Internacionales
Hambre de justicia
A principios de noviembre del año pasado, la diputada del Partido Democrático de los Pueblos Leyla Güven, presa por criticar públicamente la invasión turca a la ciudad kurda de Afrin, inició una huelga de hambre para romper el aislamiento del líder del pueblo kurdo, Abdullah Öcalan, al que lo sometía el presidente de TurquíA, Tayyip Erdogan. Cerca de 10 mil presos y presas se sumaron a la acción de la parlamentaria como si formaran parte del mismo reguero de pólvora. Después de 200 días de huelga, Öcalan volvió a tener visitas, a comunicarse con su pueblo.

“La solidaridad internacional ganó, y ganó la vida”. Con esas palabras, en un mensaje enviado a quienes acompañaron la huelga de hambre iniciada 200 días atrás, Leyla Güven anunciaba el fin de esta medida de fuerza. El levantamiento se realizó sólo después de que se concretara la segunda reunión de Abdullah Öcalan, líder del pueblo kurdo, con sus abogados. Se cumplía con el objetivo: romper el aislamiento de Öcalan. La revolución de las mujeres de Kurdistán anotaba este 26 de mayo una nueva victoria, donde la fuerza de las mujeres resultó decisiva. Contra todos los pronósticos, en tiempos de reacción conservadora mundial, su firmeza y su compromiso con la vida y con la paz lograron torcerle el brazo al dictador turco Recep Tayyip Erdogan. El 8 de noviembre de 2018, Leyla Güven, diputada del HDP (Partido Democrático de los Pueblos), había iniciado la huelga de hambre en la prisión de Amed, en Diyarbakir, donde se encontraba desde el 31 de enero de 2018,condenada por criticar la invasión turca en Afrin. Con la huelga de hambre, Leyla encendió una llamita que se propagó rápidamente, encontrando un gran respaldo en el corazón de su pueblo. Se calcula que la medida de fuerza fue realizada porunas diez mil personas,en su gran mayoría presos y presas kurdas, pero también activistas desde fuera de las cárceles, en Kurdistán y en Europa. Un hecho insólito por su contundencia y extensión.

No se puede callar a un pueblo

Abdullah Öcalan, fundador del Partido de los Trabajadores de Kurdistan (PKK), se encuentra encarcelado desde el 15 de febrero de 1999 (hace 20 años) en la isla prisión de Imrali (Turquía). Öcalan fue el principal negociador del movimiento kurdo en el proceso de paz, entre 2013 y 2015. Cuando el gobierno turco dio por finalizado ese proceso, en abril de 2015, lo aisló de su movimiento y del contacto con el pueblo, impidiendo las visitas de sus abogados y desde 2016 también de sus familiares. Para Leyla, este aislamiento es una metáfora delaislamiento que Erdogan impone a todo el pueblo kurdo. El 25 de enero Leyla fue liberada, para evitar que siguiera extendiéndose el fuego en las prisiones turcas, y la indignación en el mundo. Sin embargo, ella no luchaba para sí misma, sino por la paz para su pueblo. Por eso siguió con la huelga de hambre en su casa, convirtiéndose a lo largo de estos 200 días en un símbolo mundial de la revolución feminista.En el mensajeLeylasubrayó que “Medio Oriente y Kurdistán es un campo de batalla similar a una bola de fuego. En este campo de batalla, el acceso a una vida libre, es imposibilitado por la imposición de la negación política y cultural de los kurdos, así como por las políticas de sometimiento. La perspectiva de la nación democrática del líder del pueblo kurdo, Öcalan, es ahora un hecho ampliamente aceptado como una solución para superar estos obstáculos”.Otras mujeres asumieron un rol decisivo en esta lucha: las madres de los y las presas kurdas, conocidas como Madres de los Sábados. Refiriéndose a ellas nos decía MelikeYasar, representante en América latina del Movimiento de Mujeres de Kurdistán: “El rol de las madres kurdas, que estaban en la resistencia mientras sus hijos e hijas estaban en las cárceles en la huelga de hambre, fue fundamental. Las madres comenzaron a resistir en las calles, frente a las cárceles de Turquía. Hubo una represión enorme de la policía, pero esas madres no volvieron a sus casas, durmieron en las calles. Tenían una consigna: “nuestros hijos e hijas no están ahí para morir o matar, sino para vivir y dar vida”. Las madres se enfrentaron a una lucha contra la policía y el ejército turco. Sabían que sus hijos e hijas no estaban en la huelga de hambre solamente por una persona. Las mujeres vieron que el futuro de sus hijos, el futuro de esa vida libre en Kurdistán, estaba asociado a la posibilidad de comunicación con Abdullah Öcalan, y estaban muy orgullosas de estar en esa lucha. Nos llegaron fotos de la policía torturando a las mujeres en las calles. Ellas decían: “Nosotras también estamos listas para morir, pero luchamos por la vida”.Melike Yasar relató el desenlace de esta lucha: “El 2 de mayo hubo una reunión de los abogados con Abdullah Öcalan. Ahí él pidió que se levante la huelga de hambre, pero las compañeras y los compañeros no querían hacerlo, sin tener una garantía. En la segunda visita de los abogados, salió algo más concreto. Öcalan señaló en un mensaje que levantaran la huelga, porque gracias a esta resistencia, el pueblo kurdo logró el objetivo. Para las mujeres kurdas, y para el pueblo kurdo, Öcalan es más que un líder político. Es la fuente de una ideología, de un paradigma para cambiar la sociedad patriarcal”.La resistencia fue extremadamente dura. En su mensaje, Leyla recordó a Zülküf Gezen, Ayten Beçet, Zehra Saðlam, Medya Çýnar, Yonca Akici, Siraç Yüksek, Mahsum Pamay, Ümit Acar, y Uður Þakar, huelguistas y activistas que perdieron la vida durante la medida de fuerza. “Son los verdaderos héroes y sostenedores de este proceso. Los recuerdo y homenajeo con gran respeto y gratitud” afirmó.

Cultura de resistencia

“Nosotras –nos decía Melike– definimos la resistencia como una cultura para el pueblo kurdo. La cultura no es sólo la música, el baile, la comida, los trajes. Es una parte. Pero la nuestra es una cultura de resistencia. Sakine Cansiz, y otros compañeros y compañeras en los 80, en las cárceles de Turquía, bajo unas torturas horribles del Ejército y del Estado turco, realizaron resistencia, hicieron huelgas de hambre. Ahí salió la consigna: “la resistencia es vida”. Con esa consigna los kurdos que estaban fuera de las cárceles y en otras partes de Kurdistán como Irán, Irak y Siria se organizaron. Cuando decimos: “La resistencia es vida”, estamos diciendo que para nosotros resistencia es vivir y dar vida… Ayer hablé con las compañeras que estaban en Estrasbugo en la huelga de hambre. Estaban muy felices de dejar la huelga de hambre. Pero decían: “No es que estamos felices porque ahora podemos comer, sino porque llegamos a un objetivo. Porque vivimos y damos vida”.Precisamente Leyla refirió en otra oportunidad que en los días vividos en la prisión de Amed, sentía la presencia de Sakine que le hablaba, y que junto a otras compañeras y compañeros que habían vivido la prisión, la convocaba a no perder la fuerza de los ideales.

Un frente antifascista para seguir luchando por la paz

Leyla Güven se refirió también en su mensaje a las Madres de los Sábados, y en particular a Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, quien la visitó en momentos críticos. Según Leyla, ellas demostraron “una vez más que la paz florece con la sagrada resistencia de las madres. Las madres y sus hijos se convierten en los brotes de una nueva esperanza”. Señaló también que la lucha continuará hasta que el aislamiento sea completamente derogado. Al respecto nos decía Melike Yasar: “La resistencia va a seguir. Para nosotros empieza una nueva fase para llegar a la paz. Estamos llamando a todos los espacios políticos democráticos para formar un frente contra el fascismo. Ésa es la consigna después del 26 de mayo. Formar un frente contra el fascismo para traer paz a Kurdistán y a Medio Oriente”.

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