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Greenspan define el humor de la city
En manos del tío Alan
El titular de la FED, con sus declaraciones sobre la posibilidad
de subir la tasa, marca el ritmo en el recinto. ¿Por qué los bonos subieron si los indicadores económicos de Argentina se deterioraron?
Por Claudio Zlotnik
A los financistas sólo les preocupa lo que vaya a hacer un solo hombre: Alan Greenspan. El titular de la Reserva Federal (banca central estadounidense) está preparando el terreno para retocar hacia arriba la tasa de interés de corto plazo. Cada indicio sobre sus próximos movimientos modifica, para bien o para mal, el ánimo de los operadores. En cambio, los cambios en las variables macroeconómicas argentinas logra inmutar a los inversores.
Al respecto, un claro ejemplo lo da un hecho ocurrido hace poco más de una semana, cuando Economía anunció que el cambio de metodología en la medición del Producto Bruto derivó en un empeoramiento de algunas de las variables claves. Por caso, tras la revisión, subió la relación deuda/PBI, y también aumentó el déficit de cuenta corriente en términos del Producto. En resumen, la pérdida de calidad de las cuentas involucró a todas aquellas que observan los financistas internacionales para decidir sus inversiones.
Pese a ese deterioro, ocurrió lo menos previsible. Durante la última semana subieron las paridades de los bonos, cambiando la tendencia. La lógica indicaba que debería haber ocurrido lo contrario ya que, si los indicadores son peores, entonces aumenta el riesgo argentino. En cambio, los bonos Globales avanzaron hasta 4,5 por ciento (habían retrocedido hasta 12 por ciento desde mediados de mayo) y los Brady subieron hasta 2,6 por ciento (frente a la caída de hasta 2,8 por ciento en el último mes).
El hecho constituye un paradigma de la economía globalizada. Los inversores pasaron por alto la realidad local -esto es, que los números de la economía empeoraron- y le dieron bandera verde a la información dada a conocer por el Departamento de Comercio de los Estados Unidos: que el índice de precios minorista no había registrado variación en mayo, aleja la posibilidad de que Greenspan se vea obligado a impulsar una seguidilla de incrementos en la tasa de corto. La novedad impulsó a los bonos del Tesoro estadounidense, cuya tasa bajó al 6 por ciento anual, lo que deja entrever que la FED podría contentarse sólo con una pequeña suba de la tasa. El menor rendimiento de esos títulos no hizo otra cosa que atraer flujos hacia los más rendidores bonos emergentes.
Sólo en caso de que se detectara un rebrote inflacionario, Greenspan enfriaría bruscamente la economía a través de sucesivas alzas en el costo del dinero. Y eso perjudicaría notoriamente a las economías emergentes. Un antecedente de lo que podría pasar en ese caso ya ocurrió hace cinco años. En ese entonces, la FED duplicó la tasa de corto en el lapso de un año, y el diferencial entre el rendimiento de los bonos locales y sus similares de los Estados Unidos (spread) saltó de 378 a 1088 puntos básicos. En medio de la recesión, una movida de ese tipo sería determinante para que se alejen las esperanzas de un rápido despegue de la economía.
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