica.

Todo lo narrado corresponde a la secuencia inicial de La decisión. El resto es la agudización y complejización de los conflictos narrados allí. Sucede un hecho grave, que no conviene develar. Una médica que trabaja en el mismo centro que el médico legista, cuyo nombre es Kaveh, descubre gracias a un análisis que el chico podría haberse infectado con botulismo, enfermedad que al cabo de unos días puede ser mortal. Su padre había comprado en una pollería unos pollos sospechosamente baratos, por lo cual irá a la pollería hecho una furia. A su vez, y al contrario de lo que suele suceder, Kaveh está convencido de que el chico podría haber muerto por presión cervical, como consecuencia de un fenómeno raro, pero que puede ocurrir. Totalmente culpabilizado, si las posibilidades de que el chico haya muerto así son de 1 a 3, Kaveh prefiere creer en la posibilidad de ese uno.

De clima subrayadamente grave, La decisión por un lado mantiene al espectador a distancia, tanto en sentido emocional como de participación en la trama, en tanto el espectador va siempre detrás de ésta, y con menos datos de los que necesita para poder intervenir. ¿Por qué no se hace ninguna mención a si el protagonista tiene o no familia (más allá de su madre enferma, a la que tiene que cuidar)? La médica que se hace cargo del caso, ¿tiene o tuvo alguna relación con Kaveh? Da la impresión de que sí, pero ningún indicio. ¿Por qué Kaveh tiene tanta necesidad de expiar una culpa que difícilmente sea propia? Ningún dato o insinuación para sonsacarlo. En perfecta consonancia con estas oscuridades, el final de La decisión no deja un dato en estado de suspensión, sino todo. Es como si el realizador hubiera mirado el reloj, hubiera dicho "ya van 104 minutos, es suficiente" y hubiera mandado a todo el mundo a su casa.

LA DECISIÓN                             5 PUNTOS

No Date, No Sign; Irán, 2017.

Dirección: Vahid Jalilvand.

Guion: V. Jalilvand y Ali Zerangar

Duración: 104 minutos.

Intérpretes: Amir Aghaei, Navid Mohammadzadeh, Hedye Tehrani, Zakieh Behbahani.

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