Las mujeres presas en Ezeiza denunciaron las condiciones de su detención
“Todo lo que debería ayudarnos se convierte en lo contrario”
La cárcel de mujeres de Ezeiza, donde las reclusas reclaman mejores condiciones.La cárcel de mujeres de Ezeiza, donde las reclusas reclaman mejores condiciones.La cárcel de mujeres de Ezeiza, donde las reclusas reclaman mejores condiciones.La cárcel de mujeres de Ezeiza, donde las reclusas reclaman mejores condiciones.La cárcel de mujeres de Ezeiza, donde las reclusas reclaman mejores condiciones.
La cárcel de mujeres de Ezeiza, donde las reclusas reclaman mejores condiciones. 

Las mujeres que estudian dentro del penal de Ezeiza en el marco de los cursos que allí brinda la Universidad de Buenos Aires difundieron un audio para visibilizar la situación que viven allí, sin la protección de sus derechos a la educación, a la salud y al trabajo. Además denunciaron un agravante, la falta de igualdad con los varones.

En el audio difundido hoy se presentan como “estudiantes de la Universidad de Buenos Aires privadas de la libertad ambulatoria”. Las presas del Complejo Penitenciario Federal Número 4 de Ezeiza, quienes tienen diferentes costumbres, vivencias y religiones, afirman que las une "la sororidad para hacer valer nuestros derechos”.

Con la canción “Bajan” de Luis Alberto Spinetta de fondo, las mujeres denuncian que “el sistema pretende fragilizarnos” y que “en los últimos años se acrecentaron las falencias en la modalidad de detención”. “Todo lo que debería ayudarnos a integrarnos a la sociedad se convierte en todo lo contrario”, subrayan las presas expuestas a la “violencia intramuros”.

Los reclamos se concentran en “objetivos a cumplir” en materia de Salud, Educación y Trabajo. “Estos tres objetivos están relacionados unos con otros, pero se nos hace muy difícil, y en algunos casos imposible cumplirlos”. Las denunciantes recuerdan que muchas de las mujeres trabajan jornadas de ocho horas dentro del penal, cuyo producto recoge una cooperativa dependiente del Servicio Penitenciario Federal, “que se queda con las ganancias, lucrando con nuestra mano de obra barata”.

El audio destaca que el Servicio Penitenciario decidió pagar por horas trabajadas, “obviando el contrato de trabajo que firmamos al ingresar a la tarea, que se rige bajo la ley de cooperativas, que nos da libre acceso a la educación en todos los niveles, y a la salud”. Además, no se les paga salario mínimo, vital y móvil.

“En los penales de hombres, los recortes no se hacen. Ellos cobran la totalidad de las horas que les corresponden y no se les descuenta por educación y salud, ni comparencias ni visitas. Esto es un claro reflejo de la discriminación por ser mujeres”, afirman, al tiempo que denuncian que “los varones realizan las mismas tareas gozando de muchos más beneficios” y que “esto nos deja en una postura inferior a los hombres,”. "Queremos ser escuchadas y no excluidas, queremos trabajar y estudiar y para eso es fundamental que se respeten nuestros derechos”, concluyen las detenidas.

La escritora y docente Elsa Drucaroff, que da clases en el penal de Ezeiza, fue una de las tantas colegas que difundió el audio “para denunciar la situación de explotación y atentado a sus derechos elementales, a un punto en que los presos varones no conocen". "Agrego que en su mayoría están presas sin condena ni juicio, con prisiones preventivas que a menudo llevan años. No le importan a casi nadie. Visibilicemos, compartamos”, exhorta Drucaroff en su alegato.

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