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Crisis

Por Roberto Navarro

Un solo dato da cuenta de la importancia que aún mantiene el campo en la economía argentina: el 59,2 por ciento de los 25.856 millones de dólares que se exportaron en 1998 provenían del sector agropecuario. El 25,5 por ciento de productos primarios y el 33,7 de manufacturas del mismo origen. La actual crisis es de tal magnitud, sobredimensionada o no, que las históricas diferencias entre las asociaciones gremiales del campo quedaron a un lado. Por primera vez en la historia, las cuatro entidades del sector convocaron a un paro de actividades, sumándose a la protesta la Sociedad Rural, que durante toda la gestión de Menem fue un aliado incondicional del Gobierno. Los hombres del campo anuncian que en 1999, entre la baja de los precios y de la producción, habrá una caída en los ingresos del 30 por ciento con respecto al año pasado. Entre trigo, soja, maíz, girasol, algodón, arroz, leche y ganado se perderán 3393 millones de pesos. Según los especialistas, es la peor crisis que afecta al sector en los últimos diez años. La principal razón: la caída de los precios de los granos y del ganado al mismo tiempo, fenómeno poco frecuente que deja a los productores sin tabla de salvación.

Para colmo, la buena performance de los últimos años había animado a los empresarios del campo a endeudarse para invertir en maquinarias y hoy la crisis los encuentra con deudas superiores a los 7000 millones de dólares. A pesar de esto, y como una señal de que el problema sería sólo coyuntural, las principales empresas internacionales de maquinarias están desembarcando por primera vez en el país. Para contextualizar la situación del campo hay que señalar que, si bien las estimaciones de la Secretaría de Agricultura anuncian una caída del 14 por ciento en la producción anual de granos, en los diez años anteriores había crecido un 215 por ciento. Lo mismo ocurre con el área sembrada, que cayó un 4 por ciento, luego de crecer un 29 por ciento en la década. La diferencia entre el fuerte incremento de la producción y el del área sembrada se debe al continuo aumento en los rendimientos, que puso al campo nacional, nuevamente, entre los más eficientes del mundo. Así Argentina es el primer exportador de girasol y sus derivados, el segundo de maíz, el tercero de soja y el quinto de trigo.

Si bien la crisis saca a la luz otros aspectos que afectan al sector, el problema más importante hoy es la abrupta caída de los precios de los commodities, que, en algunos casos, llega hasta el 50 por ciento. Los especialistas discrepan en las causas de semejante derrape. Para Osvaldo Barsky, economista de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), la caída de los precios se debió a un cóctel de una gran oferta y una baja demanda. “Los avances de los últimos años culminaron en un shock tecnológico que incrementó los rendimientos, y con ellos la oferta, de manera sustancial. Al mismo tiempo, la crisis financiera internacional desaceleró la demanda. Asia Pacífico, el primer foco de la crisis, compraba la tercera parte de la producción mundial”, aseguró el especialista a Cash.

Guillermo Moore de la Serna, consultor y ex presidente de la Junta Nacional de Granos, opina que es una crisis de oferta. “La demanda se mantuvo constante. Pero la oferta no deja de crecer, por los avances tecnológicos y porque los productores americanos y europeos tienen ganancias aseguradas mediante el sistema de subsidios”, señaló el consultor a Cash.

Las asociaciones gremiales del campo afirman que el problema no es sólo la caída de precios. “El peaje es tan caro que, en algunos casos, llega hasta el 5 por ciento del valor del producto; el gasoil sale 40 centavos contra 17 que pagan en Estados Unidos; los impuestos varían de año en año; sólo entre el gravamen a la renta presunta y a los intereses de loscréditos tendremos que pagar 420 millones de pesos más”, precisó a este suplemento Martín Levisman, titular de Coninagro.

Marcelo Muniarriaga, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas, señaló a Cash que “el Gobierno debe suspender de inmediato los nuevos impuestos e instrumentar algún tipo de subsidios para los sectores más afectados”. Además, tanto Muniarriaga como Levisman introdujeron un tema tabú para el Gobierno: “con este tipo de cambio es imposible competir”, sentenciaron.

Un informe del Instituto Americano de Cooperación para la Agricultura (IICA) abona la opinión de los productores. El IICA creó un índice que mide la relación del tipo de cambio entre el peso y una canasta de monedas de los principales países compradores de los productos agroalimentarios argentinos, ponderados por su importancia relativa. Según el informe, entre enero de 1995 y el mismo mes de 1999, el peso tuvo una apreciación del 12,5 por ciento.

Cuando el Gobierno señaló a Irán como el principal sospechoso de los atentados a la AMIA y a la embajada de Israel, el campo perdió a uno de sus principales clientes de trigo. Luego, la crisis en Rusia deterioró el mercado del gran comprador de aceite de girasol. Ahora fue Brasil. El país vecino es un gran cliente de papas, porotos, arroz, duraznos, ciruelas, algodón y trigo, entre otros productos agropecuarios. Pero, además, compite con Argentina en terceros mercados en la venta de soja y la devaluación del real le significó una ventaja difícil de descontar para los productores nacionales. El gran tema en el debate agropecuario es el rol del Estado. En Europa, los productores reciben subsidios estatales que llegan hasta el 80 por ciento del precio de los granos. Estados Unidos subsidia a los productores ante las bajas pronunciadas de precios y los incentiva constantemente con créditos con intereses subsidiados y con precios sostén. Si los granos bajan de un mínimo, pagan sus deudas con la producción a un precio pactado con anterioridad. En Canadá existen los mismos créditos y además la Junta Canadiense de Granos compra toda la producción y la comercializa en el mundo con un gran poder de negociación. En Australia, un ente mixto entre productores y el Estado compra la producción al precio promedio internacional de los últimos tres años, evitando así la volatilidad de precios que afecta negativamente el desarrollo del sector. En el país, a partir de la ley de desregulación económica promulgada en 1991, el Estado se desentendió del tema, eliminando la Junta Nacional de Granos y la de Carne. Mientras los productores cortan las rutas del interior anunciando que si el Gobierno no los ayuda el campo se muere, la exposición anual de maquinarias e insumos (ExpoChacra) se convirtió en un evento internacional con cientos de visitantes extranjeros y los principales fabricantes de maquinas (John Deere, Schiarre, Massey Ferguson) vienen a instalarse en el país. La explicación que dan los especialistas es que los subsidios de la Unión Europea y Estados Unidos, tarde o temprano, van a desaparecer o, por lo menos, disminuir fuertemente. Cuando llegue ese momento, las ventajas comparativas, climatológicas y de suelo, que tiene el país van a volver a prevalecer y a generar ganancias.

Pero los mismos especialistas aseguran que ningún proyecto a largo plazo se puede desarrollar sin una intervención del Estado que morigere la volatilidad de los precios y mejore las posibilidades de comercialización de los más de 400 mil productores (ver nota aparte). También afirman que se debe dotar al sector de estabilidad fiscal e intervenir en el saneamiento de costos distorsionados, como el del peaje y el del gasoil, presos de mercados monopólicos u oligopólicos. Pero el mismo secretario de Agricultura, Gumersindo Alonso, aseguró a Cash “que la mayoría de estos reclamos van en contra de la línea ideológica que mantiene el Gobierno”.

Rubro por rubro
Granos
Guillermo Moore de la Serna, consultor en agricultura. “La cosecha de trigo fue la que más se redujo, pasó de 15 a 10 millones de toneladas. Entre consumo doméstico y semillas se despachan 5,5 millones y otros 3 ya se exportaron. Queda 1,5 millón. En abril, cuando Brasil empiece a comprar, el precio del trigo se recuperará. El girasol no correrá la misma suerte. Fueron tantas las expectativas, que se sembró de más. Argentina produce el 50 por ciento de las exportaciones mundiales, por lo tanto forma precio. Con respecto a la soja, competimos con Brasil, que, con la devaluación del real, puede vender más barato. Va a ser difícil que se recupere este año. La producción de maíz fue altísima, pero Argentina tiene un producto tan bueno que lo vende en cualquier mercado. Seguramente, el precio subirá en los próximos meses”.
Carne
Ignacio Iriarte, consultor en ganadería. “En los últimos cinco años se perdieron 5 millones de cabezas. Pasaron de 53 a 48 millones. Los precios internacionales se redujeron en un 20 por ciento y Argentina disminuyó fuertemente sus ventas al exterior. El año pasado sólo se exportó el 13 por ciento de la producción. Las devaluaciones de los demás países fueron dejando fuera de precio a la ganadería argentina. Ahora, como casi todo se vende acá, el precio depende del mercado interno. En el último año, el precio del ganado en pie bajó un 40 por ciento, pero el del mostrador sólo bajó un 15 por ciento. La gente sigue fiel a la carne a pesar de la diferencia que se produjo con el pollo. De todas maneras, con este precio, los productores ganan plata y, como no tienen stock, no se va a producir una avalancha de ofertas que baje los precios”.
Leche
Guillermo Draletti, presidente de la Unión de Tamberos. “Los precios venían mal por la recesión interna y se terminaron de caer con la devaluación de Brasil. Nos estaban pagando 2300 dólares la tonelada de leche en polvo y ahora la quieren pagar 1600. Salir fuera del Mercosur a competir es entrar en el mundo de los subsidios. En Europa, producir una tonelada cuesta 3000 dólares y la venden a 1500. Y nos salvamos porque Brasil exigió un arancel común del 33 por ciento. Argentina había sugerido un 16. En los próximos meses el precio va a subir. Brasil siempre importa el doble de lo que le compra a Argentina. Aunque se reduzca el consumo, van a comprar lo mismo de siempre. Hay que aguantar el chubasco. Lo malo es que el que más lo sufre es el productor. Acá no se despide gente, porque la vaca no para de dar leche; se sigue produciendo igual y se bajan los precios”.
Frutas y hortalizas
Mariano Winograv, consultor frutihortícola. “El motor de la actividad en los últimos años fue el supermercadismo. Pero desde principios del año pasado, cuando las cadenas empezaron a cambiar de manos, cambiaron la estrategia. Antes desarrollaban proveedores, ahora los explotan. En este momento hay un hipermercado que está vendiendo la papa a 5 centavos y el tomate y la manzana a 10 centavos. La concentración minorista le dio al mercado forma de embudo: todos los productores tienen que venderle a 4 ó 5 grandes. A eso se suma la devaluación del real que cambió el sentido de la comercialización entre Argentina y Brasil. Antes le vendíamos nosotros, ahora le compramos. También Chile, ante el achicamiento del mercado asiático, apuntó sus cañones hacia acá. En promedio, los precios bajaron un 40 por ciento y, por ahora
Forestal
José Luis Darraiduu, director forestal. “Entre 1992 y 1998 la superficie plantada pasó de 22 a 100 mil hectáreas. La nueva ley forestal, que le asegura al sector entre 30 y 50 años de estabilidad fiscal (según la zona), y el régimen de promoción fiscal y crediticio le van a dar un nuevo impulso a la forestación. En 10 años esperamos llegar a 2 millones de hectáreas plantadas. Están dadas todas las condiciones para que vengan los inversores internacionales. La tierra vale entre 5 y 10 veces menos que en Europa. Y hay muchísima superficie apta y libre para plantar. Hay un buen nivel tecnológico y la demanda internacional es creciente. Además, el sector forestal tiene la ventaja de que sus precios son mucho menos volátiles que los de los granos”.

Crece la concentración en un sector atomizado
Tierra de muchos, explotación de pocos

Como en los demás rubros de la economía, el campo vivió un proceso de fuerte concentración económica. Según un estudio de Mora y Araujo, en los últimos cinco años el número de explotaciones agropecuarias en la región pampeana se redujo en un 31 por ciento.

Para Osvaldo Barsky, el hecho no se reflejó en una concentración territorial de igual magnitud. “Muchos pequeños y medianos productores arrendaron una parte de sus tierras para financiar la inversión necesaria para desarrollar el resto”, explicó el economista a Cash. Y agregó: “Antes eran los grandes terratenientes los que alquilaban sus tierras, ahora lo hacen los chicos, con lo que se concentra la explotación pero no la tierra. Para Barsky, los casos como el de Soros, que compró tierras en Santa Fe, o Benetton, en la Patagonia, hacen mucho ruido, pero no son significativos”.

El negocio del arrendamiento, que venía financiando a los pequeños productores, se derrumbó en los últimos meses. La caída de los precios de los granos arrastró de inmediato el valor de la renta. Horacio Madero Lanusse, presidente de la inmobiliaria Malabe Negocios Rurales, señaló a Cash que “el arrendamiento de una hectárea en una buena zona bajó de 300 pesos a 100 pesos”. En cambio, el valor de la tierra para la venta soportó mejor la crisis. “Desde principios de 1998 hubo una baja del 25 por ciento, pero veníamos de precios muy altos”, aseguró Lanusse.

Guillermo Moore de la Serna también opina que el campo sigue estando en muchas manos. “Son más de 400 mil productores, la mayoría pequeños y medianos”, remarcó a Cash. “El problema es que son muchos vendedores para cuatro o cinco grandes compradores. Al no existir un ente estatal que intervenga, aunque sea para generar algún tipo de arbitraje, los productores terminan compitiendo entre ellos y vendiendo aún más bajo que los precios internacionales”, explicó el consultor.


Opiniones sobre la situación del campo
“La crisis es coyuntural”

Gumersindo Alonso,
secretario de Agricultura

-¿Cuál va a ser la respuesta del Gobierno a los reclamos del sector agropecuario?

-Los anuncios de la semana pasada fueron muy importantes. Sólo con la devolución de los saldos de libre disponibilidad del IVA se liberaron 600 millones de pesos, bastante más que lo que se recaudará con los nuevos impuestos. Además, estamos analizando los reclamos ante los nuevos gravámenes.

-Los productores piden que el Estado intervenga para bajar costos y apoyar a los sectores más perjudicados.

-El problema es coyuntural y no se pueden tirar por la borda los lineamientos generales de la política del Gobierno que tantos frutos le dieron. Si nosotros le reclamamos a los demás países menos intervención de los estados, no podemos actuar a la inversa.

-Pero, de esa manera, el campo argentino va a estar siempre en desventaja.

-En Estados Unidos y en Europa ya no se discute si hay que eliminar o reducir los subsidios, sino cuándo y en qué medida. Entonces, si sabemos que ellos van en ese sentido, no debemos modificar nuestra actitud.

-¿Cuáles son las expectativas para los próximos años?

-Las mejores. El nuevo status sanitario de país libre de aftosa sin vacunación nos abre nuevos mercados, como el de Japón que importa un millón de toneladas al año. En granos, en cuanto los precios se recuperen, el país estará a primer nivel mundial. Vienen empresarios de todos los países a ver los avances del campo nacional en la exposición anual. A partir de ahora, comienza un fuerte crecimiento en el sector forestal, que tiene un potencial enorme. En el mundo se exportan 95 mil millones de dólares anuales en granos y 105 mil de productos forestales.

“Vienen de dos años fantásticos”

Osvaldo Barsky,
economista de FLACSO

-¿Es tan mala la situación del campo o los productores exageran?

-Es un momento difícil porque la oferta mundial superó largamente a la demanda, pero es una situación coyuntural. No hay que olvidarse que vienen de dos años fantásticos. Los precios en 1996 y 1997 fueron tan altos que la caída de hoy se torna más pronunciada. Ahora, con la crisis encima, aparecen problemas que antes pasaban desapercibidos, como el del costo argentino y la poca protección estatal que tienen los productores nacionales comparados con los subsidios que reciben los grandes competidores mundiales.

-¿No se había pactado en la ronda Uruguay del GATT que los subsidios iban a eliminarse?

-Eso fue lo que se contó acá, pero los acuerdos no eran tan así. De todas maneras, la disminución que se pactó no se cumplió. En Europa hay subsidios de hasta el 80 por ciento del valor del producto. En Alemania, el monto total de los subsidios agropecuarios es igual al producto bruto del sector. Seguramente, con los años van a ir disminuyendo, pero el Estado argentino no puede sentarse a esperar, debería involucrarse más.

-¿De qué manera?

-Acá no se puede subsidiar el campo, pero sí se puede generar, como en Australia, un ente mixto que compre la producción a un precio promedio de los últimos años. Si hoy los productores recibieran el precio promedio de 1997-98-99 estarían más que satisfechos. Además, mejoraría el poder de negociación, principalmente de los pequeños y medianos productores.

-¿Todos los sectores del campo están afectados por igual?

-La caída de los precios fue general, pero todos los productores no lo sufren por igual. Hay, aproximadamente, un 20 por ciento que alcanzó un nivel de gerenciamiento y tecnología que le permite salir airoso, aún, en esta situación. Y la diferenciación no tiene que ver con el tamaño de las explotaciones, sino con la eficiencia en la gestión.