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Jueves 22 de Noviembre de 2001

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BOOM BOOM KID, CANTANTE Y AGITADOR, EN BUSCA DE LA ETERNA INOCENCIA

Los niņos primero

Acaba de aparecer, por fin, su primer disco solista, con ciertas cuestiones recurrentes. Aunque ahora todo se tiņa de pop y hasta quede lugar para jugar al cantante trajeado (su alter ego Il Carlo), BBK no se baja de ninguno de sus bondis. Sigue, a toda velocidad.

POR MARIANA ENRIQUEZ

Okey Dokey es un saludo de la jerga de Estados Unidos en los años ‘50. Boom Boom Kid (a.k.a Nekro) se lo escuchó en una película a Don Johnson y no sólo le gustó como sonaba, sino que lo sedujo el significado: “quiere decir ‘está todo bien’, y es una buena introducción para contar cosas que me pasaron en la vida, algunas graciosas otras no tanto”. Con ese saludo terminó titulando su nuevo disco que acaba de editarse, después de varios anticipos con singles desde mitad de año. “Okey Dokey es una continuación de mi necesidad de comunicar cosas desde el lugar que tengo: yo hago discos y escribo, y tengo que aprovechar ese medio. Este disco se lo dedico con toda mi pasión a Simón Radowitzky, que ajustició a Ramón L. Falcón. Creo que es una etapa en la que faltan personas como Simón, como Wilckens, como Severino Di Giovanni. Necesito contar y distinguir sus acciones. Tengo esa necesidad del que lee algo que le rompe la cabeza y necesita contárselo a todo el mundo. Lamentablemente la educación siempre la manejaron los enemigos de nosotros, los que gobiernan. Mi pequeña revancha en este momento es una etapa de nutrimiento de esas personalidades fuertes, activas. Eso es también Okey Dokey, todas las cosas que te llevan a formarte y ser fuerte y tomar una posición por todo lo que está pasando, porque si no sos culpable. Este disco es una introducción y una declaración de principios”.
Pero con todo esto no hay que imaginar que Okey Dokey es un disco político, o con bajadas de línea determinantes. De hecho es mucho más sutil que The Art(e) of Romance, y eso también es buscado porque OD “puede entrar a más hogares”. Y es cierto que es mucho más accesible que cualquier cosa que Boom Boom Kid haya hecho jamás, sobre todo comparándolo con Angustia No No, el último de Fun People, poblado de hardcore rabioso. El primer disco de BBK tiene canciones como “Tomar Helado”, que recuerdan a la psicodelia acústica de Love o “I don’t mind”, una balada bien años ‘50 que parece salida de la banda de sonido de Grease. También hay hardcore melódico, y algo de new wave, pero fundamentalmente es un álbum casi pop, de melodías delicadas y estribillos instantáneos. Podría definirse como una profundización de la accesibilidad de Fun People en algunas canciones de The Art(e) of Romance o Kum Kum. Boom Boom Kid es un proyecto solista, pero la banda que lo acompaña en vivo es la misma que integra la actual formación de Fun People, después de la desintegración (Jonathan en guitarra, El Pelado en bajo, el Chelo en batería y Jorge como segunda guitarra sólo en BBKid). Pero Boom Boom Kid no tiene intenciones de ponerle punto final a Fun People. Sólo que la banda, ahora, va a cumplir un rol diferente: “Necesitamos tocar más rápido que Slayer, las versiones de las canciones son a mil por hora. Nos critican bastante, pero con Fun People queremos mantener la vieja escuela de hardcore, tocar como nuestras bandas favoritas de los ‘80. Hace un par de años podíamos ir a ver una banda que tocaba hardcore como a nosotros nos gustaba, con letras que nos identificaban. Ahora no tenemos una banda así, entonces la creamos nosotros mismos. Por eso sigue estando vigente Fun People como banda hardcore. Ese fue además el espíritu con el que empezó la banda”.
–Okey Dokey es un disco muy optimista, pero con mucha furia...
–Es muy pilas, tiene buen humor. Cuando lo toco, son canciones que me levantan, y necesitaba eso, porque son cosas que me canto a mí mismo, todas esas cosas están adentro mío. Estoy desanimado porque a medida que uno va creciendo se da cuenta de que en muchos sentidos las cosas siguen igual o peor. La Justicia está siempre del lado de los mismos y no hay esperanzas ahí. No puedo dejar de volver a hablar de Severino. La policía está para cuidar la plata de los ricos y los intereses de los enemigos del pueblo. Sobre eso hay que tomar una reacción inmediata: educarte, leer, ser fuerte, comer bien, juntar fuerza y explotar en algún momento. Esto es un pequeño preámbulo al desarrollo de este Boom Boom Kid que es un endless kinder, un niño sin fin. Por eso titulé una canción así. Hay algunas personas que niños adultos rechazando lo que hace de la adultez una cosaterca, o afrontando la realidad y gritándole con furia. Yo pienso a la adultez como el momento en que te volvés conservador. Ataco eso con el disco, por eso tiene un montón de furia.
–También volvés a algunas cosas de la adolescencia, en “Veinte años”, por ejemplo...
–A esa canción le iba a poner el nombre del barrio donde me crié. Si bien yo a los 20 era un chico punk o heavy, nunca me vestí como los demás. En vez de comprarme una remera en una galería me ponía cosas de colores que encontraba en casas de amigos, ropa de mujer, a mí no me interesaba lo que pensaran. Me vestía de una manera que chocaba. A mí me daba miedo crecer y ser como la gente que me señalaba, me torturaba con eso. Los vecinos me tenían miedo, creían que les iba a robar o pervertir sus hijos, para ellos era un problema. Y yo lo único que quería era huir de ahí. Tenía una muy buena máquina de escribir y buenos discos y eso me mantuvo. También los amigos que me apoyaron, con eso pude tener mi globo rojo que me llevaba y me transportaba a otro lugar. Tenía que hablar de ese momento de la vida en el que tenés que soportar para no ser como ellos, como los prejuiciosos. Todavía lo estoy intentando: es de nunca acabar.
–En ese momento e incluso ahora, da la impresión de que usaste la música como una terapia médica. Ese es otro de los temas recurrentes en Okey Dokey.
–Sí, hasta hay una canción que se llama “Medicina música es”. Habla de usar la música para curarte. Brian Wilson decía que hay que mantener la sonrisa, porque cada sonrisa que das siempre vuelve. El álbum tiene momentos que son oscuros pero del que salen cosas brillantes. Trato de hacer así las cosas: cuando más negatividad me rodea, más positivo soy, desde muy chico. Yo no me considero una persona muy divertida o muy pachanguera, sin embargo necesitaba identificarme con algo como Fun People, gente divertida, ser una persona interiormente feliz, e intentar transmitir eso. Se trata de intentar estar bien pero sin negar que las cosas están mal. Si reivindico a Severino es para encontrarme con pares, ver si a alguien le pueden interesar las mismas cosas que a mí. Yo, claro, todavía no estoy preparado para llegar a ese estado, pero no todo está perdido. Hay un montón de ejemplos de gente que hizo cosas en situaciones más negras que las que estamos viviendo ahora. Tampoco me interesa el proselitismo en la música, tomar causas así porque sí, mezclando todo y que sea un mensaje vacío. La canción “Tiki Tak Fire” es para Marc Bolan, una de las personalidades en las que me apoyo. Electric Warrior es uno de esos discos que estás para atrás y los ponés y te hacen mejor que 200 píldoras. Es una inyección increíble. Y también trato de compartir cosas que me hacen bien. En “Pei Pa Koa”, por ejemplo. Es un jarabe que uso hace un montón de años, que descubrí en Brasil durante una gira de Fun People en la que estaba hecho mierda, filtrado. Es un té chino de hierbas milenario, con sabor a zarzaparrilla. Riquísimo. Lo tomás en té y te hace bien a la garganta. Sirve también para mantener tu voz bien, para sacarte la resaca de un día para otro, y te mantiene sana la piel. Se consigue en cualquier barrio chino. No quiero guardarme mis secretos: quiero compartirlos.
–Otro tema que aparece seguido es tu reacción ante la represión.
–Sí. Estaba muy preocupado por las represiones cuando escribí las canciones. Es el gran problema: no lo podemos evitar porque todo el tiempo se vive reprimido, desde niño hasta adulto. Yo creo que a pesar de todas las prohibiciones que nos ponen puede haber un cambio, la respuesta está adentro de nosotros. Hay cosas que tenés que dejar que son superficiales, que no interesan. La crítica a la represión aparece por ejemplo en “Tomar helado”, que es sobre situaciones que me ha tocado vivir cuando iba al jardín. Habla de las represiones sexuales que tienen los mayores con los menores, de la lamentable falta de educación sexual en la casa y el colegio. Mi mamá es maestra en la provincia. Yo fui al jardín a comienzos de los ‘80, y me reprimieron una acción tan bonita como un beso con unachica. Mi mamá tiene cuarto grado: hace poco una nena quería saber sobre sexo. Ella le llevó un artículo de un diario y lo leyó en la clase. A algunos de los padres los afectó y le bajaron el sueldo y la suspendieron por un tiempo. Fue retrógrado y espantoso. Y en canciones como “Let Me Go” hablo de soltarse, de dejarse llevar y hacer lo que queramos, es un grito a la búsqueda de espacio.
–Hay un segundo disco en la edición, firmado por Il Carlo. ¿Es tu alter ego?
–Okey Dokey es un disco doble porque mandamos un cd con tres temas de este personaje. Il Carlo es eso, una caracterización, aparece con traje en algunos shows de Boom Boom y acompañado de Los Panchos, que es la banda alterna. Nos reímos de nosotros mismos parodiando y creamos una fantasía onda Rat-Pack. Cuando estamos en el backstage jugamos a la mafia: somos Dean Martin, Joe Bishop, Sammy Davis Jr. y Sinatra. Yo soy Sammy. Es un poco jugar a hacerse el crooner, el cantante con su orquesta, con más que músicos, forajidos. Hacemos canciones de Aznavour y demás. En el disco hice una selección de canciones: elegí una de Dave Clark Five, una banda que no es muy conocida dentro de la invasión británica, y tenía la desventaja de ser el grupo de un solista en una época de bandas. El otro tema es de Phil Spector, una canción de las Ronettes increíble que yo destruí. Y la última es “Moon River” de Henry Mancini. Quería dar a conocer ese tipo de canciones que yo escucho y me encantan y tienen que ver con mi pasión por Truman Capote: en la película Desayuno en Tiffany’s Audrey Hepburn toca “Moon River” y la tuve que grabar.
–¿Te da miedo convertirte en un una especie de vocero de los chicos que te siguen, en alguien indiscutible?
–Okey Dokey está compuesto de mis flashes, de mi cosas. Si te hace bien fantástico, si te sirve, buenísimo. Yo no digo que sea la verdad. Sí quiero afectar haciendo chispa, buscando una reacción. Pero no creo que sea una biblia, ni pretendo que lo sea. Eso es peligroso y no me gusta. No quiero lavarme las manos de lo que digo, pero quiero que cada uno haga su propia interpretación. De la misma manera que yo interpreto y uso las cosas que me interesan y me hacen bien.