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Privatizaciones  
Por Alfredo Zaiat
Las crisis no las afecta. Siguen acumulando ganancias como si nada. Cuando la crisis pasa, sus utilidades crecen todavía más. El Tequila, la recesión, el derrumbe asiático, el colapso ruso, la incertidumbre sobre Brasil son apenas tropiezos en su carrera de juntar dólares con pala. No sufren el vaivén de la economía como el resto de las compañías. Las empresas privatizadas desarrollan sus negocios en un mundo ideal. Crecen en monopolios naturales, obtienen (des)regulaciones a medida, consiguen renegociación de contratos que siempre derivaron en aumentos en las tarifas, lograron la dolarización e indexación de las tarifas, recibieron rebajas de impuestos que no fueron trasladadas a los consumidores, y consolidaron así un núcleo de poder económico ante la inexistencia de controles eficaces por parte de los entes reguladores. Este escenario privilegiado explica, en gran parte, la extraordinaria rentabilidad que contabilizan las privatizadas. Rentas que suman muchos ceros a la derecha: una investigación de Cash, con la colaboración de Flacso, revela que en conjunto acumulan ganancias por casi 12 mil millones de dólares desde que pasaron a controlar las que eran compañías estatales.
De las seis empresas que más ganaron en el país en 1997, cuatro son ex estatales: YPF, Telefónica, Telecom y TGS. Performance que se repetirá este año. En ese lote de privilegio se colaron Pérez Companc y Siderca, con utilidades de 361,0 y 175,2 millones de dólares, respectivamente. Pero, como se sabe, esos dos grupos también han abultado sus resultados con rentas de las privatizadas, al tener una activa participación en los consorcios que asumieron el control de empresas estatales. Por caso, Pérez Companc sigue recibiendo utilidades que genera Telecom al detentar casi el 15 por ciento del capital de esa telefónica, paquete que ha puesto a la venta. La única privatizada que en sus balances no ha contabilizado ganancias abultadas ha sido Aerolíneas Argentinas. Recién en el último año ha podido revertir el rojo de sus cuentas.
Para tener una idea de la posición dominante que tienen las privatizadas en la generación de utilidades vale destacar que sólo dos ex empresas estatales -YPF y las dos telefónicas en que fue dividida ENTel.-, ganaron 1658,3 millones de dólares el año pasado. Ese resultado equivale a la ganancia que obtuvieron las primeras catorce compañías privadas todas juntas. Y ese grupo no está integrado por empresas de segundo nivel. Además de Pérez y Siderca, forman ese lote de pobres -en comparación con los monstruos de YPF, Telecom y Telefónica- firmas líderes como Quilmes, Clarín, Shell, Petrolera San Jorge, Aluar, Comercial del Plata, Arcor, Astra.

Todavía es más sorprendente cuando se analiza la performance de las 200 mayores empresas del país. El año pasado, veinticuatro compañías privatizadas concentraron el 55 por ciento de las utilidades declaradas, mientras que las cincuenta y seis empresas asociadas con privatizadas (por ejemplo, el grupo Roggio con Metrovías o Techint con concesionarias de rutas con peaje) se llevaron el 34,6 por ciento de las ganancias.
Nada más y nada menos que el 90 por ciento de las ganancias contabilizadas el año pasado por las empresas más grandes corresponden a privatizadas o a asociadas con esas compañías. Pero hay más. Un dato que revela la extraordinaria rentabilidad que obtienen esas compañías se observa en que sólo concentran el 38,8 por ciento del total de las ventas. Por operar en mercados monopólicos con elevadas tarifas (el ajuste más reciente es el de Aguas Argentinas), la relación utilidad sobre ventas de las privatizadas trepa al 12,1 por ciento, mientras que para el resto de las empresas más importantes del país es de apenas el 0,8 por ciento.
Esa concentración de renta en las privatizadas dice mucho más que un simple valor estadístico que sorprende. Refleja, fundamentalmente, la estructura económica que se ha moldeado en esta década, con una aperturano administrada y con un tipo de cambio que ha favorecido el desarrollo de los sectores de servicios sin competencia importada. Y que han crecido en mercados monopólicos u oligopólicos, y en algunos casos incluso con subsidios del Estado pese a que registran ganancias, como en los trenes y subtes. Así, eliminado todo riesgo empresario y garantizado el elevado margen de rentabilidad, se ha consolidado un reducido grupo de poderosos grupos económicos.
Con esos resultados, el discurso dominante sobre la necesidad del repliegue del Estado para que jueguen libremente las fuerzas del mercado queda descolocado cuando se analiza el crecimiento de las privatizadas. La (no)intervención del Estado ha sido, precisamente, con ineficaces controles y actuando de árbitro siempre a favor de las empresas frente a los consumidores, determinante para que esas compañías incrementen sustancialmente sus niveles de facturación, utilidades y márgenes de beneficio.
Así es fácil
En ese escenario de privilegio, derivado de condiciones contractuales originales u obtenidas en sospechadas renegociaciones, se han desarrollado las privatizadas. Y si bien los consumidores han recibido un mejor servicio, en todos los casos han colaborado pagando tarifas cada vez más caras para aumentar la rentabilidad de esas compañías.
Rutas por peaje: Las ganancias acumuladas por los concesionarios desde el inicio de la administración de los corredores ascendieron a 98 millones de dólares, sin incluir las utilidades del año pasado. Al inicio de la convertibilidad se fijó, para todos los corredores, una tarifa media de 1 peso por cada 100 kilómetros. A partir de ajustes posteriores fruto de controvertidas renegociaciones, las tarifas vigentes en el último período tarifario (setiembre de 1996-diciembre de 1997) oscilan entre un máximo de 2,48 pesos cada 100 kilómetros en el Corredor N 7, y un mínimo de 1,05 peso cada 100 kilómetros en el Corredor N 8. En el 78 por ciento de los corredores los ajustes tarifarios han excedido la variación promedio del Indice de Precios al Consumidor.
Gasíferas: Las utilidades acumuladas de esas compañías ascendieron a 2438 millones. La privatización de Gas del Estado derivó en la desintegración tanto vertical como horizontal de un mercado que históricamente había sido abastecido por una sola empresa integrada. En términos agregados, la tarifa media del gas natural ha tenido un incremento del 43,7 por ciento entre marzo de 1991 y diciembre de 1997. Pero no todos padecieron ese tarifazo. El servicio residencial muestra los mayores ajustes, con incrementos del 120 por ciento en ese período.
YPF: La mayor empresa del país contabilizó ganancias por 4222 millones desde que es gestionada por privados. Uno de los objetivos explícitos de su privatización y desregulación del sector fue la convergencia de los precios locales a los internacionales. Como se sabe, esa meta no se logró. Y este año ha sido todavía más evidente y escandaloso con la depresión del valor del petróleo a nivel internacional. De acuerdo con datos oficiales, el litro de nafta vale en Estados Unidos 25 centavos de dólar, mientras que aquí trepa a 1 dólar.
Energía Eléctrica: Las ganancias de las privatizadas de ese sector alcanzaron los 905,6. Segba, Agua y Energía e Hidronor fueron divididas en tres segmentos diferenciados: generación, transporte y distribución. Esa política de desintegración establecida en el marco de regulación del sector fue, en la práctica, ignorada sin que los entes de control intervinieran. El proceso de reintegración vertical e, incluso, horizontal de las unidades de negocio segmentadas se ha dado ahora bajo el control del capital privado. El más relevante es el que involucra al grupo Endesa(España)-Enersis (Chile), que es accionista simultáneamente de Edesur y Edenor -las dos empresas en las que se dividió Segba-.
Telefónicas: Telecom y Telefónica nacieron de la división de ENTel., luego de que los respectivos consorcios pagaran en total 214 millones de dólares en efectivo y 769 millones en títulos de deuda externa a valor de mercado. En conjunto, ENTel. se vendió en 983 millones. Desde ese momento hasta la fecha las telefónicas acumulan ganancias que suman la friolera de 4775,8 millones de dólares, situándose así al tope del ranking de las utilidades de las privatizadas. Ese resultado es consecuencia de que Telecom y Telefónica retuvieron cada una el monopolio del servicio de su zona. Y que durante el período de exclusividad se dolarizaron las tarifas, se autorizaron polémicos aumentos como el rebalanceo y se les otorgó los años extra de exclusividad pese a que no cumplieron con todos los compromisos de inversión, eficiencia y calidad del servicio. Además, sin mecanismos de defensa de la competencia, la concentración que se ha verificado en el sector a partir de operaciones de compraventa millonarias restringirá las posibilidades de que el mercado asuma una dinámica competitiva una vez finalizado el período de exclusividad.
Pregunta
ENTel. y Aerolíneas Argentinas, en 1991, fueron las primeras empresas que dejaron la órbita estatal. En un proceso que no reconoce igual en el mundo, por su velocidad y amplitud, el Estado se desprendió de casi todas sus compañías siguiendo el modelo inglés del thatcherismo. En Gran Bretaña, desalojados los conservadores del poder, el laborista Tony Blair
aplicó un impuesto extraordinario a las abultadas ganancias de las privatizadas. Con esa perspectiva distributiva buscó transferir al conjunto de la sociedad parte de esos beneficios. Resulta relevante, ahora, conocidas las ganancias acumuladas por las privatizadas en esta década, hacer la siguiente pregunta: ¿Qué hará la Alianza si llega al poder en 1999?
Reportaje a Daniel Azpiazu, de Flacso
Las privatizadas tienen que cumplir la ley
Por Pablo Ferreira
-En Flacso están estudiando las privatizados. ¿Cuáles son las principales conclusiones de esa investigación?
-Del análisis de los marcos regulatorios surge que las privatizaciones derivaron en nuevos mercados protegidos, con altas tasas de ganancias y virtual libertad en la fijación de precios. Con el agregado, explícito en muchas de las normas, de que se busca garantizar a las adjudicatarias un nulo riesgo empresario. Desde ese punto de partida lo que observamos, en algunos casos más que en otros, son tasas muy altas de rentabilidad de las empresas.
-Entre las más beneficiadas están las compañías telefónicas.
-Así es. Las telecomunicaciones son un caso notable. Con la rentabilidad obtenida en cualquier de los últimos ejercicios, las telefónicas pueden amortizar toda su inversión. Esto es algo que debería producirse -normalmente- en 15 o 20 años. Es más, con las utilidades acumuladas entre 1991 y 1997 ya recuperaron casi cinco veces lo invertido en la compra de ENTel.
-¿Qué otras privatizaciones resultan llamativas en ese sentido?
-Las transportadoras de gas. Sus ganancias superan el 40 por ciento de las ventas por año. De ese modo han recuperado la inversión en menos de dos años. Resulta más notable considerando que esas compañías lo único que hacen es cobrar un peaje por transportar el fluido.
-¿De qué manera los marcos regulatorios inducen esas elevadas tasas de utilidades?
-Uno de los mecanismos centrales son las distintas cláusulas de ajuste de las tarifas. Ajustes que, hay que remarcar, contravienen la Ley de Convertibilidad. En algunos marcos regulatorios, como el de las telecomunicaciones, se recurrió a una artimaña legal. La tarifa se dolarizó para poder indexarlas con el índice de precios de Estados Unidos. Más sorprendente aún son las concesiones viales donde ni siquiera se convirtieron a dólares para justificar la indexación. Es tan absurdo que en una de las renegociaciones el decreto llega a decir textualmente: En el marco de la Ley de Convertibilidad se ajustarán los precios. Es decir que se los actualiza haciendo referencia a la ley que prohíbe hacerlo.
-¿A través de qué otras vías aumentan los beneficios empresarios?
-Con las cláusulas de neutralidad tributaria que figuran en la mayor parte de los contratos. Fueron sugeridas por las propias empresas. Esa cláusula las autoriza a transferir a la tarifa cualquier aumento de la carga fiscal. El tema es que por esa cláusula también cualquier disminución impositiva debería ser transferida. Sin embargo, eso no ha ocurrido salvo excepciones, como con los ingresos brutos en la Capital Federal en las facturas telefónicas.
-¿Cuáles son las reducciones más importantes omitidas por las compañías?
-Además de la eliminación de los ingresos brutos, debería trasladarse la reducción del impuesto al patrimonio y la supresión del impuesto a los débitos bancarios (2 por ciento), entre otros. Además, esto vale también para todo lo que fue la rebaja de cargas patronales, y de los aranceles a la importación de los bienes de capital, que en el caso de las telecomunicaciones es una cifra millonaria.
-El Estado también otorga subsidios, como a los concesionarios de trenes.
-Uno de los argumentos iniciales de las privatizaciones era que el déficit de los ferrocarriles era de un millón de dólares por día. En la actualidad, con una infraestructura mucho menor de lo que era antes, el subsidio diario sigue siendo de un millón de dólares. Antes de la privatización, como mínimo, no sólo había más líneas sino que además losferrocarriles eran un compensador del desempleo. Con el añadido, que es ridículo, de que todas las inversiones de ferrocarriles de pasajeros las financia el Estado, y también cualquier déficit operativo de las empresas.
-¿Han evaluado el impacto de la suba de precios y tarifas sobre la distribución del ingreso?
-Tenemos intención de hacerlo. También afecta a la competitividad de los sectores productores, con la excepción de la electricidad. Además, es importante tener en cuenta cómo los aumentos de las tarifas afectan en forma diferencial a los sectores de menores recursos. No hay que olvidar que, además, el componente del gasto en servicios de los sectores populares es mucho mayor que en los demás niveles de ingresos.
-¿Por ejemplo?
-El caso típico es el de la electricidad y del gas. Hay una suerte de Hood Robin en la estructura de tarifas de los servicios.
-¿Y los sectores productivos cómo se ven perjudicados?
-En las empresas, por caso, el componente de gasto en telecomunicaciones se incrementó en forma brutal. Y es cada vez mayor el gasto de fletes en la estructura de costos agropecuarios en relación con el costo de los peajes.
-Qué puede hacerse para corregir esas distorsiones?
-Lo más evidente es empezar a hacer cumplir la ley. Es obvio lo de la neutralidad tributaria. Y más aún el hecho de aumentar las tarifas invocando la propia ley de convertibilidad. Que, por otra parte, se lo hace a través de un simple decreto.
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