La cantante argenmex Liliana Felipe habla de los cortocircuitos entre feminismos, transfobia y veganismo
“Estoy en contra del lado light de la vida”
La docente y activista trans Quimey Ramos conversó con la compositora Liliana Felipe, de visita en estas tierras. Hablaron de todo: desde una reflexión (que hasta cierto punto podría ser leída también como mea culpa) sobre el costado transfóbico de un sector del feminismo hasta el resentimiento como un posible motor para la acción.
Imagen: Sebastián Freire

La noche previa compartimos el acalorado encuentro que tuvo lugar en la trinchera boutique de la revista MU. Esa tarde de domingo con tanto aire a mitin que nos encontró en el conversatorio sobre antiespecismo fue un momento inquieto, de mucha ansiedad, como sucede con aquellos temas que empujan los labios para que articulen la oración, la palabra que se necesitaba decir, que en este caso, eran muchas: no abundan los conversatorios sobre estos activismos. Y muestra de ello fue que no sólo la ansiedad era nuestra, sino también la de quienes miraban del otro lado de la vidriera, ya que más de un peatón frenó a gritar su “opinión” (entiéndase improperio) desde afuera. Y en el centro de la escena, estaba ella sumándole dinamismo al momento: Parándose y volviéndose a sentar, reflectando intermitente sus perladas sienes entre sombras y luces. Pedía el micrófono y renegaba sin tapujos de ciertas preguntas. La Felipe está de vuelta, y su impaciencia es entendible: su activismo es urgente. Pero tuvo tiempo para esta entrevista. 

La idea de esta conversación es proponer un puente entre tu activismo y el activismo travesti, dentro del movimiento feminista. Pero antes, ¿aún te nombrás feminista? 

Pues sí, claro, ¡a pesar de las feministas! Yo tampoco les voy a dejar el mote así tan fácil. 

La artista travesti y sudaca Susy Shock dice “No queremos ser más esta humanidad. ¿Te sentís identificada?

Totalmente. Cuando digo en el tema de los animales “No quiero ser más parte de esto: que el mejor momento que le estamos dando a los animales sea el matadero”. No hay ya animales felices. El ala masculina debería decir “Bueno, hasta aquí. Debemos dejar que haya otras opiniones, gentes que hagan otras cosas”. Lo que han hecho hasta ahora es un reverendo fracaso. 

Esta humanidad con tanta H, de hombre. Marlene Wayar ha hecho referencia a las crónicas de los conquistadores que permiten pensar que quienes habitaban estas tierras antes de ellos no se parecían físicamente a lo que hoy día nos enseñan como varón o mujer. 

Esa maldita binariez. Los conquistadores evangelizaron con la Biblia, y con la dieta. También está en las crónicas los olores que exudaban los cuerpos europeos: nauseabundos. Los indígenas sabían entender lo que a los cuerpos de los conquistadores les pasaba a partir de examinar sus desechos. Los españoles indignados se iban a cagar al mar ¡pero con las armaduras puestas!

(Risas)Tanto no ha cambiado. Nuestros deshechos cloacales siguen yendo a parar al río de La Plata. 

Todos los ríos son un basural. 

Claudia Rodríguez, poeta chilena, se nombra “activista travesti, pobre y resentida”. El resentimiento surge por el no olvido de las injusticias vividas, el recordatorio que grita ¡Ustedes han sido crueles! ¿Sentís que resentimiento es una palabra que aplica a lo que sentís vos? 

El resentimiento no sé si me incluye, si puedo navegar en esas aguas. Pero si esta dificultad que ella menciona de seguir intentando respirar. Si el resentimiento te hace ser productiva, está bien. Si es para emborracharte en tu casa, no lo creo. Si es un sacudón, bienvenido el resentimiento. Para mí la reunión de ayer con lxs activistas antiespecistas de Voicot me resulta una bocanada de aire para seguir. Porque el mundo te dice que sos una loca destartalada que nada mas está jodiendo a quienes son tan felices comiéndose a otro ser. Como si a mí me hiciera feliz ver eso. Siento mucha desilusión en personas con las cuales me sentía a fin, pero que ahora les percibo cerradxs a perder sus privilegios. No se quieren dar cuenta que son unos criminales. Es muy difícil, porque vivimos en un matadero. Pero prefiero haberme dado cuenta. Algunos vínculos que encontré aquí en torno a este tema me hacen sentir cómoda, y es algo que aún no encontré en México. 

Ahora, una amorosa incomodidad. Has dicho sobre las travestis que “quieren ser las peores mujeres pero las mujeres no somos esas tipas que sólo están pensando en pintarse las uñas y depilarse”. ¿Qué opinión te merece ahora?

Acababa yo de ver un video de una muxe, de Juchitan. Todo el pueblo las asume como mujeres y todo muy bien. Yo opiné sobre una en especial de ese documental: ella copiaba lo más sonso de una tipa queriendo ponerse pestañas de visón, torturando animales, en vez de copiar lo otro. También cuando dije eso me referí a las marchas gay en México, que han sido como un desfile de discoteca. Muy vacío de contenido. Pensé: me cansé del mundo gay. Para mí el mundo gay es el que propone transformación; no los que están viendo como hacen un karaoke. 

Acuerdo con la existencia de un lobby gay que ha definido ciertas políticas que nos han tirado a muchas otras por la borda. También existe un lobby feminista internacional que propone que haya más mujeres dentro del FMI.

(Risas) Seguramente, ridículo. También hay un veganismo que no entiende que la industria con los modos de producción actual también nos va a matar… ¡Los veganos de las galletitas Oreo! 

No digo que tengas la obligación de estar al tanto del movimiento travesti-trans y sus posturas. ¿Pero coincidís en que uno de nuestros problemas intermovimientos es la apatía? Diana Sacayán cantaba “atención, detrás de estas siliconas también late un corazón”.  

¡Ay, que divina! 

Te lo pregunto porque además ahora, que ha habido una aparición visible de feministas trans excluyentes que piden que las trans estén afuera del movimiento… 

Eso me parece tristísimo. Pero lo otro lo mantengo porque estoy en contra de ese lado light de la vida. Si lo querés ponelo en los gays, en los veganos, en los derechos humanos. Lo light, me parece lo peor. Lo que sostiene finalmente al capitalismo. 

¿Y entonces, si este movimiento para vos está vaciado, qué es para vos ser lesbiana en tu cotidianidad en México?

Yo siento que ya pasó… Este viaje traje en el repertorio “El chivo expiatorio”, una canción que habla de sexualidades. La gente la recibe como algo que ya pasó. Sentí que la canción había envejecido. Y no me ocurre mucho con las canciones.

Eso tal vez se deba a una interpretación “privada” de la sexualidad. Las travestis ponemos en crisis la cuestión de la identidad, porque “orientación sexual” no nos alcanza y no define lo que nos pasa en la calle. Y que aun así, tampoco alcanza para definir lo que les pasa a gays y lesbianas cuando no se pueden dar un beso o la mano en la vía pública. ¿Todo esto para vos se quedó viejo? ¿En algún momento debe haber tenido incidencia en tu vida.

Sí, pero yo siento que en México el machismo es algo más folclórico. Acá es más denso. Y bueno, allá está mezclado con la violencia brutal del narco. Siento no haber vivido allá nunca esa violencia, y aquí sí. No acoso, sino agresión e indiferencia total. En México se finge más. Nunca fue motivo de vergüenza lo que fue evidente desde que yo era chiquita. 

¿Eso significa que en México no has tenido que ir con el ojo avispado al darte la mano, estar mirando qué sucede alrededor? 

No, eso sí, ¡sí! Pero por otro lado nunca me gustó ser tan provocativa a ese nivel. Pero sí con Jesusa (Rodríguez) nos hemos casado públicamente muchas veces aunque no creyéramos en eso y luego nos divorciábamos enseguida. Lo hicimos como un servicio a la comunidad. Pero insisto con que a ningún mexicano le interesa demasiado. De Jesusa, por ejemplo, en el Congreso les asusta mucho más su veganismo que su lesbianismo. 

Y a la urgencia de los tiempos que corren, ¿qué mensaje darías que no puede esperar?

¡Espabílense! Es un buen ejercicio para los que nos va a tocar vivir. Pero no lo puedes hacer con el cerebro empastado de grasa de animales tristes. Lxs veganxs vamos a estar más preparadxs para lo que se viene. Y un poco de compasión, de empatía, no le viene mal a nadie. Se divide mucho la cosa: sos vegano o sos explotador. El tema es que cuando alguien no se cuestiona por qué se está comiendo el cadáver de alguien, seguramente no se cuestiona muchas otras cosas más.

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