Siete días en la ciudad
Entre la bronca y la expectativa
Los candidatos se mueven por un estrecho desfiladero para conectarse con los votantes en una campaña signada por la angustia y la decepción.
Imagen: Sebastián Joel Vargas

Rosario  pasó una semana terrible. Los tiros no cedieron y una mujer fue ametrallada en la zona sur por esos tiradores que circulan en autos o motos cobrándose venganzas, afirmando territorios narco. Pero también se incrementaron los despidos y hubo escenas desgarradoras de trabajadores de Musimundo y de Porcelanas Verbano y de la Ortopedia Americana que cerró sus puertas después de 30 años. Hasta los sindicalistas experimentados y curtidos en mil negociaciones y crisis, muestran signos de impotencia. Aseguran que ni en los `90 vieron una cosa así.

Rosario es el lugar en el que todo se hace más dramático. La violencia urbana, pero también la miseria económica. Es la ciudad en la que más aumentó la pobreza que trepó a 415 mil personas en un departamento que registra poco más de 1,2 millones de habitantes. Aquí donde la desocupación también escaló más rápido que en cualquier otro distrito del país.

Las dos problemáticas -la violencia y la miseria- parecen apuntar a núcleos políticos bien definidos: El socialismo y el macrismo. Y eso detectan los candidatos peronistas que, a no ser por Luis Rubeo, Unidad Ciudadana y el Movimiento Evita, poco dicen del drama económico y mucho repiten sobre la inseguridad. Es porque Omar Perotti y María Eugenia Bielsa entienden, con criterio, que el adversario a vencer es el socialismo. Pero ninguno de los candidatos advierte con certeza la profundidad del cambio de escenario. La inseguridad sigue, pero no es un drama diario para todos. A la góndola sí hay que enfrentarla todos los días. Ni Perotti ni Bielsa endurecen sus discursos contra el gobierno nacional y eso les puede restar consideración provincial. Aquí Mauricio Macri roza el 80% de imagen negativa. Esa es otra seña particular de Rosario: Ahora es la ciudad más antimacrista de la Argentina.

Porque es ese mismo drama el que ha revitalizado al Frente Progresista que extiende sus políticas públicas al límite de la solidaridad y empieza a cosechar los frutos visibles de esa decisión. En salud y acción social es más que evidente y por eso golpea cuando puede al gobierno de Cambiemos que retacea el envío de vacunas clave y empuja a decenas de jubilados a la salud pública local lo mismo que a los recientes desempleados que pierden su cobertura en las distintas obras sociales. En seguridad se sabe débil y en deuda, por eso baja la cabeza y acata las órdenes de Patricia Bullrich.

Andres Macera

Pero la crítica peronista al socialismo por la inseguridad no tiene la contundencia de la información precisa de cuadros técnicos y especialistas en la materia. Esos cuadros o no están o no se los escucha. Lo que sí se oye son consideraciones más bien genéricas de algo que todos conocen: El fracaso del Frente Progresista en la materia. La cuestión es si alcanza con repetir esa canción una y otra vez o si además sería necesario mostrar algo de las nuevas composiciones. Quizás una vez despejada la interna del PJ la campaña tome otro rumbo y empiecen a verse otro tipo de precisiones.

Y eso que el gobierno provincial abre flancos como el de la famosa lista de 195 agentes que iban a entrar sin concurso a engrosar las filas de la Policía Judicial. Un escándalo en medio de la campaña política que obligó a Miguel Lifschitz a anunciar públicamente que no firmaría ese decreto. Si hubiera otro predicamento opositor en Santa Fe, al fiscal general Jorge Baclini no le hubiera quedado otro trámite que la renuncia. Pero sigue firme en su cargo.

Una maestra de una escuela humilde de la zona sur, contaba que los alumnos de primer grado comían últimos y como siempre sobraba podían repetir la ración. El incremento de la demanda de alimentos hizo que las autoridades tuvieran que cambiar los horarios: Ahora los más chicos comen primero para asegurarse la porción diaria, pero las protestas son porque ya no sobra nada y nadie puede repetir el plato.

Lo que muchos candidatos o no ven o no quieren ver es que este primer trimestre de 2019 que ya culmina ni siquiera es parecido al último del año pasado. El deterioro alcanzó niveles que ni en el 2001 se veían y la única bendita diferencia es que no hay estallido. Cambiemos manejó muy bien esa variable, aumentando la ayuda por abajo sobre todo en el conurbano bonaerense y mostrando también que tiene decisión para reprimir sin remordimientos si la situación lo amerita.

Esta situación esmerila aún más a Cambiemos en Santa Fe que ya largaba en desventaja por la debilidad de sus candidatos. Una situación que, curiosamente, no favorece al peronismo que necesitaría un escenario de tres para aumentar sus chances. Hoy los números indican que hay solo dos jugadores fuertes arriba del ring provincial y eso cambia las cosas.

Pero tanto en Rosario como en Santa Fe, los votantes deberían valorar lo que aún no aparece a nivel nacional: Un menú electoral que permite ir en varias direcciones según con quién esté "enojado" el elector. Hay opción para castigar a Cambiemos, al socialismo y al kirchnernismo. También para ponderar positivamente a uno sobre otros. Es decir, hay salidas claras para canalizar broncas y expectativas. Y eso no es poco.

Con todo, para el futuro intendente de Rosario, sea quien sea, el panorama no será sencillo. Esta ciudad necesita por lo menos el doble del presupuesto del que dispone. Tendrá que enfrentar el progresivo desfinanciamiento de su sistema de transporte y proyectar nuevas obras de infraestructura. Además de tener que seguir dependiendo cada vez en mayor medida de la ayuda provincial para sostener el pilar de las políticas de salud pública que la distinguieron en todo el país.

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