“Estoy tratando de hacerlo de la forma más divertida y plena”, comenta Acru, que podría estar hablando de su trabajo como MC y compositor, pero en este caso se refiere a la charla con el NO. Golpeado por la gripe y los viajes, su concepto es que el valor de la palabra no se pierde, aunque la condición no sea la mejor. De la misma manera encara lo que queda del #AnónimoTour, que armó para difundir su disco #Anonimato, publicado el año pasado, y que promete llevarlo en poco más hacia Córdoba, con otro retorno a Buenos Aires y un cierre de gira en Barcelona, en menos de un mes.

En realidad, Agustín Cruz ya recorrió parte del país con su música, que también lo acercó a Colombia, Paraguay y Uruguay. Como tantos de su generación, apenas pasa la barrera de los 20 años y hace menos de 10 que encontró su camino artístico en la senda de la rima, con la edición de dos discos de larga duración de por medio (El origen, en 2017, y #Anonimato, en 2018). Y, al igual que muchos colegas, enriqueció su arsenal lírico tras pasar por El Quinto Escalón, la legendaria competencia de batallas de freestyle de Parque Rivadavia, que involucró a tantos referentes actuales del rap y del trap.

“Veo a El Quinto Escalón como la culminación de una etapa y el principio de otra”, define Acru. “Durante mucho tiempo, los pibes viajábamos plaza por plaza, compitiendo y pasándonos data de dónde había otras competencias. El Quinto Escalón empezó a ser el evento por el que sí o sí teníamos que pasar. Fue una gran puerta para el movimiento del hip-hop argentino, y el principio para una nueva generación de artistas urbanos que empezaron a generar su música por fuera de la competencia.”

 

 

Firme junto a la cultura hip-hop, Acru integra un movimiento que avanza en gran parte de Latinoamérica y que lo tiene como referente en la Argentina, al igual que a otros de su camada como Wos o Ca7riel. Para él, esa explosión, que le permite seguir incrementando las reproducciones y llegar a sitios inesperados, es el resultado de un nuevo paradigma. “Hay un cambio de ideas en la música urbana. Veníamos de canciones que sólo hablaban de calle, ropa y denigraban permanente a la mujer. Por un ritmo bailable y pegadizo se hacía lo que fuera. Ahora la gente está volviendo a parar un poco la pelota y decir: ‘Necesito esta data’. La vara sigue subiendo, porque en un montón de plazas y barrios, los pibes y pibas están rapeando, lo que obliga a los artistas a potenciarse y trabajar más, para poder ocupar el lugar que tienen que ocupar.”

Participaste de El Quinto Escalón, pero no de otro tipo de competencias. ¿Qué te sedujo de una y no te atrajo de las otras?

--Los organizadores y la gente que pasó por El Quinto Escalón le pusieron mucho, no es que apareció una marca y armó una competencia. Eran pibes como nosotros que fueron armando una movida gigante de boca en boca, sólo por el hecho de hacerlo. El concepto era: “Guacho, vamos a competir para subir el nivel, rapear uno al lado del otro y ver qué es lo mejor que cada uno puede dar”. El prestigio lo daba el avance artístico, no había dinero ni marcas de por medio, sólo el simbolismo de ir a la plaza y ganar un evento de 400 competidores. Los demás torneos son más cortos, suelen ser 16 competidores sin clasificatorias abiertas; en El Quinto Escalón quizá tenías ocho rondas de clasificación para acceder al torneo, lo que permitía que, si eras de otra ciudad o no tenías renombre, pudieras participar igual.

Muchos siguieron en el rap, pero otros se fueron hacia el trap. ¿Por qué vos te quedaste, y por qué creés que tantos se fueron?

--Creo que el trap atrae porque es un ritmo más bailable, más de club, mientras que en el rap se trata de escuchar más las palabras. El trap tiene ritmos buenísimos, puede haber un gran beat y una excelente producción, pero al rapero siempre se le exige que tenga el virtuosismo técnico de la palabra. A mí eso me llama y me encanta. Si yo me parase en un ritmo de trap, igual estaría haciendo rap, porque mi estética, mi concepto e ideología musical están marcadas por eso de tratar de tener la mejor fusión, como si fuese un mandala. Para hacer trap tenés que estar en la cultura trap y atravesar sus propios conceptos. Yo no hablo ni de drogas ni de marcas ni de collares.

Este año, el rapero publicó el single Abril, producto de un ensamble con el septeto de funk-jazz Miguel Groove, y los coros de Rafael Rodríguez. “Sucedió porque #Anonimato es un disco súper oscuro y lúgubre, que me obligó a sumergirme en esa estética. Después vino la necesidad de romper e ir hacia algo nuevo, permitirme usar otros colores. Siempre voy a estar rapeando, lo importante es tener la mayor cantidad de colores posibles”, desanda el MC, que en esa canción sentencia: “Me paseé por géneros desde una hoja/ me alcanzó para versos en vez de alhajas/ desde donde venimos no queda otra/ sigo siendo el mismo wacho que bailaba rock en patas”.

Más allá de lo que muestra Abril, en tus discos el beat tiende a tener algo más rockero. ¿Cuáles fueron tus influencias musicales por fuera del rap?

--El rock fue una, sin dudas. La persona que me estimuló artísticamente desde chico fue mi papá, que era artista, y en casa sonaba mucho rock, también jazz y folclore. Es la primera música que recuerdo, lo que sonaba en casa, cuando yo ni siquiera sabía qué era lo que me gustaba. Eso dejó una semilla: desde Zeppelin hasta Mercedes Sosa, pasando por James Brown y los Redondos. Después me fui encontrando con las rimas.

 

 

Usás muchas analogías futboleras. De hecho, Román, inspirada en Riquelme, es la más escuchada de tus canciones. ¿Qué contactos encontrás entre el camino del rapero y el del futbolista, o el del seguidor del fútbol?

--El rapero siempre tiene que estar sorprendiendo al público y a sí mismo. Hay palabras que ya rimó que tal vez no debe volver a rimar. Tiene que ganar palabras nuevas y desbloquear nuevas formas de fusionarlas. Para el deportista es lo mismo. Se sabe que Messi va a enganchar para el medio, por eso tiene que perfeccionarlo, hacerlo en los entrenamientos 400 veces para que el tiro vaya adonde tiene que ir. Hoy quizás no tenga la magia para ponerla en el ángulo, pero me levanto igual a entrenar, porque tengo que jugar o tocar el fin de semana. Por otro lado, acá en Argentina el público de rap tiene algo pasional y muy de cancha: saltan, gritan, transpiran, lloran, bailan, se emocionan, putean, se vuelven a casa con hambre... todo eso se vive en un concierto.

* Acru hará pasar su #AnónimoTour mañana, viernes 28/6, a las 20.30 en Niceto Club, Niceto Vega 5510.