ARGENTIMBA

¡Amanece que no es poco!, gritaban los españoles que huyeron de la guerra civil. Pero no por mucho madrugar se amanece más temprano, aunque el cura rece: al que madruga Dios lo ayuda, pero cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía. Nunca es tarde cuando la dicha es buena, dijo el agnóstico al conformista, quien afirma que a caballo regalado no se le miran los dientes.

   Al mal tiempo buena cara, pero si hay miseria que no se note: pan ke ayga en el sesto, ke sea blanko, ke sea preto. No hay mal que dure cien años ni pueblo que se lo aguante, repetía con esperanza un opositor al gobernante de Argentimba, que está más perdido que turco en la neblina; pero qué le vamos hacer: el que sabe, sabe, y el que no, es jefe le dijo Marcos a Patricia, que tiene menos onda que bandera de acero.

   Sergio es más desconfiado que toro tuerto, hace la del tero: canta en un lado y pone el huevo en otro, porque sabe que más vale pájaro en mano que cien volando. Mientras tanto, Felipe sabe que es mejor prevenir que curar y que gobernar no es soplar y hacer botellas. Cristina quiere definir al truco, tiene puntos para el envido; pero Roberto prefiere el chinchón, para cortar con menos diez y dejar al resto afuera.

   En Argentimba los maestros pasan más hambre que laucha de herrero, pero el ministro de educación se hace el tonto como perro que volteó la olla y no da reportajes por estar más cagado que palo de gallinero.

   Mauricio lo mira a Horacio sabiendo que no hay peor astilla que la del mismo palo, mientras Eugenia sabe que agua que no ha de beber, debe dejarla correr.

   Luis en Córdoba eligió jugar por fuera, sabe que es mejor solo que mal acompañado, y si lo dice  él, que tiene más agachadas que bienvenida de japonés, debe estar en lo cierto. Detalle molesto como piojo en costura: en el acto inaugural había tantos, que si faltaba uno más no entraba nadie.

   El que juega por necesidad, pierde por obligación, dijo el quinielero Daniel, que había gastado la plata de los premios. El juego da para todo, menos para calzoncillo, se queja Adán. Olvidó que quien se acuesta con niños, meado amanece.

   El horno no está para bollos, cuando hay hambre no hay pan duro. Lo que enoja hasta a los que tienen laburo es que no hay peor sordo que el que no quiere oír. A los saltos como gato entre la leña para llegar a fin de mes. El amigo que no ayuda y el cuchillo que no corta, que se pierdan poco importa.

   A perro flaco no le faltan pulgas, hazte amigo del juez y no le des de qué quejarse; siempre es bueno tener palenque donde rascarse, aconseja Anibal,  pues cuando un pobre anda en la mala pisa mierda y se resbala, dijo Lázaro, y lo enjaularon con Julio. Aclaremos, dijo un vasco, y le echaba agua a la leche: Cristóbal dice que le dijo Franco que las botas de potro no son para cualquiera.

   Falta poco para octubre, no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, tal vez hace falta recordar que el que se quema con leche ve una vaca y llora.

                                                                                   

                

 

 

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