La carne

En días pasados, en un programa de radio, a las 7.30 AM, se pusieron hablar de la carne. Alentó mi curiosidad. Algo, en mi fuero íntimo, debía saber de esa palabra, que replicaba en mis oídos. Mi necesidad por saber me llevó a buscarla en un diccionario de gran porte, cuyas páginas amarillas daban data de sus años.

El celular de muñeca con un clic me daba la info de todo, pero en este caso, me senté en el sofá y abrí el pesado diccionario.

De lo biológico a lo cultural, pasando por lo religioso, planteaba las diversas acepciones de carne. Me detuve en lo cultural del término, que me abrió un amplio espectro. Encontré lo siguiente: "Alimento principal de los habitantes de un país lejano de Sudamérica, que por entonces se denominó Argentina, en honor a la plata. Su expresión cultural más importante con la carne, era el asado, que se realizaba ante la alegría y festejos de hombres y mujeres".

En ese concepto encontré varias puntas, mi curiosidad me llevó a seguir buscando en el diccionario. Me aprovisioné de una lupa imaginaria, paciencia, mucha paciencia y me dispuse a buscar detenidamente sobre aquellas palabras que me llamaron la atención por su rareza, al sonar en mis oídos.

Sudamérica: Territorio que fue denominado así luego de una invasión, muertes, robos y violaciones por parte del Estado Español, como política de Estado, llevándome a la palabra Genocidio.

Desde ese momento se habló el idioma del invasor. Redujeron a esclavitud al pueblo, sincretizaron, a modo de sumisión, cultura, credo y organización política. Pese a las luchas independentistas fallidas, siempre fue un territorio en donde se mató para robar y se legó la culpa de haber sido y ya no ser, al pueblo.

Argentina: antiguo país ubicado al sur de Sudamérica, extensísimo y de muy pocos habitantes. Diversos climas, agua y riquezas naturales, signó a una pequeña población a ser víctimas de reiterados genocidios, robos y sumisión cultural mediante la pérdida de la identidad.

Pero volviendo a la carne, que es mi cometido de búsqueda, me puse a investigar qué relación había entre la carne y esta antigua república.

Mucho más allá de lo que la imaginación nos puede acercar al hecho, los habitantes antiguos, pre-genocidio y robo inicial, libres, algunos tapados con cueros de animales, otros en bolas, vivían alegre, buscando de lo que la naturaleza les brindaba, como en ese descripto paraíso que plasmaron en hechos bíblicos. Poseían una alegría a flor de piel, pese a los sufrimientos existenciales que poseían, enfermedades y guerras tribales. Ellos iban de a poco, y sin demasiado apuro, construyendo su mundo cultural. La carne, que sacaban de animales autóctonos la colocaban entre varillas de ramas verdes y lo cocían a fuego con llamas. No solo sirvió para alimentarse, sino que también para demostrar amistad, alegría y festejar cuanto deseaban. Ella al pie del fuego, cocía esa carne, mientras que él, descansaba luego de aprovisionarle el alimento a través de su caza.

Eso se trasladó hasta esa república llamada Argentina. En ese país, la gente era alegre, sentía que tenía futuro, que las inmensas extensiones de tierra y las grandes riquezas naturales les sobraban para vivir casi tan libres y alegres, como lo hicieron los primeros habitantes, que en gran medida los habían exterminado para robarlos y someterlos.

Un día, un puñado de jóvenes, hijos de trabajadores con algo de derechos, y nietos de hambreados abuelos, vieron que era mucho lo que había y poco lo que recibía el pueblo. Se unieron, hablaron, muchas veces alrededor de ese asado. Buscando la palabra, me encontré con que era un ritual maravilloso. Pero volviendo al tema, en rondas de asado y vino, libros y cambios de opinión, decidieron luchar por lo que consideraban sus derechos y los de la población en conjunto.

Desaparecieron, si como lo escucha, desaparecieron. Desde el gobierno, dijeron que "no poseían entidad, no estaban ni vivos ni muertos, estaban desaparecidos". Sus madres, desgarradas en el dolor lucharon por clarificar lo que pasó, y ahora se los cuento, estaba en este viejo diccionario de páginas amarillas como Madres de Plaza de Mayo.

A partir de la muerte de estos jóvenes, con mayor virulencia, comenzaron a robarse todo. Primero fueron por las libertades, y en un momento la hicieron volver, con luchas políticas durísimas. Pero ya no eran las libertades de entonces, ni que hablar con las de esos hombres y mujeres primitives. Luego se robaron todo lo que más podían, y les dejaron al pueblo, deuda, desocupación y miedo. Ahora bien, como nuestro tema es la carne aún seguía siendo el principal alimento, y el asado, un ritual que se desarrollaba alrededor de una parrilla de varillas de hierro, con fuego por debajo, en un marco de alegría y festejos. Pero el robo y la muerte iban y venían, hasta que la población de ese país consideró no entender el por qué, echándose la culpa a uno y otros, peleándose entre familiares y amigos. La alegría que había distinguido a los habitantes de ese territorio se había terminado, eran pequeños esbozos que con sacrificio los padres le mostraban a los hijos, para que estos supieran que esos sentimientos existen. Luego redujeron al mínimo casi hasta la desaparición los festejos, la justicia pasó a ser algo efímero, había desaparecido el futuro, solo era el presente el que gobernaba. El miedo y la incertidumbre se tornaban una suerte de recambio alternativo. En definitiva, le robaron la alegría, los festejos, la justicia, el futuro, quedándosela tres o cuatro.

¡Ah! Me olvidaba de la carne y el asado. Puedo decirles que de a poco fue desapareciendo, igual que la Argentina. Hoy está muy bien descripta en ese viejo diccionario. Es probable que la conciencia colectiva, que los primeros habitantes tenían, se haya perdido y tras ésta todo lo otro.  

 

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