Colectivo Olla Votiva
Guillermo LemoGuillermo LemoGuillermo LemoGuillermo LemoGuillermo Lemo
Guillermo Lemo 
Imagen: Guillermo Lemo

Los vecinos lo trataban de misterioso y en la familia decían que mi abuelo nunca había regresado de exilio,  que se le había vuelto un vicio la clandestinidad. Por más que viviera en el mismo barrio que lo había visto nacer, caminara por las mismas veredas donde había jugado a las figuritas y doblara en la esquina donde había besado a una chica por primera vez. El territorio/tiempo de los sueños sanos nunca se abandona.

Además de la paz sostenida por los gatos y los pájaros, en su taller vivían muchos secretos. Uno de ellos era el sótano disimulado, nunca me contó si ya estaba cuando heredó la carbonería del Nono Gaitano, mi bisabuelo materno que había sido siciliano, carbonario y masón. O si lo habían construido con sus compañeros de militancia juvenil para hacer alguna "cárcel del pueblo". Mi abuelo era alto, sobresalía en la vereda  de Balcarce y Córdoba cuando me iba a buscar a la salida del Normal. Me saludaba acariciándome la cabeza, los pasos nos llevaban por Córdoba hacia el bulevar y, después de preguntarme cómo me había ido esa tarde, empezaba a contarme alguna historia despreciando límites entre imaginación y realidad.

Esa vez ya íbamos por el cantero de Oroño cuando me empezó a contar que una vez había estado en una cárcel. Cuando le pregunté por qué lo habían llevado preso me contestó: -Porque era un invierno que nevaba, hacía mucho frío, la lucidez de los burgueses pequeños había puesto un idiota en el poder y mucha gente vivía en la calle, se moría congelada. Y para darles algo de comida y abrigo, quisimos hacer una olla popular usando la "Llama votiva" del Monumento.

Mi abuelo nunca mentía. Me vio el desconcierto en la cara y me afirmó que era verdad, que había nevado en dos veces en Rosario. Y que durante la última  nevada, con algunos amigos se les ocurrió aprovechar el fuego de la "Llama votiva" para hacer una "olla popular. ¿Cuánto gas se había gastado para mantenerla encendida desde 1957? ¿Tenía sentido ese desperdicio de energía mientras la gente se moría de hambre y congelada de frío? Primero consiguieron algunas bolsas de dormir y llevaron a pernoctar allí a algunas personas en situación de calle. Así se fue formando el grupo colectivo de "Olla Votiva". Después de algunas discusiones con los gendarmes encargados de la custodia, se comprometieron a  mantener la limpieza y el orden del lugar entonces "patrio", unas veinte personas consiguieron mantener algo de salud en medio de uno de los inviernos más duros a causa del cambio climático provocado por la impotencia de creación política emancipatoria y la agonía del capitalismo. El problema surgía al amanecer, cuando el sol se insinuaba sobre el horizonte de las islas y todos tenían ganas de tomarse unos mates. ¿Dónde calentar el agua? Los gendarmes eran muy celosos de su trabajo, pero siempre se conseguía algo para distraerlos, todo se aprovechaba para poner a calentar sobre las llamas patrióticas un termo de acero inoxidable con un pedazo de caño que llevaba en un extremo las agarraderas de un andamio. Los mismos gendarmes disfrutaban los mates posteriores, creo que se hacían los distraídos; no se podían quejar, el agua se calentaba en pocos minutos, no se alteraba el orden ni la limpieza.

Si hay espectáculo/relato, es difícil mantener la creación lejos del mercado.

Mi abuelo decía que con la "Olla Votiva", todo se les fue de las manos, fue un acontecimiento que no llegaron a manejar. Cada noche iba más gente a dormir y cada día se donaban más bolsones de comida y aparecían nuevos voluntarios. Nunca se supo si alguien sacó una foto y la subió a la redes supuestamente sociales, si un periodista gastronómico hizo algún comentario sobre el menú popular o la cantidad de comensales que degustaban sus necesidades mínimas en las escalinatas de mármol, si algún resentido infiltrado aprovechó la ocasión para escribir una columna en el decano denunciado el atropello a los símbolos patrios. Algunos inescrupulosos no se iban durante el día, se quedaban cerca de la llama y al atardecer "vendían" el lugar y con ese dinero se iban a dormir a un hostel, a una habitación con baño privado y calefacción.

El asunto fue que una noche la "Llama votiva" del Propileo se apagó y todos salieron corriendo. Nunca se supo si fue porque la cuenta de gas del Monumento tenía tres boletas vencidas por los aumentos mal justificados por la "herencia recibida" o por una maniobra de algunos PCI cesanteados. Todos salieron corriendo menos mi abuelo y un correntino que no encontraba la traducción de propileo en guaraní. Se quedaron a limpiar en la oscuridad. Cuando estaban tirando la última bolsa de basura, llegó un móvil Robocop y los llevaron presos.

 

 

 

 

 

 

 

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