El Plan de la Mariposa actúa en La Sala de las Artes
Con la libertad de hacer música
El grupo que integran los hermanos Andersen fusiona ritmos con la promesa de ofrecer un rock libre de las imposturas.
La banda de los hermanos Andersen va por el cuarto disco.La banda de los hermanos Andersen va por el cuarto disco.La banda de los hermanos Andersen va por el cuarto disco.La banda de los hermanos Andersen va por el cuarto disco.La banda de los hermanos Andersen va por el cuarto disco.
La banda de los hermanos Andersen va por el cuarto disco. 

"Unión, libertad, amor, compañía, manada, sueños, concreción. Pienso en eso", dice Sebastián Andersen cuando se le piden palabras que intenten definir la experiencia que es El Plan de la Mariposa. "En definitiva, lo que nos lleva adelante es esta unión, que no se da porque así lo queremos, sino porque es esa unión la que nos lleva hacia adelante, la que nos mantiene fuertes y erguidos y con ganas de seguir", agrega la voz del grupo cuyo vuelo más cercano será esta noche a las 22, en La Sala de las Artes (Suipacha y Güemes).

Integrado por los hermanos Andersen: Sebastián y Camila (voces), Valentín (guitarras y voz), Máximo (teclado), Santiago (violín), junto a Andrés Nör (bajo) y Julián Ropero (batería), la banda nacida en Necochea, ahora con vida en Buenos Aires, revolotea desde el año pasado su cuarto disco, Devorando Intensidad, un trabajo notable que alterna ritmos con el punto de encuentro puesto en lo que ellos mismos han dado en llamar "rock libre".

De modo paradigmático, en El Plan de la Mariposa la relación familiar y musical va de la mano; como refiere Sebastián Andersen: "si bien la música siempre fue algo bastante natural, de repente las piezas se juntaron y se armó una historia. Y fue sorpresivo hasta para nosotros mismos. Si bien a la música siempre la tuvimos, la escuchábamos en casa, varios de los hermanos tocaban y mi viejo también, cuando volvía de laburar, nunca lo evaluamos como una posibilidad de modo de vida, ni de profesionalizarnos, ni de dedicarnos. Esto nos sorprendió. Y como observadores lo sentimos así, como un momento fuerte. Incluso el nombre 'El plan de la mariposa' lo pensamos en ese momento como la transformación y el estado en el que cada uno de nosotros estábamos. Cuando nos empezamos a dar cuenta de que esto estaba sucediendo, empezamos a pensar en cómo nos iba a transformar, en cómo íbamos a vivir. Fue un momento muy bonito, especial, porque cuando podés ver una transformación que te está sucediendo es alucinante".

La banda de Necochea, ahora con vida en Buenos Aires, revolotea desde

el año pasado su cuarto disco, Devorando Intensidad, trabajo notable.

--Entonces, la experiencia musical es también íntima.

--Es un lugar de encuentro sanador e importante, porque es el momento donde nos permitimos estar bien cerca y nos sentimos unidos por una energía más fuerte que nosotros. Podemos hacer catarsis, los temas son muy emocionales. De repente, nos vemos envueltos en un viaje y estamos celebrando algún momento vivido o llorando por alguien que se fue. A eso lo estamos haciendo todos juntos. Se trate de un recital, de un espectáculo o lo que sea. Nosotros estamos inmersos en ese viaje junto a quienes vienen a ver al Plan. Es como compartir un ritual, donde nos damos emociones a través del cuerpo y las sacamos hacia afuera.

--Ese público ya es plural, han conocido gente de diferentes partes del mundo.

--Desde antes del Plan ya nos gustaba mucho viajar, y si bien ver el paisaje y conectar con la naturaleza es una parte que nos gusta, también nos gusta mucho conocer personas y formas de vivir. Con eso vamos construyendo nuestro propio modo de vida. En ese sentido, encontramos en la música una herramienta alucinante porque llegás a un lugar, te ponés a tocar, y eso te hermana con las personas, te hace llegar a su corazón y esas personas llegan al tuyo. Es como una herramienta de viaje muy especial. A través de la música hemos hecho amigos y conocido muchas vidas. Y eso es lo que enriquece las nuestras.

--¿Por qué "Rock Libre"? ¿No sería redundante?

--Podría serlo, pero a veces las energías y movimientos se estancan y con el rock pareciera que hay que vestirse de tal o cual manera o tener determinados gustos. Nosotros obviamente fusionamos ritmos y eso es algo que no nos pertenece, el rock nacional ya lo ha hecho y es hermoso. Es lo más lindo de la música, la posibilidad de fusionar y de ser parte del arte. En ese sentido, a la palabra libertad la sentimos muy importante porque la llevamos adentro. Si a este rock, o esta música que hacemos, la acompañamos de la palabra libertad, mejor, nos identifica un poco más.

--Entre Brote (2011) y Devorando Intensidad (2017), ¿qué ha sucedido?

--Hubo aprendizaje. Durante el viaje de estos cuatro discos, y en el cual seguimos, hubo un aprendizaje. No quiere decir que el último sea mejor que el primero, pero en el primero no nos dedicábamos a esto y lo hicimos como pudimos, yendo para adelante. La verdad es que fue una cosa muy inexperta, que dio por resultado ese brote tan desordenado, si se quiere, pero que encuentra su lugar porque está ahí y lo podemos escuchar. Con el tiempo fuimos aprendiendo a armar, a ensamblar, y conocimos a mucha gente que nos ha enseñado. Eso es lo más lindo, en ese sentido la música es infinita.

 

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