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Por Mónica Flores Correa
Desde Nueva York


Provocador y sin moverse de su ortodoxia, el referente del monetarismo arremete contra el FMI y contra los paquetes de rescate. Defiende la Convertibilidad para Argentina, aunque piensa que los tipos de cambio fijo son la peor política porque terminan en crisis.

“La mejor chance que tiene la Argentina de superar la crisis es mantener la Convertibilidad”, opinó Milton Friedman. En diálogo con Cash, el premio Nobel de Economía dijo que se exagera acerca de la dimensión de la crisis. El referente del monetarismo y teórico del supply side (ofertismo) fustigó duramente al FMI, criticando no sólo el dinero que entregó a los países asiáticos sino también los condicionamientos que impuso en esa región. “Provocaron una recesión interna innecesaria”, afirmó. Otro consejo para Argentina: “Ya que el Banco Central tiene una función virtual porque no emite dinero, se lo podría abolir completamente”.

-¿Cuál es la causa de esta crisis?

-Hay tres que son claves. La primera es la debilidad de Japón. La otra es la adopción de los países asiáticos de un sistema de cambio regulado al mismo tiempo que mantuvieron bancos centrales intervencionistas en el mercado. Esa combinación es una receta para el desastre. En Brasil, se está al borde del desastre porque ha adoptado también ese sistema. Si pensamos en el caso de la Argentina, si quiere disminuir el déficit externo, su base monetaria y sus reservas automáticamente bajan. No tiene otra alternativa. En cambio, en países como Tailandia, si quieren equilibrar el sector externo, el banco central puede usar la alternativa de emplear reservas sin reducir la emisión de dinero o puede pedir créditos al exterior sin disminuir tampoco la masa monetaria. Esas diferencias son muy básicas, pero no siempre se entienden. Vemos que ahora es muy tarde.

-¿Muy tarde?

-Sí. El hecho de que todos estos países asiáticos tengan tipo de cambio regulado ha sido una de las fuentes principales del problema. Debo precisar que esto no pasa sólo en los pequeños países o en los países subdesarrollados. Ocurrió lo mismo en Gran Bretaña en 1967. Y pasó lo mismo en 1992 y 1993, en la comunidad europea. También sucedió en Chile a principio de la década del 80. Como le digo, cualquier país que tenga cambio fijo y un banco central independiente para hacer lo que quiere es una bomba de tiempo.

-¿Cuál es la tercera causa de esta crisis?

-El Fondo Monetario Internacional. Lejos de arreglar los problemas es una fuente de grandes problemas. El FMI fue creado en 1944 para supervisar el sistema monetario mundial. Esa era su única función. Ese sistema fue declarado muerto oficialmente en la Smithsonian Conference en 1973 (declaración formal de la defunción de la convertibilidad del dólar con el oro). En ese momento, el FMI debería haber sido abolido. Pero ninguna agencia gubernamental se cierra a sí misma voluntariamente. Por lo tanto, el FMI sentado sobre una montaña de dinero buscó desempeñar otras tareas, buscó encontrar otras funciones para justificar su existencia. Decidió entonces ser asesor de los países y decirles lo que tenían que hacer. Ahora bien, a la mayoría de los asesores uno tiene que pagarles. Pero con el FMI es al revés: esa institución da dinero a los países por brindar asesoramiento. Se convirtió así en un grupo de asesores muy populares que entregó abultados préstamos a muchos países. Dio consejos, algunos buenos y otros malos. Pero el cambio clave se produjo en 1994-1995 cuando ocurrió la crisis en México.

-¿Qué pasó?

-Se hizo un rescate de magnitud sin precedentes, 50 mil millones de dólares con recursos de Estados Unidos, el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Pero México no fue rescatado; los mexicanos tampoco. El efecto de ese rescate fue una terrible recesión y los mexicanos quedaron en peores condiciones. ¿Dónde fue ese dinero? Básicamente, a los bancos y a los inversores internacionales. Fueron rescatadas las instituciones que habían comprado bonos mexicanos en dólares, con una tasa de interés muy alta. Ese nivel de tasa era para que los inversores no se fuguen. De hecho, el FMI y EE.UU. eliminaron ese riesgo de fuga; lo pagaron completo. Me parece que esto fue equivocado. No veo por qué el contribuyente estadounidense tiene que subsidiar a Morgan Stanley, por ejemplo, cuando este grupo hace un crédito riesgoso a México.

-¿Qué otras consecuencias tuvo esa iniciativa?

-Propagó la idea de que no hay que preocuparse por los riesgos del tipo de cambio. Los bancos creyeron esencialmente que les habían ofrecido una póliza de seguro gratis. En Tailandia y Malasia, así como en los demás países, no había que preocuparse por los riesgos del tipo de cambio porque si algo pasaba, el FMI los iba a rescatar. Creo que para evitar estos problemas en el futuro, habría que abolir el FMI.

-En la reunión anual del FMI y del Banco Mundial de esta semana, (Michel) Camdessus dijo que el sistema está en crisis porque no está bien adaptado a las oportunidades y a los riesgos de la globalización. En su opinión, ¿cómo sería un sistema que estuviese bien adaptado?

-El mercado es un sistema bien adaptado si el gobierno no se mete. Lo que produce el desajuste es que el FMI trata de sustituir el criterio de los funcionarios locales por el criterio de los mercados financieros internacionales. Quiero señalar otra cosa: ningún país que haya tenido un tipo de cambio flotante ha tenido un problema con la balanza de pago.

-¿Usted no está de acuerdo entonces en que Estados Unidos aporte al FMI 18 mil millones de dólares?

-Estados Unidos debe ponerse en movimiento para retirar plata del FMI y no para darle más. No veo ninguna justificación para que ese préstamo sea considerado bueno.

-¿Y los paquetes de rescate?

-Estoy absolutamente en contra. La pregunta que nos debemos hacer de nuevo es a quiénes rescatan. ¿A los coreanos del sur que están desempleados? ¡No! Se rescata a los bancos extranjeros que le prestaron plata a Corea del Sur. ¿Por qué los contribuyentes norteamericanos deben rescatar a los bancos extranjeros que le prestaron plata a Corea del Sur? La existencia de esos paquetes deriva en qué bancos harán préstamos e inversiones que son altamente riesgosos y que no harían si no existiesen las perspectivas de un rescate.

-¿Qué piensa de la receta del FMI en Asia?

-Las condiciones que impuso fueron al revés de las que debían ser. La principal experiencia que tiene el FMI es con los países latinoamericanos, donde el problema casi siempre ha sido fiscal. En cambio, en los países asiáticos la situación fiscal era buena. El problema era bancario. El FMI trato esta crisis bancaria como si fuese una crisis fiscal. Impuso condiciones que produjeron una recesión interna innecesaria.

-El vicepresidente para Latinoamérica del Chase Manhattan Bank me comentó en una charla informal que él pensaba que esta crisis iba a durar mucho. ¿Coincide con esta apreciación?

-Depende de lo que se haga. Si hay una serie de paquetes de rescate, durará mucho. Por ejemplo, la crisis en Rusia ya se habría resuelto si no fuese por el FMI, el Banco Mundial y otros países que pusieron dinero allí.

-También hay que tener en cuenta que en Rusia hay un gobierno muy corrupto.

-¡Claro que sí! Por eso no hay que darle ni un dólar. Con respecto de la Argentina, hubo una época en que tenía control de cambio y eso fue un desastre. Había además un problema fiscal y hubo hiperinflación. Ahora, en cambio, entre la convertibilidad y el hecho de que al banco central no se le permite emitir dinero, que es su única razón de existir, la situaciónes muchísimo mejor. Les iría todavía mejor si eliminasen el banco central.

-La Argentina está aguantando bastante bien la crisis. ¿Se debe a la Convertibilidad? ¿Sobrevivirá a la crisis?

-Si no sobrevive, la crisis será mucho más severa. En mi opinión, la mejor chance que ustedes tienen de superar la crisis es mantenerse rígidamente en la Convertibilidad.


La abundancia petrolera árabe se acaba en el 2020

Por Raúl Dellatorre


El Consejo Mundial de Energía prevé que las grandes firmas se disputarán el gas de la ex URSS, donde ya opera una argentina, Bridas.

Las grandes empresas mundiales del sector petrolero imaginan, en el horizonte para dentro de 20 años, a Medio Oriente como importador neto de combustibles, a un número creciente de personas (hoy son 2000 millones) sin acceso a la energía comercial y ven el peligro -desde su punto de vista, claro está- de una mayor intervención de los reguladores estatales en el negocio.

El canadiense Gerald Doucet, recientemente designado presidente del Consejo Mundial de la Energía, mantuvo esta semana en Buenos Aires -sede del próximo congreso mundial, en el 2001- un encuentro con un reducido núcleo de periodistas, del que participó Cash. Allí describió el panorama del sector después de la abrupta baja del petróleo, cuya primera consecuencia fue el inicio de un proceso de concentración a escala planetaria. Doucet se refirió al futuro en los siguientes términos:

“La población mundial es hoy de 5900 millones de personas, de las que 2000 millones no tienen acceso a la energía comercial. Muchas viven en Latinoamérica, pero el problema se concentra en Africa y Asia. La perspectiva es que la cantidad de personas sin acceso a la energía se duplicará hacia mediados del próximo siglo. Un caso particular es el de la población del Medio Oriente, que se va a duplicar de aquí al 2020. Bajo esa perspectiva, creemos que en la década siguiente (hasta el 2030) esa región -hoy la principal exportadora de petróleo del mundo- pasará a ser un importador neto de energía”.

-¿Cuál es la evolución esperada en la demanda mundial de petróleo en las próximas dos décadas?

-Las perspectivas de crecimiento de la demanda no son tan altas como las que teníamos cinco años atrás. Cuando en 1993 proyectamos el consumo de petróleo para el 2020, pensábamos en un aumento del 24 al 52 por ciento entre ambas fechas. Hoy, ese pronóstico de crecimiento está siendo revisado a la baja, por razones de cambio climático y de control de la polución. En cambio, el crecimiento que esperábamos entonces hasta el 2020 en el consumo de gas era del 40 por ciento. Hoy creemos que podría ser del 80 al 130 por ciento.

-¿Quién va a atender la demanda cuando Medio Oriente desaparezca como exportador neto de petróleo?

-Imaginamos que la presión sobre los países de la ex Unión Soviética para que exporten gas a Occidente va a ser muy grande. Habrá que seguir explotando las cuencas conocidas y desarrollar otras nuevas. Pero es importante tener en cuenta a las poblaciones no abastecidas. Por ejemplo, frente a las costas de Angola hay importantes reservorios, pero una inversión allí no será segura si Africa no se beneficia en el uso del producto. Para asegurar el abastecimiento, también tenemos que cambiar la percepción sobre la energía nuclear. Se ve un sistemático decomiso de plantas, pero aún hoy el 17 por ciento de la energía eléctrica es de origen nuclear. No creo que haya suficiente gas natural para afrontar la diferencia.

-¿Qué ventajas y perjuicios señalaría como resultado de la concentración del negocio energético, incluso por fusión entre grandes empresas?

-Las fusiones son el resultado natural de la liberalización de los mercados. Al precio actual del petróleo, los márgenes de ganancia disminuyeron y el tamaño de las empresas tiene que aumentar para atomizar los costos. Además, se compite por estar más cerca de los consumidores. La Organización Mundial del Comercio debería asegurar el libre comercio de la energía, que hoy no está contemplado. Si no hay competencia abierta, el problema será que los reguladores van a tratar de intervenir en estos mercados. Evitar la re-regulación de los mercados energéticos es un punto crítico. En países como India o China, la liberalización ha sido un instrumento para atraer inversiones y acercar la energía al consumidor final.


Granos y tipo de cambio

Los precios internacionales de los cereales y oleaginosas se mantuvieron más o menos estables durante las tres décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Los precios variaban, sí, pero sus fluctuaciones podrían considerarse sin importancia frente a la experiencia de las dos décadas siguientes. En efecto, desde mediados de la década del 70, esos precios presentan movimientos muy bruscos e imprevisibles que afectan la capacidad de predecir siquiera su tendencia. Una estimación basada en moneda constante permite observar que la tonelada de trigo, por ejemplo, tuvo oscilaciones de precios que variaron entre los 100 y los 600 dólares en la etapa entre 1974 y 1998. Naturalmente, cada período de alza es recibido con alegría por los productores, del mismo modo que cada momento de baja genera preocupación y quejas.

Los momentos de auge han alentado las actividades que amplían la oferta, como el uso de insecticidas, fertilizantes y la expansión del área cultivada hacia zonas menos aptas. Estas decisiones tienen mayores riesgos y costos, pero se compensan con los mayores ingresos derivados del ciclo positivo del mercado mundial. En cambio, en las épocas de precios deprimidos, como ocurre en estos momentos, ni siquiera la contracción de las áreas sembradas a las zonas más aptas, más el recorte de gastos operativos, evita que el productor se vea sometido al peligro cierto de un quebranto. Es evidente que la fluctuación de las cotizaciones internacionales genera efectos profundos sobre la magnitud de la oferta agraria pampeana y sobre la rentabilidad y el comportamiento de los productores.

El riesgo derivado de la marcha de los precios mundiales se ve reforzado, casi irónicamente, por la política económica local. Hasta 1991, en efecto, el manejo del tipo de cambio permitía compensar la fluctuación de los precios. Bastaba con devaluar, si esos precios caían, para sostener el ingreso relativo de los productores, o bien bastaba con acudir a las retenciones a la exportación para que el Estado captara una parte de los ingresos extra que podía recibir el agro cuando las cotizaciones subían. Es cierto que no siempre la estrategia local fue tan racional, pero esa posibilidad, al menos, estaba presente y era demandada muchas veces por los agentes involucrados.

Hoy, el tipo de cambio es fijo y estable, de modo que las fluctuaciones de los precios internacionales recaen inmediata y plenamente sobre los productores. La contradicción es clara: a tipo de cambio fijo, los ingresos agrarios fluctúan en función de la evolución del mercado mundial y, debido a que esas variaciones se ampliaron en estos años, se hicieron muy variables. El agro se ve afectado por esos cambios cíclicos y las señales de difícil lectura para quienes dependen de ellas. La economía nacional, también. La depresión actual del mercado está provocando una intensa caída del valor de las exportaciones primarias (a igual volumen de colocaciones en el exterior) y una presión a la baja de las áreas sembradas que hará notar sus efectos negativos en la próxima cosecha. La apuesta a la economía abierta no tomó en cuenta estas situaciones y exige ahora un reconocimiento de fenómenos no previstos. La adecuación a la nueva realidad llevará tiempo y dificultades. Algunas se notan ahora y otras irán apareciendo a medida que se avance en la exploración de un mercado hasta ahora casi desconocido en la experiencia argentina.